Si algún día llega la verdadera normalidad, no nos lo vamos a creer. Soportar un temporal helado en plena capital mientras las cifras de contagios se disparan puede muy bien entenderse como «presión añadida» a la que ya teníamos. Mientras retiro la nieve del techo de mi coche y hasta de los árboles colindantes me puse a recordar uno de los mejores temas musicales de los años 80. Una muy digna composición cantada por las voces de dos seres que no han tenido que soportar ninguna de las presiones actuales, más que nada porque ya no están en este ahora extraño mundo de los vivos.

Under pressure es un tema con subidas y bajadas, que te menea en lo auditivo porque así lo quisieron sus genios creadores. Se oyen chasquidos, susurros, y en un viaje repentino, la voz de Freddie Mercury irrumpe, como siempre, en una cascada de certezas que llegan casi al grito. Pero entonado, muy bien entonado. Mientras, el Duque Blanco, Bowie, se pone en el contrapunto asalvajado de la armonía singular que solamente tienen sus canciones.

Vamos con la Historia, que tratándose de estos nombres, seguro que tiene miga. Y también tuvo sus copos de nieve, que tampoco faltan en Suiza, el país que vió nacer este buen pedazo de legado musical. Lo que daríamos cualquiera de nosotros por colarnos en el paritorio que supuso aquella jam session de Bowie con Queen, en el estudio que estos últimos tenían en Montreux. Podemos dejar volar la imaginación, que seguro que nos quedamos cortos. Partiendo de un tema del grupo de Freddie llamado Feel Like, el ritmo empezó a fluir. Y para rematar, apareció milagrosamente la «mejor línea de bajo del pop mundial», según los expertos. La autoría de esa parte no está clara y se pasan la pelota del mérito unos a otros según qué entrevista se lea, pero su inspiración parece estar en el tercer movimiento de la primera sinfonía del finlandés Jean Sibelius. Nada menos.

Como tantas y tantas partes de la historia musical, si buscamos el auténtico origen de esa sesión que hizo posible el milagro, no hace falta salirnos del país alpino. La encontraremos en un centro de desintoxicación de drogas. Ahí se encuentran y charlan hasta la amistad un talentoso músico llamado Roger Taylor y el camaleón Bowie. «Te tengo que presentar a Freddie», fue la frase que seguramente ninguno de los dos sabía que acabaría en temazo.

En el mensaje de la letra podemos escuchar hablar de tiempos difíciles, de gente por las calles sufriendo las enormes presiones de los mundos modernos. Que nos lo cuenten ahora. Y con momentos como cuando escuchamos «la locura se ríe bajo presión, nos estamos rompiendo».

En el videoclip oficial, no vemos ni a Queen ni a David Bowie. No fue por ninguna intención artística, es que sencillamente estaban con sus respectivas giras. David Mallet, el director, supo hacer un montaje que ha sido catalogado en alguna publicación como de los mejores de todos los tiempos. La extraña química de ese ritmo y melodía con las alocadas imágenes de trenes llenos, disturbios y explosiones termina de conectar con toda la presión y frustración del mundo gracias a que se añadió metraje de películas de los años 20 como Nosferatu, o Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Y siempre expresando esa curiosa dualidad que precisamente vivimos ahora de estar bajo presión pero conservando todas las ganas de vivir.

Bueno, y para acabar, está el curioso dato de que un tal ‘helado de vainilla’ (Vanilla Ice) tuvo la genial idea de ponerse a rapear sobre la famosa línea de bajo de este gran tema. Así cualquiera. Y para colmo, el tema se llamaba Ice, Ice, Baby. ¿Hielo, hielo, cariño? No, gracias. Tenemos de sobra.