En la Nicaragua de la revolución sandinista que enamoró a poetas y escritores, los sueños se han convertido en pesadillas. Sin embargo, el país “tan violentamente dulce” de Julio Cortázar aún puede mirar con esperanza las elecciones previstas para el 7 de noviembre de 2021. 

La UE tiene que estar con el pueblo nicaragüense para que esa fecha se convierta en una oportunidad para la democracia, frente a cualquier posible fraude que pueda fraguarse en los recovecos del oficialismo.

Lo asegura una mujer valiente: Dora María Téllez, la Comandante Dos, que peleó contra el dictador Somoza, fue ministra de Sanidad y ahora lucha contra el dictador Daniel Ortega, su antiguo compañero de armas. El régimen de Ortega, nos ha dicho Dora María Téllez, «no entiende con palabras dulces, entiende con mensajes contundentes».

Daniel Ortega, en el poder desde hace más de 14 años, ha respondido con arbitrariedad y autoritarismo a la profunda crisis social, política y económica que sufre Nicaragua desde abril de 2018, cuando se desencadenó la represión policial y paramilitar contra las manifestaciones que reclamaban su salida del poder y la de su mujer y vicepresidenta, Rosario Murillo

Este 2021 soporta aún el peso de la impunidad de todas las violencias que acabaron con la vida de más de 300 personas

Este 2021, que marca el tercer aniversario de la Revolución de Abril que llenó a Nicaragua de esperanza, soporta aún el peso de la impunidad de todas las violencias que acabaron con la vida de más de 300 personas e hirieron a más de 2.000, con ejecuciones extrajudiciales y desapariciones y torturas, con cientos de nicaragüenses en el exilio.  

En el marco de mi trabajo en el Parlamento europeo hablo a menudo con muchos nicaragüenses que se acercan a contarnos la realidad que vive el país. Para ellos, hablar de esa realidad es un acto de coraje y valentía. La mínima expresión de disidencia es objeto de ataque, con la traición a la patria como cargo.

La pandemia de la Covid-19, cuando ponerse mascarilla llegó a ser un acto casi subversivo ante el negacionismo de las autoridades, fue un doloroso ejemplo de cómo la disidencia no es sólo política o ideológica. La fractura es ya social, causada el patrimonialismo de un régimen que traicionó los principios que proclama.

La represión ha aumentado en los últimos años, en los últimos meses. Se han incrementado las restricciones de forma progresiva a través de leyes y reformas incompatibles con las obligaciones internacionales y que alejan a Nicaragua de la democracia. Así lo denuncia el demoledor informe de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, y la resolución que se votará próximamente en el marco del 43º periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

El mensaje de la comunidad internacional es unánime y claro: no pueden aceptarse unos resultados electorales si el proceso no es limpio y democrático, si la oposición no puede organizarse y expresarse, si no se libera a los presos políticos y se permite la vuelta de los exiliados, si no se restablecen las libertades. 

Acabo de proponer al Alto Representante de la UE que redoble los esfuerzos para un diálogo constructivo, basado en avances claros y medibles

Ortega anunció hace tres semanas su voluntad de «dialogar» con la UE sobre las sanciones. El diálogo, siempre necesario, se puede quedar fácilmente en una mera declaración. Por eso acabo de proponer a Josep Borrell, Alto Representante para Política Exterior de la UE, que redoble los esfuerzos por un diálogo constructivo basado en avances claros y medibles, en línea con la hoja de ruta que incluye los compromisos y recomendaciones del Consejo y del Parlamento europeos, la OEA y la ONU para la democratización de Nicaragua.

Nuestros servicios diplomáticos deben establecer un calendario de control, con indicadores que aseguren una potencial misión observadora en las elecciones del 7 de noviembre.

Debemos estar al lado del pueblo de Nicaragua, presionando política y diplomáticamente, pero también haciendo uso de las herramientas adicionales de las que disponemos: las sanciones. El Consejo Europeo aplicó en mayo de 2020 sanciones individuales a seis altos funcionarios del régimen por violaciones de derechos humanos, y presiona para abrir un proceso de reformas que permitan superar el callejón sin salida en el que se encuentra el país. 

La OEA estableció el mes de mayo como límite para la aplicación de los compromisos democratizadores. Por ahora, no hay razones para el optimismo. Se agota el tiempo y el Gobierno de Managua sigue estando más cerca del fraude en marcha que de la oportunidad para la democracia. No obstante, frente a la injerencia y la agresividad con la que la pareja presidencial califica a la UE, decimos: aún estamos a tiempo.

La hoja de ruta es muy clara. Pasa por el diálogo y el compromiso con las reformas necesarias. Europa nunca blanqueará unas elecciones no democráticas. 


Soraya Rodríguez es eurodiputada en la delegación de Ciudadanos del Parlamento europeo