Que los árboles no nos impidan ver el bosque. Las noticias sobre lo que está sucediendo en Venezuela se agolpan. El aglutinamiento de información nos hace cambiar el foco a cada momento. Quedan tantas incógnitas por resolver… He aquí algunas dudas:

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¿Cómo es posible que la intervención militar en Venezuela, con la participación de 150 aeronaves, según el jefe del Estado Mayor de EEUU, Dan Caine, se haya llevado a cabo sin ninguna baja? ¿Tan malas son las defensas antiaéreas venezolanas?

Si la Fuerzas Armadas de Venezuela, compuestas por más de 200.000 efectivos, son tan ineficaces, ¿por qué no ha presentado su dimisión inmediata el ministro Vladimir Sobrino? ¿Por qué bravuconea sobre la respuesta a una nueva agresión si no ha sido capaz de derribar uno sólo de los aviones o helicópteros que participaron en una operación que estaba casi anunciada?

¿Cómo es posible que Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, tengan tan buen aspecto tras la operación de extracción en la que murieron, al menos, 32 "combatientes" cubanos, se supone que defendiendo a su protegido? ¿Qué hizo Maduro mientras los miembros de los Delta Force aniquilaban en unos minutos a su guardia pretoriana?

¿Es creíble que Maduro se presente ante las cámaras deseando el año nuevo a sus captores y levantando los pulgares en señal de victoria cuando, en teoría, le espera una condena de por vida?

¿Es lógico que Trump se apoye en la número dos de Maduro, la ya presidenta en ejercicio Delcy Rodríguez, para el proceso que se inicia ahora en Venezuela?

¿Por qué ni Trump ni su secretario de Estado, Marco Rubio, han tenido en cuenta a María Corina Machado o a Edmundo González, ganador de las elecciones de julio de 2024, como las personas que deberían liderar el proceso de cambio?

La ruptura de las reglas sólo nos lleva a la ley del más fuerte, una lección que aplicarán en su beneficio Rusia y China

Hay personas que conocen muy bien la realidad venezolana, como el analista Alfredo Keller, que dudan de la versión oficial y apuntan a una "entrega pactada" de Maduro. Todo es posible. Aquí en España vivimos un suceso que precipitó la caída del entonces ministro de Justicia e Interior, Juan Alberto Belloch: la detención ficticia del ex director de la Guardia Civil Luis Roldán. ¿Se acuerdan del inventado capitán Khan?

Como decía Hannah Arendt, "los hombres normales no saben que todo es posible".

Como, por ejemplo, que Maduro haya recurrido para su defensa al abogado de Julian Assange, el conocido criminalista Barry Pollack. No me extrañaría que en unos días se sumara al equipo el abogado y ex juez español Baltasar Garzón, que ya ha prestado sus oficios a uno de los hombres clave del régimen chavista, Alex Saab.

En fin, que hay que darle un poco de hilo a esta cometa para que conozcamos a fondo los entresijos de la operación Resolución Absoluta (¿pero quién se inventa esos nombres?).

Como les decía, no dejemos que todos estos árboles, algunos de gran tamaño, nos impidan ver el bosque. Porque lo que esta sucediendo delante de nuestras narices es un cambio de paradigma histórico: la ruptura total del statu quo en el orden mundial, el fin de las reglas, el inicio de un nuevo colonialismo.

Cuando a principios de diciembre de 2025 se conocieron las líneas maestras de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, muy pocos le dieron la importancia que merecía. Allí estaba ya la resurrección de la doctrina Monroe (de la que Trump se ha apropiado llamándola Donroe). El despliegue naval en el Caribe, sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, no era sólo una exhibición de fuerza, sino el garante militar de una política: garantizar el control político de lo que esa Estrategia de Seguridad llamaba "hemisferio occidental".

El fin de esa estrategia es triple: reducir la inmigración ilegal, el tráfico de drogas y la influencia de China. No se dice nada en ese documento sobre la democracia o las libertades.

Por eso no debería extrañarnos que ni Trump, ni Rubio le hicieran ningún guiño a María Corina Machado. Lo esencial para la Administración Trump es que quien mande en Venezuela facilite esos objetivos a Estados Unidos. Si Delcy Rodríguez permite que las empresas norteamericanas puedan hacerse con el control de PDVSA (la todopoderosa compañía estatal de petróleo de Venezuela), podrá mantenerse en el poder durante un largo periodo. Ya le llegará el turno a Machado. Ahora la líder opositora no le puede garantizar a Trump todo lo que sí le puede dar Rodríguez.

Estados Unidos, sin ni siquiera consultar a su Congreso –mucho menos a la ONU–, se ha hecho con el control a distancia, y sin derramar una gota de sangre, del país con mayores reservas petrolíferas del mundo, según el cálculo actualizado de la OPEP.

Algunos ilusos se alegran de esto porque piensan que el final del tirano lo justifica todo. Que Maduro haya sido derrocado (habría que decir capturado) es una buena noticia, qué duda cabe. Pero, ¿a qué precio?

Si la operación Venezuela le sale bien a Trump, pronto le seguirán otros países, como Cuba, que sin el petróleo venezolano se convierte en un país zombie. Y luego, etc. etc.

Pero lo peor de este neocolonialismo es la lectura que van a hacer de ello dictaduras como Rusia o China. No tardará mucho tiempo Putin en justificar su invasión de Ucrania porque, al fin y al cabo, también es su "patio trasero". ¿Qué impedirá a China hacer lo propio con Taiwan, cuya soberanía reclama desde hace décadas?

Cuando se rompen las reglas de juego se rompen para todos. Entonces, sólo queda la ley del más fuerte. ¿Es ese el futuro que queremos?

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