Las recientes elecciones en Aragón han dejado una victoria agridulce para Jorge Azcón y el Partido Popular. Aunque el PP ha logrado mejorar sus resultados, se sitúa lejos de la mayoría absoluta y del récord histórico de 30 diputados obtenido por Luisa Fernanda Rudi en 2011. El adelanto electoral, diseñado originalmente para evitar la dependencia de Vox en la negociación de presupuestos, ha desembocado en una situación donde Azcón queda en una posición más débil frente a una formación de Vox que ha duplicado su representación, pasando de 7 a 14 escaños. No obstante, Azcón mantiene la posibilidad de convertirse en el primer presidente popular de la región en ser reelegido, rompiendo la tendencia histórica de sus predecesores que perdieron el poder tras un solo mandato debido a pactos de la izquierda.

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El bloque de la izquierda presenta un panorama fragmentado donde destaca el hundimiento de Podemos y el ascenso de Chunta Aragonesista. El PSOE ha igualado su peor suelo electoral con 18 diputados, una cifra que en 2015 permitió gobernar a Javier Lambán gracias a la suma con otras fuerzas, pero que hoy resulta insuficiente ante la ausencia de una mayoría de izquierdas posible. Podemos ha sufrido lo que se califica como una "humillación", desapareciendo de las Cortes tras haber llegado a tener 14 representantes en 2015. En contraste, Chunta Aragonesista ha logrado el mejor resultado de su historia con seis diputados, posicionándose como la referencia de la izquierda aragonesa. Por otro lado, el histórico Partido Aragonés (PAR) queda fuera de las Cortes por primera vez, afectado por crisis internas y procesos judiciales, mientras que Teruel Existe consigue mantener su presencia parlamentaria.

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Finalmente, el resultado electoral ha reavivado las tensiones internas en el PSOE aragonés respecto a la dirección nacional en Ferraz. Se critica que la dirección federal haya "ninguneado" a la federación aragonesa al imponer candidatos como Pilar Alegría o vetar a figuras que contaban con el apoyo mayoritario de la militancia, como Isabel García. En este contexto de derrota, surge la necesidad de que el socialismo aragonés recupere su autonomía y deje de ser percibido como una "correa de transmisión" de Madrid. Con la retirada de Javier Lambán, el partido se enfrenta a un proceso de renovación donde figuras como Darío Villagrasa aparecen como posibles sucesores para intentar recuperar la esencia del proyecto regional.