El expediente de expulsión de Leguina podría convertirse en el juicio al PSOE actual, al sanchismo, un juicio público a un partido que hace juicios militares a sus viejas glorias o carracas por ir de rebeldes en vez de ir de pesca. Leguina quiere que ante el tribunal de honor, con juez o inquisidor puesto por la parte, testifiquen o desfilen, como húsares, González, Guerra, Almunia, Borrell, Zapatero y hasta el propio Sánchez. Yo creo que el juicio a Sánchez ya se lo empieza a hacer el electorado, pero llevar el espectáculo de la contradicción sanchista a un escenario formal, obligar al sanchismo a dar un veredicto sobre sí mismo en un ambiente de ejemplaridad y tongo le perjudica más al presidente que a Leguina. Leguina era ya hace 20 años un «viejo coche usado», según Umbral. Pero Sánchez justo empieza a caer desde su cima, desde su Moncloa picada de moscas de Miró, donde da entrevistas partidistas que le cuestan multas gustosas, como un cayetano de botellón piscinero. 

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