El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, perdió ayer en las urnas su intento de pasar a la Historia como el líder que llevó la paz a Colombia. Los colombianos rechazaron por 53.894 votos de diferencia sobre el los Acuerdos de Paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), un pacto que se firmó el lunes 26 de septiembre en presencia del rey emérito Juan Carlos, el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. El 50,21% de los que acudieron a votar dijo no, como defendía el ex presidente Álvaro Uribe, y el 49,78% apoyó las tesis de Santos, con el 99,98% contabilizado. La abstención fue superior al 60%, una de las más altas registradas en una convocatoria a las urnas en Colombia.

En una breve comparecencia, tras confirmarse la derrota en las urnas del , el presidente Santos dijo que «todos quieren la paz. Convocaré a las fuerzas que dijeron no. Vamos a decidir entre todos qué camino tomar». El uribismo ya ha declinado esta invitación por no considerarlo el momento adecuado, según informa El Tiempo de Bogotá. Después de embarcarse cuatro años en un proceso de negociación con las FARC, Santos ve seriamente comprometido su futuro político y necesita a los defensores del no, es decir, a su rival el ex presidente Álvaro Uribe, para gestionar el resultado de la consulta. Santos también anunció que el jefe negociador Humberto de la Calle -quien ha puesto su cargo a disposición- y el Alto Comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, viajarían de inmediato a La Habana para mantener informadas a las FARC «sobre el resultado de este diálogo político».

El estandarte del no, el ex presidente Álvaro Uribe declaró que «el sentimiento de los colombianos que votaron por el , de quienes se abstuvieron, y de quienes votaron no, tiene un elemento en común: todos queremos la paz, ninguno quiere la violencia» y se mostró dispuesto a «aportar a un gran pacto nacional».

En La Habana, donde conocieron el resultado del plebiscito los comandantes guerrilleros, los rostros estaban entre la estupefacción y el desánimo. «Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia lamentan profundamente que el poder destructivo de los que siembran el odio y el rencor haya influido en la opinión de la población colombiana», afirmó el líder guerrillero Rodrigo Londoño, alias Timochenko, quien reafirmó la «voluntad de paz» de las FARC. En breve se reunirán los dirigentes guerrilleros para analizar los resultados. Timochenko, a través de un comunicado de prensa, afirmó que «los acuerdos siguen vigentes y que el efecto del rechazo en el plebiscito es político y no jurídico».

Las FARC afirman que «los acuerdos siguen vigentes y que el efecto del ‘no’ es político y no jurídico»

Colombia está dividida en dos: 6.431.376 votaron no y 6.377.482 dijeron. La participación ha sido de apenas un 37,43%. Pese a esta gran abstención, la consulta es válida. La condición era que el , de obtener ventaja, consiguiera el 13% del censo, que son unos 4,5 millones de votos.

Uribe ha insistido en la campaña que el no es otra paz, que no significa la vuelta a la guerra. Santos aseguraba que seguiría la guerra. El resultado, como ocurrió con el Brexit en Europa, ha dejado desconcertados a todos, especialmente al Gobierno y a la guerrilla, que habían celebrado por anticipado el éxito de un pacto que ha costado cuatro años de negociaciones.

Las FARC, en la ceremonia de firma de los Acuerdos en Cartagena de Indias, llegaron a «ofrecer el perdón a las víctimas». Según decía ayer en Twitter la periodista española afincada en Bogotá, Salud Hernández-Mora, las FARC » no pueden ahora echarse al monte, después de comprometerse con la comunidad internacional, decir no al secuestro y pedir perdón».

Pese al resultado, un auténtico varapalo para su gestión, Santos aseguró que seguiría «buscando la paz». En declaraciones a la BBC, Santos había reconocido que el triunfo del no sería un voto de censura a su gestión de la paz. «Estaría en serias dificultades, pero estoy absolutamente convencido de que la inmensa mayoría de los colombianos va a apoyarme», decía Santos, quien a la hora de votar el domingo hablaba de que «Colombia podía hacer Historia». Santos fue quien se empeñó en que la población avalara los acuerdos de La Habana en un plebiscito.

La participación no llegó al 40% y el ‘no’ logra superar al ‘sí’ de forma sorprendente por unos 53.000 votos

Entre los defensores del no, en zonas como Caquetá, el Meta, el Oriente colombiano, Antioquia, alrededores de Medellín, el rechazo ha sido mayor. La división entre la Colombia urbana y la Colombia rural ha quedado patente. Es esa Colombia rural, muchas veces olvidada, la que ha dado la victoria a quienes quieren paz, pero no la que se ha firmado en La Habana con las FARC.

El ex presidente Uribe, tras depositar su voto el domingo, alegaba que «la paz es ilusionante, pero estos acuerdos son decepcionantes». Uribe, senador del Centro Democrático, votó en la mesa número uno del Capitolio Nacional, la misma a la que acudió el presidente Santos a dar su sí.  Santos fue uno de los cinco ministros de Defensa que tuvo Uribe durante sus mandatos, entre 2002 y 2010.

En la campaña del plebiscito han librado una batalla contrarreloj por convencer al electorado de sus tesis. Santos, convencido de que es imposible llegar más allá a la hora de obtener concesiones de la guerrilla, que habría podido reconvertirse en movimiento político. Y mientras Uribe, que fue quien redujo a las FARC poderosamente durante sus años en el poder, rechazaba los Acuerdos con el argumento de que avalaban la impunidad. Uribe supo trasladar su mensaje sobre la injusticia que suponía que los líderes de las FARC no fueran a la cárcel. Según el acuerdo, en caso de crímenes contra la Humanidad, sí habría condena, pero se establecían vías de indulgencia para quienes reconocieran sus delitos.

La pregunta del referéndum era: «¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?». Los críticos destacaban que era una pregunta tendenciosa y orientada a que la población diera luz verde a lo acordado en La Habana entre el Gobierno de Santos y la guerrilla de las FARC, un texto de 297 páginas. La pregunta forzosamente tendría que simplificar, pero la cuestión habría sido evitar dividir el país entre partidarios y contrarios a la paz. El propio Uribe siempre ha insistido en que no habría una vuelta a la guerra, mientras que el Gobierno de Santos parecía presentar los Acuerdos como un ultimátum. Nadie quiere más guerra en Colombia, sino una paz diferente.