Los partidos independentistas y las asociaciones que los sustentan están muy preocupados por la salud del catalán. La Plataforma por la Lengua hizo público un informe a finales del pasado mes de octubre en el que alertaba a la Generalitat de la pérdida de 500.000 hablantes. Intolerable.

Por eso han hecho bandera de resistencia contra la resolución del Tribunal Supremo que ha rechazado el recurso de la Generalitat contra la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) que impone la obligatoriedad de impartir al menos un 25% de clases en castellano. Los independentistas lo consideran un abuso, una intromisión intolerable de la justicia en la política de inmersión lingüística que lleva decenios funcionando en la escuela catalana.

Unos padres de Canet de Mar (Barcelona) solicitaron en el colegio Turó del Drac que su hijo de 5 años pudiera tener acceso a ese 25%, a lo que el centro se negó. Su recurso fue el que acabó en el Supremo, que les ha dado la razón, cosa bastante razonable. Al fin y al cabo, se trata de no marginar del todo a una de las dos lenguas oficiales de Cataluña.

No sé si los datos de la Plataforma de la Lengua son ciertos, pero lo que está claro es que el catalán no ha conseguido imponerse al castellano. Eso es un hecho. Los niños en los colegios juegan en castellano, aunque las clases las den en catalán y eso les pone a los independentistas de los nervios.

Lo que han hecho los independentistas (a veces con el concurso de la izquierda populista y del PSC) ha sido imponer un modelo que no tiene como fin la recuperación del catalán, prohibido por el franquismo, y que, con toda legitimidad, aspiraba a su normalización como lengua, sino adoctrinar a los niños en el soberanismo y en el odio a todo lo español. Es eso lo que ha fracasado.

Los padres del niño de Canet de Mar son nuestra particular Rosa Parks. Hay que acabar con la segregación de los que identifican el catalán con la independencia

Los padres del niño de Canet de Mar están sufriendo en su carnes la rauxa de los intolerantes. Les amenazan, e incluso algunos piden en un grupo de whatsapp su dirección para poder apedrearles. Padres de ese mismo colegio llaman abiertamente «insolidaria» a la familia que pide aplicar la ley.

El conseller de Educación de la Generalitat, Josep González-Cambray (ERC), estuvo ayer presente en el colegio de Canet de Mar porque era el primer día en el que se tenía que aplicar la sentencia del 25%. Por supuesto, mostró su solidaridad y apoyo a los que ponen a caldo a la familia que quiere un trocito de castellano en las aulas. La alcaldesa de Canet, Blanca Arbel Brugarola (también de ERC), como no podía ser de otra forma, se ha puesto del lado de los que piden que se expulse al niño rebelde.

En este asunto, no me cabe la menor duda, hay que estar con los más débiles y valientes. Me viene a la mente el caso de Rosa Parks, que en diciembre de 1955 se negó a ceder su asiento en el autobús a un blanco, infringiendo las normas vigentes en Montgomery (Alabama). Los padres del niño de Canet de Mar son nuestra particular Rosa Parks: defienden sus derechos contra viento y marea, aun a costa de sufrir insultos y vejaciones. Tenemos que apoyar a los padres de este niño de 5 años que sólo quieren que se cumpla la ley.

Algunos pensarán que lo que digo es un poco exagerado. Pero no. En 2015 ocurrió algo parecido en un colegio de Mataró (Escuela Pía Santa Anna). Los activistas independentistas llamaron a hacer a aquella familia «un apartheid como con los negros». Finalmente, lograron su objetivo y los padres, aislados y sin apoyos, tuvieron que cambiar a su hijo de colegio.

Si no fuera tan grave, la situación sería ridícula. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha propuesto como solución que los padres que quieran que sus hijos estudien en castellano los lleven a una escuela privada. ¡Ella, que presume de ser la gran defensora de la escuela pública!

Pase lo que pase en Canet de Mar, los independentistas ya han perdido. Y seguirán perdiendo peso poco a poco por su intolerancia y por haber convertido al catalán en una lengua identitaria. Las lenguas son para comunicarse, no para construir muros.

Salvador Illa, líder del PSC y de la oposición en Cataluña, ha salido en defensa de la familia y de la resolución del Supremo. Bienvenido al lado de los que rechazamos todo tipo de segregación. Pero es al Gobierno que lidera su partido, al Gobierno de Pedro Sánchez, al que tiene que exigirle que se cumpla la ley.