El domingo 19 de junio se celebra en Colombia la segunda vuelta de unas decisivas elecciones presidenciales que el lunes 13-J ya comienza en el exterior. Los contendientes son el líder izquierdista Gustavo Petro y a toda una sorpresa electoral, el outsider, exalcalde y multimillonario, Rodolfo Hernández, quien podría aglutinar junto a su voto antiestablishment, el del resto de opciones políticas, que no desean la llegada del petrismo al gobierno.

Estos comicios más que una competencia entre dos candidatos representan la elección de un modelo de país, en lo económico, lo social y sobre todo en
el alineamiento político que determina la geopolítica. Se decide la fidelidad a Estados Unidos o la pertenencia a sectores de la izquierda regional afín a Cuba,Venezuela o Nicaragua (Grupo de Puebla, ALBA, etc,). Colombia ha sido tradicionalmente de forma permanente, por decenas de años, el aliado más fiel en la región de Estados Unidos, que apoyó decisivamente con el llamado Plan Colombia, la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo.

Más que una competencia entre dos candidatos estos comicios representan la elección de un modelo de país en lo económico, social y geopolítico»

Los gobiernos del ex presidente Álvaro Uribe (2002 – 2010) asestaron los más duros golpes a la guerrilla terrorista y a los paramilitares, lo que permitió sentar las bases de una estructura económica de progreso, justo en el momento
en que casi nadie apostaba por su futuro como país, más cercano de ser un Estado fallido que una nación plena.

Después, llegó el gobierno de Juan Manuel Santos con un Proceso de Paz más que cuestionable, con un plebiscito en el que la ciudadanía mostró su rechazo a los Acuerdos de La Habana con las FARC, claramente claudicantes ante los narcoterroristas y que son las bases tanto del actual renacimiento de la violencia e inseguridad del país como de la indudable proyección de la izquierda, en claro mimetismo con lo que está ocurriendo en otros lugares de Iberoamérica, todo ello tras un difícil gobierno de Iván Duque. El presidente saliente ha tenido que bregar con una pandemia y con la falta de enfoque político claro de su mandato. Se eligió con banderas uribistas que no aplicó y gobernó como mero tecnócrata junto a representantes del establishment santista.

La radicalidad aprovechó estas circunstancias, empujada por el ansia de
poder a cualquier precio. El populismo de extrema izquierda se hizo dueño de la calle, manipulando con claro afán destructivo a jóvenes, y a estudiantes, a los que les prometen un futuro sin esfuerzo y con oportunidades, que si no llegan de empresas privadas van a ser creadas desde el sector público. Hasta ahora nadie sabe cómo se pagaría esa ingente factura económica, fuera de una reforma tributaria brutalmente al alza, casi confiscatoria, de la clase media y alta. Fruto de ello, han sido los graves disturbios, claramente desestabilizadores con afán interesado, impulsados desde posiciones de la izquierda, estos pasados meses, con el resultado que obra en la memoria de todos.

El Petrogate

A ese fin que justifica los medios ya sean legales, ilegales o de poca
moral y ética, ha apelado la campaña presidencial de Gustavo Petro.
En unos vídeos publicados estos días, en un reconocido medio
colombiano, sale a relucir el llamado escándalo de los petrovídeos
denominado por algunos como el Caso Petrogate, que ha anegado de
escándalo el cónclave electoral.

En las cintas se ven y se escuchan reuniones de campaña donde de
forma inadmisible e incumpliendo las más elementales reglas democráticas, el grupo de dirigentes y asesores electorales más afines a Gustavo Petro planifican una batería de medidas de descrédito a sus rivales políticos, obscenas, nauseabundas, claramente ilegales más propias de un grupo mafioso que de personas que aspiran a representar lealmente a sus ciudadanos para resolver sus problemas. Dicha campaña de destrucción del contendiente no sólo en lo político sino que invade lo personal, ha afectado a casi todos ellos, mediante la propagación masiva en redes sociales de falsos rumores, atribuyendo falsedades.

Desde desacreditar por cualquier medio que cause el máximo daño al
Uribismo y a Álvaro Uribe, lo cual ya lo están ejecutando con su injusto proceso judicial instado procesalmente por Iván Cepeda, uno de los aliados más allegados a Petro, pasando por ataques a Sergio Fajardo y otros políticos de centro, como a planificar vinculaciones del que fuera candidatopresidencial de centroderecha Fico Gutiérrez con algún
narcotraficante, absolutamente inexistentes o atribuirle falsos mensajes
electorales en contra de las mujeres, para buscar su desapego electoral
hacia dicho candidato oponente, ad portas de la primera vuelta. El
ex alcalde de Medellín de dicha coalición liberal conservadora ha
presentado denuncia contra Gustavo Petro y su campaña por estos hechos
ante la Corte Suprema.

Tampoco ha quedado fuera del plan destructivo, el actual oponente en
esta segunda vuelta, el ingeniero Rodolfo Hernández a quien de forma
hiriente se le calificó interesadamente como machista, cuando no el
cuestionar sus emociones, cuando la prensa le recuerda el episodio de una
hija secuestrada y posiblemente asesinada por el ELN, quien nunca ha
aparecido hasta ahora. Pero la culminación de todo ello, es la denuncia
presentada por Hernández por amenazas de asesinato, que le han llevado
a suspender y a reorientar su campaña electoral hasta el 19-J.

Sobre dichos vídeos, Gustavo Petro no puede decir que se hicieran a sus
espaldas y sin su consentimiento, pues en muchos de ellos aparece
claramente presente, ya que se trataba de reuniones oficiales de
campaña, con sus directivos y asesores electorales más estrechos y
escucha las perversas y malévolas ideas, muchas de ellas, puestas a cabo,
para aniquilar políticamente y poner en cuestión en lo personal a sus
oponentes políticos.

El líder, cada vez más claramente izquierdista que no le hace ascos a
acudir a hacer publicidad negra de sus contricantes, negras como el color
de las bolsas llenas de fajos de dinero que al parecer recibía y que contaba
briosamente, en un episodio que fue ampliamente difundido en un vídeo y
material fotográfico por medios de todo el mundo. Como es habitual en estos casos se defendió atacando. Así, apela a que la difusión de dichos episodios fue instada por escuchas ilegales, sin cuestionar la veracidad de los hechos y de la perversidad de lo que se acordaba, en demérito de la imagen pública del resto de sus oponentes políticos.

Si se han llegado a hacer estas barbaridades, que se reflejan en los videos de campaña, sin llegar al poder, qué serían capaces de hacer para perpetuarse y no perder sus privilegios

Dicha teoría de las escuchas ilegales ha sido claramente desmontada por
medios colombianos, pues era práctica habitual de la campaña el grabar
sus reuniones, por lo que parece que se está imponiendo la teoría que
luchas intestinas de poder, celos, desavenencias, etc., entre diferentes
sectores al interior de su campaña presidencial, serían el origen de la
filtración a los medios de comunicación de los citados vídeos.

El temor y la desconfianza hacia el futuro de Colombia, con un gobierno
de Gustavo Petro y sus peligrosos aliados, es grande. Si se han llegado a
hacer estas barbaridades presuntamente delictivas, de las que ya se está
ocupando la Fiscalía General de la Nación de Colombia, sin llegar al poder,
qué serían capaces de hacer para perpetuarse en el mismo y no perder sus privilegios.

El pueblo colombiano tiene la última palabra sobre si quiere preservar su
democracia o ponerla en manos de quienes parece que en base al
principio de que el fin justifica los medios podrían llegar a hacer hasta lo
imposible para no desprenderse del solio de Bolívar, poniendo en juego
irreversiblemente lo ya logrado como nación.


Néstor Laso es abogado español y colombiano.