En el momento presente, he de confesar que son muchas más mis dudas que mis certidumbres acerca del futuro inmediato de España y de su estabilidad política, económica, social e institucional. Dicho lo cual, estas últimas, las certidumbres, las tengo cada vez más claras. Creo que es necesario un proyecto político claramente articulado; lo que los pensadores clásicos, desde la mejor tradición regeneracionistahasta nuestros días, llamaron «una idea de España»… y creo además que lo es con urgencia. El auge de los populismos, catalizado por el drama sanitario y económico que ha supuesto la pandemia, no permite perder ya ni un solo minuto.

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