Norma Morandini, en una columna en La Nación sobre la muerte de Hebe de Bonafini, hace una reflexión muy interesante sobre la apropiación política y partidista de los símbolos que deberían ser universales o que impliquen a la sociedad entera. En su caso, lo hace alrededor del pañuelo blanco de las Mujeres de Plaza de Mayo. Pero si miramos el sistema político de Argentina, podemos ver como los mismos que se apropiaron del pañuelo blanco para ganar elecciones, también se han apropiado de las instituciones políticas y su historia. Un hecho que tiene graves consecuencias en un sistema político frágil como el argentino

Y es que la apropiación de los símbolos no solamente ha sido una cosa puntual, sino una constante por parte de las actuales fuerzas gobernativas. Empezó con una revisión de la propia historia del peronismo, después de la figura del general Perón y Eva Perón, más adelante con una revisión de los símbolos de la oposición a la dictadura del Proceso de Reorganización Nacional, hicieron suya incluso la Revolución de Mayo en su aniversario. El último gran acto político fue la conmemoración del cincuenta aniversario de la vuelta de Perón del exilio en Ezeiza, hace unos días. Cristina Fernández de Kirchner aprovechó la conmemoración de la efeméride para darse un baño de masas.

Pero la apropiación de los símbolos nacionales va más allá, y también afecta a las instituciones del Estado. El hecho que se quitara legitimidad a la Corte Suprema por un fallo sobre el Consejo de la Magistratura al remover a un magistrado afín al kirchnerismo se haya cuestionado la legitimidad democrática de la oposición en diferentes ocasiones, o incluso poner en entredicho que una juez pueda serlo porque dirige la instrucción de la causa judicial contra CFK. Esta constante provoca una crisis política a corto y medio plazo, pues o ellos están en el gobierno y se hace lo que ellos dicen, o ir en su contra es casi ser una persona que va contra Argentina. Sí, desde el gobierno se ha llegado a cuestionar si realmente eran de buenos patriota hacer oposición. 

Esta espiral constante demuestra la debilidad de los valores democráticos y cuestiona el propio ordenamiento constitucional… Los principales antisistema son algunos miembros del gobierno»

Este espiral constante demuestra la debilidad de los valores democráticos existentes, y es más, cuestiona el propio ordenamiento constitucional y su legitimidad al ser atacados constantemente las instituciones legítimas del Estado argentino. Hasta cierto punto podría parecer que los principales antisistema son algunos miembros del gobierno. Además, se da cierta retórica también interesante al respecto, y fuertemente erosiva, como por ejemplo querer representar el cambio si ganas las próximas elecciones, cuando llevan tres años en el gobierno. 

Y es que el modelo electoral también se ha puesto en entredicho. En Argentina existe una votación desde 2009 que son las PASO, Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. En ellas se eligen qué partidos, se debe superar el 1,5% de votos para tener papeleta en las elecciones generales, y qué candidatos de cada partido, se presentarán a las elecciones generales siguientes. Un sistema que ha tenido gran aceptación social, y que ayuda a los partidos a definir estrategias propiamente. Debido a que sondeos internos apuntan que CFK no sería candidata con el apoyo que ella querría, a pesar de que ganaría las primarias de su agrupación, desde su facción han apostado por hacer campaña en contra de las PASO, y que se eliminen. Y es que este cambio de las reglas electorales a las puertas de unas elecciones, y de las propias PASO, pues ya habilitaron el padrón, perjudica la credibilidad electoral.

En conclusión, Argentina se encuentra en una crisis de su sistema político. No por la crisis económica que tiene el país, ni por la mala gestión de Alberto Fernández propiamente, sino por los constantes ataques por parte de los K a todo aquello que les es adverso. 

La continua deslegitimación de las autoridades políticas, los marcos competenciales de los Estados, de la propia oposición democráticamente elegida, de la apropiación de los símbolos patrios desde la Revolución de Mayo a las Madres Plaza de Mayo, de figuras políticas como el general Perón, o ahora con la película Argentina 1985, que parece también una victoria peronista aunque en ella no se mencione que en aquel momento los peronistas querían indultar y perdonar a la Junta Militar para no tener problemas con las Fuerzas Armadas, y fue Alfonsín quien lo hizo. En el filme se da a entender que es el gobierno radical el que presiona para rebajar condenas. 

Tendremos que estar atentos hasta donde llega la espiral de la desafección, y qué sucede cuando haya las elecciones, y como todo parece indicar, el kirchnerismo pierda. No sería descabellado pensar que podría pasar como con Bolsonaro o Trump, que tardaron en reconocer la derrota electoral, y sus simpatizantes empezaron a deslegitimar todo el proceso electoral. Una cosa es segura, el 22 de octubre de 2023, Argentina está llamada a las urnas. 


Guillem Pursals es politólogo, máster en Seguridad, especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.