El año 2021, más allá de la pandemia, finalizará marcado por el significativo repunte del nivel de precios mundial por encima de las proyecciones de los principales organismos internacionales y de los bancos centrales. De esta forma, la inflación se ha erigido como unos de los factores que determinarán el dinamismo del crecimiento en 2022 por sus implicaciones en la política monetaria, en las condiciones financieras y en el sentimiento económico del sector privado. 

En la actual coyuntura, el fuerte incremento de la demanda de bienes y la persistencia de los shocks de oferta han situado la inflación en las economías avanzadas en sus mayores registros desde la década de los 90. Los cuellos de botella, el incremento de los costes del transporte y de las materias primas básicas y la crisis energética han provocado una revisión al alza de las perspectivas del nivel de precios, condicionando la estrategia de los bancos centrales. Todo ello unido a sus implicaciones sobre los resultados empresariales y la renta disponible de los hogares.

En este sentido, según la lectura preliminar de Eurostat, la inflación en la Eurozona aceleró nuevamente su senda al alza en noviembre hasta un 4,9% anual, superando en 0,8 puntos porcentuales su registro del mes anterior y alcanzando su mayor nivel histórico. Entre sus componentes destacó el fuerte aumento del precio de la energía de un 27,4% anual, seguido del incremento del coste de los servicios (2,7%), de los bienes no industriales (2,4%) y de los alimentos, alcohol y tabaco (2,2%).

Todo ello en un contexto en el que la OCDE proyecta que la inflación continúe mostrando la actual tendencia hasta finales de este año, estimando que 1,5 puntos porcentuales del incremento de los precios actual se explique por los desequilibrios de oferta que presenta la economía mundial. De ahí, que proyecte que 2022 sea un año de inflexión en el que se observe una progresiva moderación del avance de los precios, aunque se mantendrán por encima de sus niveles prepandemia

Entre las principales economías avanzadas, el organismo internacional prevé que la inflación en Estados Unidos alcance un 2,5% anual a finales de 2023, 1,0 puntos porcentuales superior a su registro en último trimestre de 2019. Una moderación que podría producirse en un escenario en el que la Reserva Federal realice hasta tres subidas de los tipos de interés oficiales a lo largo del próximo año a partir de 2T, especialmente tras las declaraciones del presidente de la Fed sobre el riesgo de unos elevados niveles de precios más persistentes en EEUU.

En el caso de la Eurozona el crecimiento del nivel de precios se situaría en un 1,8% anual a finales de 2023, tras alcanzar su máximo de un 5,7% anual entre los meses de enero y marzo del próximo año. Todo ello en un entorno en el que el Banco Central Europeo, a pesar de la retirada de sus estímulos monetarios, podría posponer la primera subida de tipos al encontrarse la economía de la zona monetaria europea en una fase más retrasada de la recuperación respecto a EEUU, cuyo PIB se sitúa un 1,4% por encima de sus registros de finales de 2019.

Esta circunstancia podría lastrar la positiva evolución de nuestro sector exterior»

Unas previsiones que se conocen en un contexto en el que la inflación en España ha acelerado su senda al alza hasta situarse en 5,6% anual en noviembre, su mayor registro en 29 años. Un hecho que, ante la revisión a la baja del crecimiento de nuestra economía este año a un 4,5% anual, añade nuevas incertidumbres a las expectativas de avance del PIB en 2022. En este sentido, la OCDE estima que la inflación de la economía española se situará en el conjunto del año que viene en un 3,2% anual, superando la de los principales Estados miembros de la zona monetaria europea: Alemania (2,8%), Francia (2,3%) e Italia (2,2%). Esta circunstancia podría lastrar la positiva evolución de nuestro sector exterior que se está erigiendo en uno de los principales motores de la recuperación económica de nuestro país, como ya ocurrió en la anterior crisis económica. De ahí la importancia de evitar medidas que reduzcan la competitividad y que aceleren el riesgo de efectos de segunda ronda ante los creciente costes de producción que sufren las empresas a nivel global. 

Sin embargo, este escenario sobre la evolución de la inflación está sujeto a un conjunto de riesgos, entre los que destacan:

  • La duración de los cuellos de botella de las cadenas de valor y suministros globales, proyectándose su normalización a partir del segundo semestre de 2022. No obstante, condicionado a que esta nueva ola de la pandemia, a la espera de conocer las implicaciones de la variante ómicron, no genere nuevas interrupciones de la producción y en el transporte de mercancía.
  • Un desanclaje de las expectativas de evolución de los precios de las empresas y los hogares, en un contexto en el que ambos proyectan niveles de inflación superiores en los próximos 12 meses, por sus posibles efectos de segunda ronda.
  • La persistencia de restricciones de movilidad y cierre de fronteras podría añadir nuevas presiones al mercado laboral, especialmente en los países que se observa falta de trabajadores en determinados sectores (construcción, tecnología, industria, agricultura) y con una progresiva pérdida de población activa ante la jubilación de los baby boomers. Una combinación de factores que podría generar mayores tensiones salariales.

Así, no cabe duda que la inflación continuará marcando el entorno económico nacional y global en 2022.


Alicia Coronil Jónsson. Economista Jefe de Singular Bank.