El deterioro de Podemos es progresivo y acelerado. La derrota de su candidato, Juan Antonio Delgado, para encabezar la lista de Por Andalucía ante Inma Nieto, apoyada por Yolanda Díaz, no es más que el último episodio del desprestigio de la marca creada por Pablo Iglesias, y que no hace tanto tiempo, en 2015, llegó a disputarle al PSOE la hegemonía de la izquierda.

Cuando Iglesias, tras su humillante derrota de Madrid, anunció que se retiraba de la política y propuso para sustituirle en el Gobierno y como candidata por Podemos a las próximas elecciones generales a Yolanda Díaz ni se imaginó que su patrocinada terminaría siendo su peor enemiga.

Desde entonces, el edificio de Podemos, ya bastante deteriorado, se ha ido desmoronando, mientras que la ministra de Trabajo ha ido acogiendo bajo su proyecto, que comenzará ¡por fin! a rodar el próximo 8 de julio, a todos aquellos que no ven ningún futuro en la formación morada.

Díaz ha sumado a su movimiento a En Comu Podem en Cataluña y a Compromis en Valencia. Y en Madrid cuenta con la colaboración de Más Madrid, el partido impulsado por Iñigo Errejón y que, liderado por Mónica García, logró superar al PSOE en las últimas autonómicas. ¿Qué queda de la organización territorial de Podemos? Prácticamente nada.

Ahora llega el turno a las deserciones de los altos cargos, antes fieles a Iglesias, ahora a Yolanda. Un ejemplo: en el Ministerio de Asuntos Sociales, que lidera Ione Belarra, secretaria general de Podemos, sus dos secretarios de Estado, primero fue Enrique Santiago y, más recientemente, Nacho Álvarez, se han posicionado del lado de la ministra de Trabajo. En el Grupo Parlamentario ya hay una mayoría de diputados que reniegan de Pablo Iglesias. Alberto Garzón -líder de IU- ha hecho buenas migas con Yolanda y apenas si se habla con Irene Montero. El pacto del botellín ha saltado por los aires.

Hay quien afirma que el próximo en caer del lado de Yolanda será Pablo Echenique, portavoz de Podemos en el Congreso. Aunque parezca difícil, cosas más extrañas se han visto en la escena política. Hasta hace muy poco tiempo, el propio Nacho Álvarez, secretario de Economía de Podemos, era un baluarte del partido y permanecía fiel al ex líder de la organización y ahora tertuliano profesional.

Varios ministros del ala socialista del Gobierno coinciden en la sensación de aislamiento de Irene Montero y Belarra. «Formalmente, no hay ningún problema, pero cada vez están más aisladas del resto, cosa que no pasa con Yolanda, que mantiene buena relación con la mayoría de los miembros del Consejo, empezando por el presidente», señala un miembro del Ejecutivo.

Altos cargos y cuadros de Podemos se pasan al movimiento de Yolanda Díaz. La organización fundada por Pablo Iglesias vive sus últimos estertores

En un primer momento, Iglesias pretendía que Yolanda Díaz encabezara un frente amplio en el que Podemos jugaría el papel de «nave nodriza». Díaz había subido en popularidad en las encuestas hasta situarse detrás de Pedro Sánchez. Incluso algún comentarista, como Iván Redondo desde su atalaya en La Vanguardia, ya fuera del Gobierno, la veía ¡como próxima presidenta del Gobierno!

La jugada de Iglesias, muy propia de los partidos de extrema izquierda, consistía en colocar a Díaz al frente de una amalgama de siglas pero controlada por Podemos, organización que él pretendía dirigir en la sombra.

Pero la ministra de Trabajo no sólo no le ha seguido el juego a su patrocinador, sino que ha hecho todo lo posible para que se visualice que su movimiento (por ahora bautizado como Sumar) no tiene nada que ver con Podemos. Además, sin cortarse un pelo, ha pactado con Errejón, el rival que le disputó el liderazgo a Iglesias en Podemos.

En diez años Díaz ha pasado de ser concejala en Ferrol a vicepresidenta y líder de la izquierda no socialista. Lo ha hecho con habilidad y frío cálculo, que antiguos camaradas tildan de falta de escrúpulos. En el camino quedaron Cayo Lara, Xosé Manuel Beiras y ahora Pablo Iglesias.

Sánchez ha visto con agrado su ascenso. El PSOE va a necesitar de un partido a su izquierda para poder optar a sumar una mayoría parlamentaria y Yolanda es mucho mejor compañera de viaje que Iglesias. «No sólo por una cuestión de carácter, o de estilo, sino porque Díaz es trabajadora y sabe negociar, mientras que el ex líder de Podemos ni lo uno ni lo otro» apunta un ministro que ha trabajado con ambos mano a mano.

Hasta el momento poco se sabe del programa político de Díaz, en qué se diferencia del PSOE o de Podemos, tan sólo conocemos declaraciones genéricas, un tanto hippies o cursis de su lideresa. Tampoco tiene detrás una organización propiamente dicha. Tan sólo un equipo muy cohesionado, en el que destacan su jefe de Gabinete, Josep Vendrell, o el secretario de Estado de Empleo, Joaquín Pérez Rey. Y, por supuesto, Comisiones Obreras, la organización de masas dirigida por Unai Sordo que va a poner toda la carne en el asador para que Yolanda saque adelante su movimiento.

En sólo siete años, Podemos ha pasado de ser el partido que supo canalizar la protesta del 15-M, la esperanza de una izquierda alternativa, la organización favorita de los jóvenes, a estar al borde de la desaparición. La inconsistencia de sus líderes, sus proclamas, tan irrealizables como románticas, y su demagogia han terminado por hacer de Podemos un partido que ya no encandila a nadie.

Lo dramático para Iglesias es que la puntilla a su criatura no ha venido desde la derecha, ni siquiera desde la cúpula del PSOE, de Pedro Sánchez, sino de una persona que él mimó e impulsó. Su criatura ha terminado por devorarle.