Las protestas que comenzaron con el asesinato en Irán de la joven Jina Mahsa Amini, continúan. La respuesta del régimen exhibe el rostro más descarnado y cruel de la represión. La pasada semana nos estremecía conocer las sentencias de los jóvenes Mohammad Mehdi Karami y Seyed Mohammad Hosseini, ejecutados por participar en las protestas. Sentimos impotencia e indignación. 

El número de asesinatos perpetrados por las autoridades iraníes a través de distintos métodos no para de crecer. Al menos 516 manifestantes han muerto como resultado de la violencia de esas autoridades, entre ellos 70 niños. Casi 20.000 personas habrían sido arrestadas, según organizaciones independientes, y alrededor de 43 se enfrentan a la pena de muerte.

La amenaza constante de la pena de muerte es una forma también de criminalizar y acallar a una sociedad que habla en alto. Ya antes del inicio de las protestas Irán era el primer país en ejecución de mujeres, en un sistema sexista en el que la seguridad jurídica para ellas es inexistente.

Pese a ello, la historia de las mujeres en Irán es una historia de resistencia constante y pacífica. Pero es también la historia de una traición de la que, lamentablemente, el ejemplo de Irán no es único: los clérigos que apoyaban la igualdad de género durante las luchas revolucionarias se opusieron luego a la participación de las mujeres en la esfera pública. El velo es un ejemplo de ello, y de una instrumentalización que se utilizó para reprimirlas. Ya en marzo del 79 las mujeres salieron a la calle para protestar por la autonomía que paulatinamente se les iba arrebatando. Muchas continuaron su resistencia en Irán, muchas otras (alrededor de siete millones) tuvieron que huir.

Estas mujeres llevan muchos años resistiendo. ¿Dónde estuvimos nosotros hasta ahora? Tenemos que responder ante las iraníes»

El momento actual representa un punto y aparte en la historia del país, y una inspiración para la región, pero que quede claro: estas mujeres llevan muchos años resistiendo. ¿Dónde estuvimos nosotros hasta ahora? Esta es una pregunta que tenemos que responder ante las iraníes. Y además: reconocemos su valentía, pero, ¿por qué seguimos igual? ¿Cuánto sufrimiento, cuántas muertes, cuánto exilio podría haberse evitado, podría evitarse? Por eso es necesario centrarnos en esta respuesta de género, aun entendiendo que las protestas y la violencia se han extendido ya a todos los sectores. Pero sabemos también que es y seguirá siendo más cruel y más brutal contra los más vulnerables: las mujeres, los estudiantes, los niños. 

Desde el Parlamento Europeo, en la resolución que aprobamos en octubre ya destacamos la necesidad de una mayor coordinación entre las embajadas de la UE en Teherán para apoyar a las mujeres, incluyendo la expedición de visados de emergencia. También pedimos a la Comisión que permitiese que los proveedores de comunicaciones con sede en la Unión ofrezcan herramientas a las personas que se encuentran en Irán para garantizar su acceso a la información y ejercer sus derechos humanos. 

Más allá de la urgencia, necesitamos respuestas a medio y largo plazo. Esto nos exige apoyar la creación de vínculos entre mujeres iraníes en Irán y en la diáspora, fortaleciendo la creación de redes de apoyo y respuesta política. Las declaraciones son importantes, pero la esperanza sólo puede venir de la capacidad de imaginar y repensar un futuro posible. Nuestro apoyo es importante para asegurar que, además de protestas protagonizadas por mujeres, hay respuestas lideradas por mujeres que pueden convertirse en una realidad política. 

En noviembre, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU adoptó una resolución por la que se establece una misión internacional independiente de investigación de las violaciones de derechos humanos con vistas a cooperar con futuros procedimientos judiciales. Por su parte, la UE trabaja en un cuarto paquete de sanciones; ha establecido en total sanciones individuales a 126 personas y 11 entidades, desde los cuatro miembros de la unidad que arrestó a Mahsa Amini, los jefes provinciales de la Fuerza Disciplinaria de Irán y del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica hasta el comandante de las fuerzas terrestres del Ejército, el jefe de la Policía Cibernética, el ministro del Interior e instituciones como la llamada policía de la moral. A esto se suma la prohibición de exportar a Irán equipos que puedan utilizarse para la represión y la supervisión de las telecomunicaciones. 

Ahora pedimos un salto cualitativo para sancionar en su conjunto al Cuerpo de la Guarda Revolucionaria Islámica subrayando su carácter de organización terrorista. Pedimos también que se condene el precedente político de las sentencias a muerte: la firma por parte de 227 parlamentarios de un comunicado pidiendo una respuesta firme, que «sirva de ejemplo» para aquellas personas involucradas en la llamada moharebeh, es decir, aquellos que están «librando la guerra contra Dios».

Desde la UE hay que seguir condenando con firmeza a través de los contactos diplomáticos una situación cada día más cruenta. Para Europa, éstos se han dado tradicionalmente a través de dos canales: uno dedicado a las relaciones bilaterales (incluyendo los derechos humanos) y otro dedicado al diálogo en torno al acuerdo nuclear, conocido como el Plan de Acción Integral Conjunto.

Si la crisis nuclear llega a un punto crítico, es difícil imaginar que los manifestantes ganen la batalla que se está librando en Irán, ya que probablemente eso hará que el régimen se sienta acorralado, y opte por ejercer un control aún más estricto sobre la población. Pero el futuro del acuerdo está cada vez más comprometido, con una UE que ha intentado insistir en su capacidad mediadora en un entorno en el que, hasta ahora, nadie ha estado dispuesto a comprometerse. Irán prácticamente ignoró el borrador en el que la UE estuvo trabajando el pasado agosto.

Donald Trump impulsó en 2018 la retirada de EEUU, hoja de ruta que -pese a las promesas electorales- Joe Biden no enmendó. Hoy en día, el acuerdo nuclear parece lejos de reactivarse. Mientras, la capacidad nuclear de Irán, que ha logrado expandir su facultad para enriquecer uranio, avanza aceleradamente. 

Es crucial que las partes determinen sus líneas rojas para evitar que las crecientes tensiones en los frentes nuclear y regional se conviertan en una espiral de la escalada»

Frente a esto, la UE tiene un papel complejo pero determinante. Debe volcar sus esfuerzos en encontrar soluciones. Es crucial que las partes determinen sus líneas rojas para evitar que las crecientes tensiones en los frentes nuclear y regional se conviertan en una espiral de escalada, y esto podría hacerse a través de intermediarios europeos y regionales. Aunque quizás no sea sostenible a largo plazo, puede dar tiempo para que los países se planteen hasta qué punto los paradigmas de la diplomacia nuclear de las últimas dos décadas siguen siendo válidos y cómo pueden revisarse constructivamente para evitar un enfrentamiento que nos ponga en peligro a todos. 

La UE debe ser firme en su condena a las violaciones de derechos humanos y trabajar para que el régimen no afiance su poder mediante armas nucleares. La sociedad iraní pide libertad y tenemos un compromiso y una responsabilidad con todas las personas que se juegan literalmente la vida por defender sus derechos. Encontrar el equilibrio entre estos caminos necesarios y complementarios es hoy nuestro mayor reto sobre Irán.


Soraya Rodríguez es eurodiputada del Parlamento Europeo en la delegación de Ciudadanos.