Ahora que recibimos al fin la primera vacuna, el Gobierno Central, la Generalitat de Catalunya y la Comunidad de Madrid se afanan en ponerle etiquetas y pegatinas para que parezca suyo el mérito y no de la Unión Europea, la misma que desapareció durante meses cuando moríamos a razón de mil enfermos diarios y ahora, diez meses más tarde, se erige como nuestra salvadora.  

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