Lo que ha sucedido con la izquierda en Andalucía es de traca. Y no porque haya coincidido con el final de la Feria de Abril. Podemos y otro partido más pequeño, Alianza Verde, llegaron tarde el viernes a la firma de la coalición Por Andalucía, que agrupa a otros cuatro partidos (IU, Más País, Equo e Iniciativa del Pueblo Andaluz). La Junta Electoral de Andalucía rechazó la inscripción y el consiguiente recurso de subsanación presentado el pasado domingo. Queda recurso ante la Junta Electoral Central, pero es difícil que prospere. Lo sabremos probablemente esta noche.

En los días previos a ese injustificable retraso, IU y Podemos se habían estado peleando por ver quién era el número uno de la lista: Inmaculada Nieto (IU) y Juan Antonio Delgado (Podemos) se disputaron el sillón hasta que, al final, se acabó imponiendo la diputada por Málaga. Delgado estuvo apoyado hasta el último momento por Pablo Iglesias, que sigue mandando mucho en Podemos a pesar de su retirada táctica de la primera línea.

Por cierto, Teresa Rodríguez, que fue la cabeza de lista de la candidatura de la izquierda a la izquierda del PSOE en las elecciones de 2018 y logró 17 escaños con la coalición Adelante Andalucía, mantiene esa marca para competir el 19-J, al margen de la confluencia Por Andalucía.

Las encuestas dan a la suma de partidos que se presentan a la izquierda del PSOE (Por Andalucía y Adelante Andalucía) en torno a diez escaños, siete menos que en 2018. Pero como aún no se sabe si Podemos se verá obligado a ir en solitario, podría darse la circunstancia de que en Andalucía, además del PSOE, haya otras tres opciones a su izquierda: Adelante Andalucía, Por Andalucía y Podemos.

Este enorme batiburrillo se ha formado, no lo olvidemos, en aras de la unidad de la izquierda.

A mí me parece que el espectáculo que han dado estos partidos merece un mayor castigo electoral. No sólo se han peleado por el liderazgo, quién va de uno, quién va de dos… sino que la propia negociación de la coalición, más que alumbrar un programa político, lo que ha parido es un reparto de cargos que contempla hasta el más mínimo detalle, lo que pone de manifiesto la escasa o nula confianza con la que nace esta coalición de izquierdas.

Les voy a poner un ejemplo: el portavoz en el Parlamento andaluz lo pone IU; mientras que el portavoz adjunto y el secretario del grupo los pone Podemos; el debate de presupuestos es responsabilidad de IU, mientras que el debate del estado de la región le corresponde a un miembro de Podemos… Y así sucesivamente. También hay un reparto milimétrico de las candidaturas en las distintas provincias.

Mientras que en Podemos dicen que la coalición Por Andalucía es la primera prueba del frente amplio de Yolanda Díaz, la ministra de Trabajo aparta ese cáliz: «No es mi proyecto»

Y a todo esto, ¿dónde está la esperanza blanca de la izquierda alternativa?, ¿dónde está Yolanda Díaz?

Ayer, desde Podemos se saludaba la coalición Por Andalucía (todavía con la incógnita sobre qué va a pasar con su partido, si entra o no) como la primera prueba efectiva y palpable del «frente amplio de Yolanda Díaz». Recuerden que «frente amplio» fue la expresión que utilizó Pablo Iglesias para bautizar el proyecto liderado por su patrocinada en el que Podemos haría el papel de «nave nodriza».

Sin embargo, el ridículo que ha supuesto la negociación para la conformación de Por Andalucía, esa pelea a cara de perro hecha, eso sí, con luz y taquígrafos, ha llevado a la ministra de Trabajo a apartarse prudentemente del engendro. «Ese no es mi proyecto», ha declarado Díaz, dejando en muy mal lugar a los portavoces de Podemos. Es más, fuentes próximas a la ministra, según publica en este diario Cristina de la Hoz, señalan que la coalición Unidas Podemos está «muerta». Por lo tanto, el resultado, bueno o malo, que logre Por Andalucía el próximo 19 de junio no podrá atribuírsele a Díaz. Su momento aún no ha llegado.

El tiempo va pasando y el llamado «proceso de escucha» sobre el que la ministra de Trabajo quiere construir su alternativa no ha comenzado. Lleva ya más de 5 meses de retraso y, como pronto, no comenzará hasta después de las elecciones en Andalucía. ¿Se atreverá Díaz a iniciar su ruta por España en plena canícula? Mejor será dejarlo para septiembre.

La incomparecencia de Díaz en la batalla andaluza no es un detalle menor. Sus defensores, políticos y mediáticos, que son muchos, la disculpan, pero lo cierto es que por hache o por be lo que apuntan los sondeos es una debacle total de la izquierda en uno de sus feudos tradicionales. Mientras que el PP se come prácticamente a Ciudadanos y puede rozar los 50 escaños, la suma de toda la izquierda se puede quedar en torno a los 42 o 43 escaños. Es decir, que a Moreno Bonilla le puede salir la jugada de gobernar en solitario sin necesidad de meter en la Junta a Vox (que obtendría unos 16 o 17 escaños).

¿Quién se hará responsable de ese nefasto resultado de la izquierda alternativa en Andalucía? Ya sabemos que Yolanda Díaz no. A lo mejor algún día decide dar el paso. Yo lo dudo.