Ayuso ya tiene su Piramidón, que es como llamaban en Madrid al hospital Ramón y Cajal, emergido como de la cantera de un faraón, enorme y enterizo, entre la ciencia y la magia. Aquello fue muy criticado por grande, caro, raro y lejano, pero luego allí se hicieron vanguardia, investigación y hasta milagros de santo que no era santo, sino el cabezón de Ramón y Cajal que llenaba todo el jardín o todo el horizonte como si el cielo sólo fuera una moneda. El hospital de Ayuso se diría que también se ha levantado para la posteridad, y lo que parece ahora es un piso piloto al que sólo van enfermos y médicos invitados o futuros, como matrimonios invitados o futuros.

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