El 28 de mayo de 2019 se aprobó en la Declaración de La Meca, un escrito que consta de 30 puntos donde se rechaza la discriminación por motivos religiosos, se combate el extremismo, se anima al diálogo interreligioso, una llamada a la ummah o comunidad islámica a ser una, a trabajar en la coexistencia pacífica, a combatir el terrorismo, la explotación y la violación de Derechos Humanos, como también a respetar los límites legales de la libertad y así promover la tranquilidad social. Además afirma que las leyes y constitucionales nacionales se deben cumplir, y los ciudadanos deben jurar fielmente lealtad a su Estado. Además exhorta a proteger y defender lugares de culto, combatir la discriminación racial y la destrucción del medio ambiente. Mil doscientos líderes musulmanes de 139 países y 27 ramas del Islam aceptaron la declaración que llevaba un año redactándose.

En 2011, con el estallido de las Primaveras Árabes el mundo islámico se polarizó. La revuelta en Siria que acabó en una cruenta guerra civil, como también el derrocamiento de la Junta Militar en Egipto, las diferentes protestas en Bahréin y en algunos focos chiíes dentro de Arabia Saudí, como también la revolución en Túnez que echó al presidente Ben Alí, y la ruptura de relaciones entre Irán y Arabia Saudí, y la exclusión de Siria de cualquier foro de la Liga Árabe, provocaron un efecto interesante, el inicio de las reformas políticas en el país más conservador y más riguroso en aplicar la ley islámica, Arabia Saudí. Unas reformas que fueron y han sido justificadas constantemente por académicos, religiosos y estudiosos conforme no se desvían de la rectitud islámica. 

El reino saudí siempre representó uno de los referentes más importantes para el conservadurismo islamista por la vinculación de la Casa de Saúd con el wahabismo, una de las corrientes islamistas más rigurosas en la aplicación de la ley islámica. El hecho que el Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas, título que utiliza el monarca saudí para referirse a que es responsable de la Mezquita del Haram de La Meca y la Mezquita del Profeta en Medina, las dos mezquitas más sagradas del Islam, refrendase la Declaración de 2019 fue un acto lleno de simbolismo y trascendencia.

Es tan importante el papel de la administración saudí en estos asuntos que a pesar de que habían roto lazos diplomáticos en 2016, el reino saudí y la república islámica seguían y siguen colaborando para garantizar la seguridad de los peregrinos que viajaban de uno a otro país.

Si en el terreno político ha sido Irán quien se ha salido con la suya, en el religioso Arabia Saudí ha logrado una gran victoria"

Los acuerdos entre Arabia Saudí e Irán, y el restablecimiento de relaciones diplomáticas, junto con la vigente Declaración de La Meca por parte de la Liga Mundial Islámica, han hecho que Arabia Saudí recupere su liderazgo dentro del mundo islámico. Si en el terreno político ha sido su histórico rival quien se ha salido con la suya, pues Irán ha mantenido a Al Assad en el poder, a los chiíes en el gobierno libanés y a Irak alejado de cualquier política hostil a los chiíes, en el terreno religioso ha sido Arabia Saudí quien ha obtenido una gran victoria.

La calma favorece el crecimiento económico, como también incrementar su influencia política y religiosa. Las guerras de facciones han acabado a gran escala con los futuros acuerdos entre Arabia Saudí y los houthis, y el restablecimiento de Siria en la Liga Árabe. 

Recordemos que el mayor crecimiento del islamismo wahabita alrededor del mundo fue con la caída del Telón de Acero, y el fin de la URSS financiando Estados socialistas árabes. De la misma manera, el Irak de Saddam Hussein acabó rodeándose de una mística religiosa suní conservadora para rivalizar con la República Islámica de Irán y así justificar el conflicto con ella.

El peso de las facciones conservadoras crece en algunos Estados, mientras que en aquellos de tradición secular como Túnez o Turquía se muestra en retroceso. Bajo la bandera de ser el país de la Mezquita del Haram y la Mezquita del Profeta, Arabia Saudí tiene las llaves de regular el peregrinaje a ellas, y con ello, que exista un poder de baja intensidad importante.

Un ejemplo de ello lo tenemos en la respuesta turca de consternación frente a la acción gubernamental tunecina contra el partido de la oposición Ennahda, de carácter islamista y vinculado a los Hermanos Musulmanes. El rol de Ennahda en el gobierno tunecino siempre fue motivo de tensión entre Turquía y Arabia Saudí, porque el gobierno turco lo consideraba un partido próximo y el gobierno saudí lo consideraba vinculado a un grupo terrorista. Y a pesar de los buenos lazos entre Ankara y Ennahda, ahora predomina que haya buenas relaciones entre Turquía y Arabia Saudí que no mostrar su apoyo a quien crea tensión. Y de la misma manera que sucede con este ejemplo, lo veremos también en otros casos como en Irak o el Líbano. 

De hecho, en el Líbano, Hizbulá, vinculado a Irán, ya ha mostrado su lealtad institucional al gobierno provisional durante su respuesta a los lanzamientos de cohetes. Sí, han preferido mantener una respuesta institucionalizada de apoyo al gobierno y a la integridad territorial libanesa que no confrontarse con el gobierno libanés por su respuesta de condena a que se utilice el país como base militar. Otro ejemplo donde el papel saudí se impone en la diplomacia y en el tablero del mundo islámico. 

En conclusión, tendremos que fijarnos bajo qué paradigmas se mueve la diplomacia saudí, en que casos hará predominar su rol referente religioso, en otro el reformista conservador y en otro como actor económico global. De momento, hemos podido ver como ejerce y usa su papel como referente religioso para dotarse de una autoridad dentro del mundo suní y destensar vínculos entre facciones. Quizás a costa de otras facciones, porque el peón se puede sacrificar por el reino en el ajedrez. 


Guillem Pursals es doctorando en Derecho, máster en Seguridad, especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado. Puede leer aquí sus artículos en www.elindependiente.com