Feijóo, con cara de jaquequita, ha pedido “más discreción” y “menos ruido” sobre las negociaciones con Vox. O se lo ha pedido, sin mencionarla, a María Guardiola, que a lo mejor está pensando que quizá por eso mismo, por la discreción o por la jaqueca, nunca hemos sabido muy bien qué quiere hacer Feijóo con Vox. Feijóo chista y cierra los ojos y los postigos (parece que tiene un dolor de cabeza como de Bernarda Alba) porque Guardiola ha dado entrevistas diciendo cosas y no hay que decir cosas, o sólo hay que decirlas para adentro. Yo creo que esto le pasa al PP porque en realidad no sabe muy bien qué decir, que ya tiene guasa después de ocho años de Vox. Vox sí sabe qué decir y además siempre dice lo mismo, sobre todo porque, sin gobernar más que capillas de torero y ferias del pimiento, las promesas y los golpes al aire no cuestan nada. Vox aún no ha tenido la necesidad política de desdecirse o matizarse, de cambiar de opinión o de cambiarse la chaqueta o la rebequita, que es lo que parece que ha hecho Guardiola, con su cosa de llevar rebequita y estar estirándosela todo el tiempo buscando dignidad o contundencia, como las señoras de pueblo. Pero esto no le pasaría a Guardiola si el partido ya supiera qué tiene qué decir, o al menos qué no tiene que decir.
Feijóo, sin mencionar a nadie (ese tipo de advertencias, un poco pasivo agresivas, llegan incluso antes a su destinatario), pedía “menos comentarios en prensa” y “más avanzar”, y lo hacía desde la potestad pero también desde la distancia. La verdad es que uno no termina de saber si Feijóo da o no libertad a sus barones. Si hay libertad, no se les manda callar levantando el dedo, como aquella enfermera de los carteles de nuestra niñez, cuya suave autoridad era en realidad una crueldad antes de la inyección. Y si no hay libertad, no se les pide a los barones que avancen, que ya avanzaría Feijóo, siquiera con su lento velero de Génova. Feijóo, como siempre, no hace ni una cosa ni la otra, y además nos deja sin saber quién tiene que hacer lo que quiera que haya que hacer, si acaso hay algo.
Parece que lo que no ha sentado bien allá, en ese astillero perpetuo que es Génova, ha sido una entrevista de Guardiola, con un titular ambiguo y unas confesiones o desmayos ideológicos que ya son en sí concesiones o promesas a Vox. Pero vuelve a ser lo mismo. Es normal que Guardiola, que está en el foco, tenga que hacer entrevistas, y en una entrevista puede pasar casi de todo. Lo que no es normal es que, en medio de una negociación para formar gobierno con Vox, a un candidato del PP se le pregunte por el feminismo y no tenga ninguna indicación del partido sobre lo que debe decir, o lo que no debe decir, o por dónde se puede escapar. Quizá, claro, porque ni el partido lo sabe.
Para acabar con esta dinámica, el PP no puede pedir silencio, sino todo lo contrario: negociar
“El feminismo que defiendo estoy convencida de que es el feminismo que defiende Vox”, decía Guardiola en la entrevista, que aún empeoró cuando, por lo visto, por esas crudas necesidades del periodismo, titularon “El feminismo que defiendo es el feminismo que defiende Vox”. Es un gran cambio desde eso de hablar del “tufillo facha” de Abascal y su negacionismo de la violencia de género. Está claro que María Guardiola ha ido cambiando el discurso y el tono, poniéndose y quitándose la rebequita como un chubasquero. Pero no es que sea ella la rara o la aventurera, la moderada o la extremista, es que el PP aún no sabe contestar adecuadamente a las cuestiones que plantea Vox. Así que dejar a sus barones que improvisen es una dejadez y exigirles ortodoxia es un sinsentido. Lo único que queda, claro, es el silencio, ese silencio un poco lúgubre que pide Feijóo corriendo los visillos y tapando al loro. Pero el silencio no convence a nadie, el silencio no para a Vox, el silencio sólo te salva una tarde con jaqueca y sin ideas, pero al personal va a haber que decirle algo más pronto que tarde.
Las negociaciones políticas está bien que sean discretas, que son casi mercantiles y no es plan de que el votante se desengañe aún más. Sobre lo que no se puede arrojar silencio, ni una sábana ni un cubazo es sobre la ideología, sobre los principios y sobre los proyectos, porque enseguida surge la sospecha de que no los hay, o no los hay demasiado consolidados al menos. Hace mucho que el PP tendría que tener muy claras las líneas rojas a manejar con Vox, que no es sólo decir “la Constitución”, como ha dicho Feijóo con solemne pereza (además, ahora, el Tribunal Constitucional de Pumpido puede convertir la Constitución en cualquier cosa). Y no sólo las líneas rojas con otros partidos, sino las líneas azules suyas, las propias, al menos para que los barones no se atraganten con las entrevistas ni choquen con Génova, que más que choque (la propia Guardiola con su enfrentamiento con Vox) yo creo que sólo es pedir respuestas o alternativas que no se les dan desde aquel torreón sin ventanas.
Yo sigo convencido de que el hecho de que Vox gobierne, incluso más allá de sus vitrinas de folclórica y sus ferias del cocido, es lo único que puede desinflarlo y desmitificarlo. Y eso es mejor ir haciéndolo antes de las generales, claro. De hecho, yo aún dudo que Vox quiera gobernar, porque un populismo que no tenga el control total siempre va a quedar desarmado ante la realidad, como le pasó a Podemos. La impresión es que Vox sigue mandando en esa negociación precisamente por esto, porque su meta no es gobernar en Extremadura o en Aragón sino mantener el mito hasta las generales, y puede romper la baraja, la mesa y el botijo e ir a una repetición electoral. Para acabar con esta dinámica, el PP no puede pedir silencio, sino todo lo contrario. Negociar, pero exponiendo sus líneas rojas y sus líneas azules, y en caso de que fracase la negociación, que seguramente será por Vox, que todos sepan por qué (ni con la mitología más goda o artúrica detrás la gente sigue votando a partidos que resultan inútiles, sólo retóricos). E ir a otras elecciones, si hace falta, antes que seguir dejándose comer el sitio y la moral entre silencios y tinieblas, por mucho que el ambiente de convento o de faro de Génova invite a ello.
Te puede interesar
Lo más visto
Comentarios
Normas ›Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.
Regístrate para comentar Ya me he registrado