Opinión

Putin se aprovecha de la debilidad de Occidente para aplicar la ley del más fuerte

El presidente ruso, Vladimir Putin, asiste a una reunión con los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Rusia por videoconferencia. EFE

La guerra ha empezado. Tropas rusas recorren las calles de Kiev tras una ofensiva lanzada desde tres frentes. Todavía resuenan en nuestro oídos las palabras de Putin acusando a Estados Unidos y a la UE de alarmismo por advertir de una próxima invasión. Hace tan sólo una semana el aparato de propaganda ruso informó de que las tropas que había acantonadas en la frontera de Ucrania se retiraban porque habían concluido los ejercicios en los que participaban. Todo mentiras.

El presidente ruso se burla de Occidente sin pudor. Los esfuerzos diplomáticos a cargo de Blinken y Macron no han servido de nada: la decisión de atacar estaba tomada.

Putin no ha dejado nada a la improvisación. Ha pactado el apoyo de Xi Jinping una neutralidad cómplice. China no ha condenado la invasión y se ha comprometido a compensar a Rusia, comprándole gas y petróleo, de las posibles sanciones que pudieran acordar la UE, EE.UU., Canadá y Japón.

Tener el apoyo del presidente chino era fundamental para dar un paso que supone la ruptura del orden internacional, el ataque injustificado a un Estado soberano y el incumplimiento de los acuerdos de Minsk de 2014 que, supuestamente, servían para establecer una frontera segura en el este de Ucrania.

Rusia no sólo ha desplazado decenas de miles de soldados para llevar a cabo la invasión, sino que ahora está mucho mejor pertrechada económicamente de lo que lo estaba cuando se anexionó Crimea hace ocho años. Su deuda externa a corto plazo está por debajo del 10% del PIB y sus reservas de divisas le garantizan sin problemas casi 20 meses de importaciones.

Lo que pretende Putin no es mantener durante mucho tiempo sus tropas en suelo ucraniano, sino establecer un gobierno títere como el que impuso en Bielorrusia, en una estrategia de reconstrucción de países satélite que hagan de colchón de seguridad al Kremlin ante un hipotético ataque de la OTAN.

En el mes de enero, en el marco de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) Rusia envió tropas a Kazajistán para aplastar una revuelta popular que protestaba contra la subida del precio de los carburantes. A la OTCS pertenecen, aparte de Kazajistán, Bielorrusia, Armenia, Kirguistán y Tayikistán. Putin sería feliz añadiendo a ese remedo de Pacto de Varsovia a Ucrania. Y, por qué no, a otros países que se situaron al este del Telón de Acero tras la Segunda Guerra Mundial.

Europa y Estados Unidos han acordado un paquete de sanciones económicas para castigar a Putin, pero la OTAN no tiene entre sus planes entrar en una guerra en defensa de la soberanía de Ucrania. El presidente ruso contaba con ello.

El presidente ruso no quiere una invasión duradera en Ucrania, sino reconstruir una red de estados satélite con presidentes títeres del Kremlin: un remedo de lo que fue el Pacto de Varsovia

Cuando se produjo la vergonzosa retirada de las tropas aliadas de Afganistán en agosto de 2021, Yoscha Munk, profesor de la Universidad Johns Hopkins escribió: «Las imágenes del aeropuerto de Kabul serán el símbolo de una nueva era de debilidad y contribuirán a definir el perfil de Biden en política exterior».

Aquella humillante huida envió al mundo un mensaje inequívoco: ni EEUU ni, por supuesto, Europa están dispuestos a entrar en una guerra que suponga pérdida de vidas humanas y un sobre esfuerzo económico. Los talibanes retomaron el poder en Afganistán e implantaron la sharía. La defensa de valores como la democracia, la igualdad de la mujer o la libertad religiosa, quedaron relegados ante la real politik.

Los argumentos utilizados por Putin para invadir Ucrania recuerdan a los que manejó Hitler para anexionarse Austria, quedarse con una parte de Checoslovaquia o, finalmente, invadir Polonia. Hitler hablaba de la Lebensraun, el espacio vital que necesitaba recuperar Alemania y que había perdido tras la Primera Guerra Mundial. Putin habla de recuperar los territorios del imperio ruso, de su derecho a defenderse de la agresividad de Occidente. Su retórica también recuerda los viejos argumentos del Kremlin para defender los «ataques preventivos».

Las guerras se sabe como comienzan pero nunca se puede decir como acabarán. Es muy pronto para hacer un pronóstico. Pero, por ahora, lo que sí se puede decir es que Estados Unidos y Europa le han permitido a Putin ejercer como un estado macarra, que se aprovecha de la falta de voluntad de sus iguales para arremeter contra los más débiles.

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