El alcalde de Madrid ha justificado así, en entrevista a OKDiario, el haber aceptado la petición de los tres ediles escindidos de Más Madrid (los llamados carmenistas) para nombrar a la escritora Almudena Grandes Hija Predilecta de la ciudad: «Si puedo bajar los impuestos a 700.000 recibos del IBI y que Almudena Grandes sea hija predilecta, yo creo que los madrileños prefieren que se bajen los impuestos».

En la citada conversación, José Luis Martínez Almeida reconoce que la escritora «no merece ser Hija Predilecta de Madrid», pero, añade, «ya tengo los presupuestos». La izquierda se ha lanzado a degüello en redes sociales contra el alcalde de Madrid, al que el diputado José Zaragoza (PSC) ha tildado de «mala persona». Pedro Sánchez no ha dudado en entrar en la polémica desde su retiro vacacional de Doñana para confesar en un tuit: «Fue un privilegio convivir con ella en un espacio de libertad y fraternidad como es Madrid».

Para entender el enredo hay que recordar que el alcalde, al frente del Grupo Popular en el Ayuntamiento, y Ciudadanos (partido con el que gobierna), ya habían votado en contra de esa misma proposición por parte de los partidos de izquierda. Y por eso ha tenido que dar explicaciones.

La confesión de Almeida es un error de bulto. No sólo porque admite que el fin justifica los medios, sino porque olvida la importancia que en política tienen los símbolos.

El alcalde de Madrid considera que a los ciudadanos sólo les mueve el bolsillo y por eso no ha tenido inconveniente en nombrar Hija Predilecta a Almudena Grandes

El alcalde considera que al votante sólo le mueve el bolsillo: lo que sea por una rebajilla en el IBI. Eso no es verdad, o al menos no debería serlo. Los ciudadanos se mueven por otras razones, ideológicas, morales, de modelo de sociedad,… Su confesión le retrata como un tecnócrata que no se detiene a pensar en las consecuencias de sus actos si estos, al final, redundan en votos.

Con su declaración, Almeida no sólo ha cabreado a la izquierda -con razón-, sino que ha soliviantado aún más de lo que estaba al grupo de Vox. Amigos no ha hecho.

La izquierda, que en esto le da mil vueltas a la derecha, siempre ha respetado y ensalzado a los suyos, hasta extremos a veces ridículos. Pero ha entendido muy bien que las personas representan modelos políticos y por eso no tiene reparos en caer en el culto a la personalidad. No hay más que repasar los medios progresistas desde el fallecimiento de Almudena Grandes para comprobar hasta qué punto se ha superado la barrera de lo púdicamente sensato en su recuerdo. Pero eso forja, ayuda a crear esa cultura identitaria tan cultivada por la izquierda y que es, por supuesto, mucho más rentable a largo plazo que la búsqueda del voto por la bajada de impuestos o tasas.

Almudena Grandes tiene mérito como escritora, sin duda, pero sus opiniones han sido siempre sectarias y provocadoras para los que no compartían su estrecha visión ideológica. No es que haya sido una defensora de Izquierda Unida o, de manera acrítica, del papel del Partido Comunista, cada uno es libre de defender sus ideas, sino que ha descalificado a la derecha de una forma poco respetuosa e incluso dudosamente democrática.

A la inmensa mayoría de los madrileños -entre los que me incluyo- les importa un bledo que Almudena Grandes sea o no Hija Predilecta de Madrid. Esa es una batallita de élites. Pero, al menos, entiendo que una condición para merecer ese galardón debería ser que la persona que lo recibe no haya insultado a la mitad de los madrileños.

En fin, me hubiera gustado mucho más que el alcalde hubiera justificado su decisión aludiendo a la calidad literaria de la autora que no hacerlo por lograr tres votos y luego, además, reconocer, para justificarse, que no merecía el premio que se le acaba de otorgar. Ridículo.

Concluyo. Ya sé que esto puede molestar a alguien, pero a mí tampoco me parecía tan buena escritora.