Todavía no he escuchado una teoría convincente sobre a quién votaría Zidane en España. Lo único que sabemos es que al francés le ha librado de más debate sobre su futuro una baja por coronavirus, por lo que se convierte en el protegido más mediático hasta la fecha por el escudo social de Pablo Iglesias. Sus ruedas de prensa tienen un cierto aroma ministerial. Después de caer frente al Alcoyano vino a decir que por lo menos lo habían intentado, que es algo perfectamente homologable a cualquier respuesta de Salvador Illa sobre su gestión de la pandemia.

El tema es que David Bettoni apareció para dirigir al equipo en Vitoria con la sensación de que el banquillo del Real Madrid es como el ministerio de Sanidad y no importa demasiado quién lo comande. Las competencias parecen descentralizadas en los futbolistas, que se pusieron manos a la obra para salvar la cabeza de El Ausente que les miraba por televisión.

Bettoni se pasó la previa autodisculpándose y subrayando que las decisiones las toma Zidane. Así que suponemos que fue Zidane quien pegó el telefonazo para sacar a Vinicius en el minuto 62, poco después de que el Alavés acortara distancias en un partido plácido. Aquello pareció lo más cercano a una reacción de entrenador que hemos visto en mucho tiempo, así que cabe constatar algunas cosas.

Sería absurdo sacar demasiadas conclusiones, porque si algo ha demostrado el Real Madrid recientemente es que estas duran menos que la evidencia científica en la pandemia»

La principal es que los partidos se ven mejor con distancia. El año de la Liga de Schuster yo iba al Bernabéu con asientos en el cuarto anfiteatro del fondo sur, que sentía como muy mejorables porque nunca había estado en otros. Con los años he confirmado que nunca he vuelto a ver fútbol en directo con más claridad que entonces, excepto cuando juego al Football Manager. Cada vez que un comentarista se queja de estar en el gallinero, me molesta porque me da envidia, y automáticamente pienso que ojalá Zidane pudiera seguir el partido con esa perspectiva de Dios omnipotente y no con engañosos ojos de linier a pie de campo. El sábado se acercó un poco a eso, punto positivo.

Si el Real Madrid fuese un club moderno habría montado un stream en Twitch o en Real Madrid Televisión con el míster reaccionando en directo al partido. De lo contrario quedan demasiadas dudas: ¿iba en traje, camisa, chándal o pijama? ¿bebió agua o algún refrigerio? ¿vio el partido con o sin volumen? ¿con o sin comentaristas? Todo es importante para descifrar el proceso mental que lleva al cambio del minuto 60, tan atípico.

Lo cierto es que Zidane hizo los cambios más tempranos en el partido que menos los necesitaba, porque el Real Madrid no encontró ninguna oposición en el Alavés y porque la aportación de Hazard superó con creces a la de Vini Jr. «Es más fácil cuando el rival no se encierra atrás», analizó Benzema tras el partido, aunque le faltó añadir que es más fácil todavía cuando además tampoco te encierra a ti y, en resumen, juega mal en las dos áreas. Mucho más fácil. La declaración perezosa no afeará sus dos golazos de catálogo y chistera.

Sería absurdo sacar demasiadas conclusiones, porque si algo ha demostrado el Real Madrid recientemente es que estas duran menos que la evidencia científica en la pandemia. Cada victoria blanca da alas a que un pequeño Pedro Sánchez brote en Valdebebas y diga aquello del presidente el pasado 5 de julio: «Hemos derrotado al virus y controlado la pandemia». El sábado, tras el 1-4, alguno ya soñaba con La 14ª.