Nicolás Maduro ya no es presidente de Venezuela desde la madrugada del sábado 3 de enero de 2026. Fue capturado en el marco de un operativo militar de Estados Unidos que transgrede el derecho internacional por los cuatro costados. La narrativa oficial del gobierno de Estados Unidos sostiene que se trató de la detención de un prófugo y se ampara en una resolución de la justicia federal de ese país presentada en 2020–2021 que acusa a Maduro de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y delitos con armas, es decir, dirigir redes de tráfico protegidas mediante violencia armada. Cilia Flores, mujer de Maduro, es imputada por facilitar, proteger y encubrir esas operaciones, integrando la asociación criminal. Eso explica el protagonismo y la visibilización de la DEA en la operación militar.

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Aunque el operativo tiene distintos fines –como ha sido ampliamente documentado por la prensa y que acá no viene al caso explicar– es importante tomar en cuenta lo anterior para entender el desarrollo de las operaciones militares. Llama la atención que un presidente que no suele dar muchas explicaciones y que ha reventado todas las normas de la política interna y externa se esmere tanto en la acusación de narcotráfico para justificar la invasión de Venezuela. Presumo que se debe a una estrategia para sortear mecanismos de control en lo que queda de las instituciones de EEUU, en la necesidad de contar con una justificación con la que defender su actuación ante sus socios y, sobre todo, creo que es un mensaje a los MAGAvotantes, un grupo profundamente reacio a que el país entre en guerras en terceros países.

Si el operativo militar se hizo para capturar a un prófugo, lo presumible es que, al estar ese objetivo cumplido, ya no sería 'necesario' realizar otro ataque"

En este sentido, si el operativo militar se hizo para capturar a un prófugo, lo presumible es que, al estar ese objetivo cumplido, ya no sería "necesario" realizar otro ataque. Dicho de otro modo, más allá de la presión de los barcos en las costas y los asesinatos selectivos a los tripulantes de embarcaciones que se presume transportan cocaína, lo más probable es que no se realice un operativo similar con el fin de cambiar el gobierno. Es más, esto y otras cosas que iré comentando se desprenden de la rueda de prensa que dio el presidente Trump, cuando dijo que habían demostrado lo que podían hacer y que ahora estaban a la espera de ver cómo actuaba el nuevo gobierno, del que esperaban colaboración.

Maduro no cayó: fue entregado. ¿O si no cómo se explica que una persona que se presume que contaba con un dispositivo de máxima seguridad haya podido ser capturada y sacado del país? Ahora bien, más allá de que las cabezas visibles del régimen —los hermanos Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino— ya han manifestado su incondicionalidad a Maduro, no cabe duda de que hay una fracción de los grupos de poder que opera a un nivel tan alto dentro de la coalición dominante como para poder contar con la información para delatar a Maduro y quitárselo de en medio. Es posible que no sepamos quién ha sido la garganta profunda, pero lo que sí sabremos es a quién o a quiénes beneficia la caída de Maduro. No hay que olvidar que The New York Times ya ha informado de que la CIA consiguió localizar al presidente gracias a la colaboración interna en el gobierno.

De momento, la gran beneficiada es Delcy Rodríguez. Trump se mostró dispuesto a colaborar con ella para abrir un proceso ordenado de transición"

De momento, la gran beneficiada es Delcy Rodríguez, la vicepresidenta que se encargará del gobierno. Trump ya se mostró dispuesto a colaborar con ella para abrir un proceso ordenado de transición. En rueda de prensa posterior a esas declaraciones, ella tuvo un tono relativamente beligerante que no ha sido contestado aún por parte de los captores del presidente, aunque también abrió una vía, referenciándose en Maduro, al diálogo con EEUU, con una "agenda constructiva" y bajo relaciones de respeto. Resulta relevante que, en una reunión previa, se la viese presidiendo el Consejo de Defensa del que participaban el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino; el ministro del Interior y de Justicia, Diosdado Cabello; el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez; y los miembros del Alto Mando Militar: un gesto que debe leerse como una muestra de cohesión y/o de aceptación de su autoridad.

Tengo la impresión de que Padrino y Cabello han perdido poder y no estarían en posición de retar a Delcy Rodríguez. El primero es un militar de vieja escuela: más chavista que madurista. Encabeza unas fuerzas armadas que han salido debilitadas de los ataques y cuya efectividad queda en entredicho al no haber sido capaces de repeler el ataque. Se supone que contaban con unas defensas antiaéreas que no usaron. Al respecto hay varias versiones: una de ellas dice que simplemente nunca las tuvieron y otra que no se usaron por complicidad, aunque también existe la posibilidad de que los pillaran por sorpresa y no fueron capaces de reaccionar. Hasta el momento no hay evidencia de operativos militares ni de grandes movilizaciones de las organizaciones político-armadas lideradas por Cabello, algo que resulta extraño en un país que se supone en máxima alarma.

Delcy Rodríguez, en una parte de su alocución, dijo: "Al pueblo de Venezuela: aquí hay un gobierno asumiendo sus responsabilidades". No se trata de un asunto menor, pues uno de los riesgos de las intervenciones extranjeras que descabezan gobiernos dictatoriales está en que pueden desatar conflictos internos por el control del territorio, tal y como expliqué en un artículo aquí publicado el 26 de octubre de 2026, en el que recordaba el caos de Libia tras la ejecución de Gadafi. En este sentido, cabe recordar también las declaraciones de Trump sobre la necesidad de establecer una transición ordenada. Quiero creer que los estadounidenses han aprendido de las invasiones a Irak, Libia o Afganistán y entendido que es muy difícil gobernar un país prescindiendo por completo de toda la élite autoritaria.

Una de las explicación que suele darse del fracaso de la ocupación de Irak es que se prescindió por completo de los miembros del partido Baaz, sin tomar en cuenta que eran los únicos que sabían cómo funcionaba el Estado y estaban capacitados para su gestión. Su exclusión dejó un gran vacío de poder y paralizó a la Administración, situación que fue aprovechada por los grupos de oposición.

No se puede cambiar de un momento a otro a todo el aparato gobernante de un Estado en su conjunto porque deja de funcionar; por ello, de las transiciones exitosas participan muchas personas que trabajaron para las dictaduras. Todo hace pensar que será una transición negociada, con Delcy Rodríguez a la cabeza, una persona que, de ser ciertas las acusaciones de corrupción del caso Ábalos, tiene claramente un precio, lo que la hace más propensa a negociar. De salir bien las cosas, ella podría estar a la cabeza del proceso de apertura que termine con una convocatoria a elecciones.

Un gesto de clara voluntad de cambio sería la liberación de presos políticos que están en el Helicoide"

La gran perdedora de este proceso es María Corina Machado, a quien el presidente Trump ha hecho un desaire en la rueda de prensa en la que explicó el operativo. Además, la salida de Maduro es un cambio significativo de escenario y tendría que rearmar su discurso una vez que el anhelo de que Trump derroque al gobierno para entregar el poder a Edmundo González está cada vez más lejos. Tratando de explicar la exclusión de una persona que desde su rol de líder de la oposición apoyó y solicitó la intervención militar en el país, se podría especular en dos sentidos: uno, que se la dejó fuera para evitar que sus posiciones maximalistas entorpezcan el proceso; o, dos, dando crédito a las versiones que suponen una negociación entre Delcy y el gobierno de Trump, que la exclusión de Machado fue una de las condiciones de la parte venezolana.

Los escenarios están aún muy abiertos y se puede esperar que todo ocurra. Lo que está en juego no es solo el futuro de Venezuela, por eso espero, por el bienestar de los venezolanos y de la región en general, que la beligerancia vaya bajando de intensidad y, sobre todo, que se abra un proceso real de cambio. Debemos estar atentos a las acciones que vaya tomando el gobierno de Rodríguez. Creo que un gesto que muestre una clara voluntad de cambio sería dejar en libertad a los presos políticos que están en el Helicoide, ese edificio en el que Juan Carlos Monedero daba clases sobre derechos humanos al Cuerpo de Policía Nacional Bolivariana (CPNB).


Francisco Sánchez es director del Instituto Iberoamericano de la Universidad de Salamanca. Aquí puede leer todos los artículos que ha publicado en www.elindependiente.com.

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