Todo había sido preparado para que un Pedro Sánchez victorioso saliera de la reunión del Consejo Europeo, informara urbi et orbe todo lo conseguido por él en esa cumbre y que ese éxito quedara rematado el martes 29 en el Consejo de Ministros con una retahíla de medidas destinadas a contentar a todos los sectores efectados por las pésimas circunstancias económicas que padece ahora mismo la sociedad española.

Ese era el plan, hasta tal punto que todos los ministerios que estaban destinados a alcanzar acuerdos tenían la orden de no concretar ninguna propuesta hasta que Pedro Sánchez regresara de Bruselas. Esta es una deducción, pero una deducción fácil que explica muy bien por qué extrañísima razón ninguna de las reuniones que los representantes del Gobierno han celebrado en los últimos ocho días con diferentes grupos o representantes de distintos sectores ha incluido la menor concreción. Todo han sido vaguedades, afirmaciones genéricas, imprecisiones sin cuento, un pasar el tiempo, un marear la perdiz… a la espera del Gran Día del Presidente.

El plan era dejarle en exclusiva toda la gloria de lo conseguido en el Consejo Europeo además del honor de enumerar la lista de medidas contra la crisis que enaltecerían el prestigio del Número Uno del equipo gubernamental. Ésa es la única explicación posible al disloque vivido durante toda la semana en la que daba la impresión de que el Gobierno estaba intentando torear a sus distintos interlocutores.

La vida en una sociedad libre no se ajusta con facilidad al esquema que Sánchez pretendía aplicarle

Pero el plan le ha salido mal al líder socialista. Y le ha salido mal porque la vida en una sociedad libre no se ajusta con facilidad al esquema que Sánchez pretendía aplicarle. Y ha resultado que «los transportistas de la ultraderecha, que no eran representativos» y con los cuales no valía la pena ni siquiera recibir, le han reventado el diseño al presidente.

Resulta que son cada vez más los que se han ido sumando a la huelga, que la cadena de suministros se ha roto, que los ganaderos han tenido que empezar a tirar la leche porque nadie se la recogía, que las fábricas de yogures se han visto obligadas a cerrar, que lo mismo les ha pasado a decenas y decenas de industrias de todo tipo y que estábamos llegando al colapso de la vida económica del país.

La muy ineficiente ministra de Transportes intentó anteayer acallar las protestas de los camioneros prometiendo así, en bruto, 500 millones de euros en ayuda al combustible y no le sirvió de nada. En el límite de su resistencia pedía en un gesto más patético que otra cosa, «un voto de confianza».

Y a Pedro Sánchez empezaron a entrarle las prisas. Por eso anteayer, con España entera entrando en la psicosis de economía de guerra, el presidente del Gobierno decía que » Vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano para que cuando nos sentemos mañana [por ayer] sea el último día. No podemos salir de él sin un acuerdo».

Para entonces los ganaderos, los agricultores, cazadores, apicultores, cetreros, el mundo rural en su conjunto se había echado a la calle y cientos de miles de hombres y mujeres que viven del campo habían inundado el paseo de la Castellana de Madrid para protestar por la nula atención que el Gobierno estaba prestando a sus acuciantes problemas de subsistencia.

Los taxistas empezaron a colapsar con sus protestas una ciudad como Barcelona. Y los conductores de vehículos de alquiler, de ambulancias y de autobuses de transporte no regular también anunciaban manifestaciones en Madrid en protesta por el alza de los precios del combustible.

A todas éstas, en el entorno de la CEOE, presidida por Antonio Garamendi, se confesaba la perplejidad ante la parálisis del Gobierno durante todos estos días: «Es difícil de comprender que no se haya actuado con mayor contundencia y rapidez frente a los bloqueos de los suministros y en favor de aquellos que no pueden mantener su actividad por ello» se decía ayer sin entender el auténtico motivo de esa pasividad, que en realidad era una demora premeditada, era planificarlo todo para propiciar el futuro máximo lucimiento de la «estrella» Pedro Sánchez.

Pero las circunstancias se han desbordado y el plan se ha ido a pique. Había que renunciar al guión tan minuciosamente diseñado de antemano. No quedaba más remedio. Era ya urgente llegar a algún tipo de acuerdo con los transportistas. Y por eso se supo ayer, por fin, que el Gobierno ya concretaba la ayuda de entre 15 y 30 céntimos el litro de gasóleo para cada camión.

Algo es algo, pero no es suficiente porque los miembros de la Plataforma de camioneros no sólo reclaman ayudas al combustible sino muchas cosas más. Por ejemplo, acabar con los abusos de las empresas que les obligan a cargar y descargar las mercancías. Y no van a suspender la huelga aunque quizá algunos de ellos se den por satisfechos con lo que se pacte en la reunión con el Gobierno.

El esquema previsto A Su Mayor Gloria no aguanta hasta el soñado triunfo del día 29

El caso es que Pedro Sánchez ha dado la orden a Nadia Calviño de que afloje y se avenga a ofrecer algo a la patronal del Transporte. Es él el que dicta el ritmo de la negocación, el que determina que la reunión prevista para el viernes se adelante al jueves porque ha comprobado que el esquema previsto A Su Mayor Gloria no aguanta hasta el soñado triunfo del día 29. Hay que acelerar porque esto se nos va de las manos, ha debido de pensar Pedro Sánchez.

El remate para que haya decidido abandonar definitivamente su plan fue la unánime condena, la contundente crítica de todos los grupos parlamentarios del Congreso sin excepción, la indignación de la carrera diplomática y el estupor de la ciudadanía en general ante la grandísima alteración de la tradicional posición de España en el conflicto del Sáhara occidental, rematado con la magna chapuza de esa carta humillante, menesterosa y, para vergüenza del respetable, plagada de errores de todo tipo, gramaticales también.

Y, aún es pronto para decirlo, pero da la impresión de que lo que el presidente del Gobierno español esperaba obtener de la reunión del Consejo Europeo se va a quedar en mucho menos de lo que él pretendía.

De entrada, parece que el acuerdo buscado para desligar el precio del gas del de la electricidad, que fue lo que le movió a visitar a los presidentes de gobierno europeos para convencerlos de las bondades de esa medida, no lo va a lograr.

Y ahora se conformaría con que la cumbre europea acepte considerar a la Península Ibérica como una isla energética y pueda tomar sus medidas de reducción de los costes de la energía al margen de los demás miembros de la Unión.

Veremos con qué triunfos vuelve Pedro Sánchez de Bruselas. Pero sea lo que sea, ya no le van a valer para brillar en el escenario español como la figura salvadora que le estaban preparando sus ministros a base de mantener al país en punto muerto, sin cerrar acuerdos ni concretar ni una sola medida para atajar la crisis hasta que él no regresara triunfante de la batalla.

El caso es que su plan ha saltado por los aires. Ahora toca empezar a desgranar, con humildad, sin alharacas, las medidas contra el alza de los precios. Sólo eso pero nada menos que eso.