La devastadora guerra iniciada por EEUU e Israel contra Irán, que ha sacudido la de por sí convulsa región de Oriente Medio y puesto en jaque la economía mundial al desestabilizar los precios de la energía a nivel global, tiene un protagonista inesperado en su cuarta semana: Pedro Sánchez. La “actuación” del presidente, como es de suponer, no pasa por su implicación directa en ninguno de los frentes abiertos que asolan la región, sino más bien en uno en particular del que Sánchez es especialmente devoto: el frente mediático.
Y es que, como se puede leer en un artículo publicado por El Independiente el 23 de marzo: «En un vídeo difundido en las últimas horas por internet y del que se ha hecho eco la agencia estatal iraní Tasnim, un combatiente del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) se inclina sobre un misil balístico, despega una pegatina y la fija con cuidado sobre el fuselaje. En ella, el rostro del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y una frase que ha cruzado fronteras: la condena de una guerra “ilegal” e “inhumana”. “Gracias, presidente”, añade el rótulo».
El “misil balístico” con el que Marruecos ha logrado someter a Sánchez sigue siendo un enigma
Este peculiar agradecimiento iraní a Sánchez no es casual; responde a la decisión del presidente de denegar a EEUU el uso de las bases de Rota y Morón para acciones militares contra Irán.
Los vínculos Madrid-Washington no atraviesan su mejor momento; las relaciones entre Pedro Sánchez y Donald Trump han estado marcadas por tensiones diplomáticas significativas y desacuerdos en política exterior, sobre todo en el actual mandato de este último.
Los principales puntos de fricción, además del más reciente y crítico roce relativo a las bases militares andaluzas, incluyen:
• Gasto en Defensa y OTAN: Trump ha criticado reiteradamente a España por no alcanzar el objetivo de inversión en defensa del 2% del PIB. Durante cumbres de la OTAN, el mandatario estadounidense ha señalado a España por su contribución considerada insuficiente.
• Conflictos en Gaza e Israel: España ha mantenido una postura propia y crítica respecto a las operaciones de Israel y EE. UU., liderando una corriente europea que busca una política exterior más asertiva y menos subordinada a Washington.
• Guerra en Ucrania: Existen divergencias sobre el nivel de apoyo y la estrategia militar a seguir, en un contexto donde Trump ha amenazado con reducir la ayuda de Washington a Europa.
• Aranceles y Economía: Las amenazas de Trump de imponer aranceles a la Unión Europea y su política de "América Primero" chocan con la apuesta de Sánchez por el multilateralismo y el comercio regulado.
El 6 de enero de 2021, Donald Trump animó a sus seguidores a “marchar hacia el Capitolio”, incitando el asalto a la sede de la soberanía nacional estadounidense por una turba enardecida que, no solo provocó la suspensión de la sesión del Congreso que debía certificar la victoria electoral de Joe Biden y saqueó las oficinas del Capitolio; sino que se saldó con 5 muertos y más de 140 policías heridos. Está imputado en cuatro procesos judiciales penales (en los que se enfrenta a un total de 91 delitos graves) habiendo sido declarado, el 30 de mayo de 2024, culpable de los 34 delitos correspondientes a la primera de las cuatro causas; y nuevos archivos, publicados últimamente, lo relacionan con el escabroso escándalo de Jeffrey Epstein. Todo esto, lejos de pasarle factura, alimentó su delirio de impunidad y su firme creencia de que es omnipotente; confirmando lo que afirmó en aquel mitin de campaña en Sioux Center (Iowa) el 23 de enero de 2016: “Podría pararme en medio de la Quinta Avenida y disparar a alguien, y no perdería votantes”.
Es decir, Trump, con su estilo de liderazgo disruptivo, su retórica de conquista política o su intención de reconstruir un "imperio" bajo la bandera de "America First", ha devenido en el Gengis Kan americano que está por encima del bien y el mal, arrogándose el derecho de secuestrar presidentes, cambiar regímenes, bombardear países e incluso crear una Junta de Paz –presidida por él de forma personal e indefinida– que funciona como un mecanismo alternativo o supletorio de la ONU, a la que desdeña y considera ineficiente.
¿Por qué Sánchez presume de agallas para salvar al mundo de Donald Trump, cuando todos sabemos que es incapaz de salvarse ni a sí mismo, ni a España, de Mohamed VI?
A pesar del carácter megalómano y del inmenso poder que le confiere el cargo al inquilino de la Casa Blanca, algunos analistas han llegado a señalar que Sánchez se ha posicionado como un "faro europeo" de resistencia frente a las políticas de la administración Trump.
Y aquí radica la gran incógnita, objeto del presente artículo: ¿por qué Sánchez presume de agallas para salvar al mundo de Donald Trump, cuando todos sabemos que es incapaz de salvarse ni a sí mismo, ni a España, de Mohamed VI? Si osa plantarle cara a uno ¿por qué se pliega dócilmente ante los envites del otro?
Desde que hizo suyo en marzo de 2022 el posicionamiento promarroqui de Trump –postura adoptada bajo intensa presión alauí (crisis fronteriza de Ceuta y Melilla, espionaje con Pegasus, tensión migratoria y narcotráfico)–, cualquier decisión sobre el Sahara debía ser avalada por el Majzen, priorizando los intereses de este sobre los de España. Dinamitó las relaciones con Argelia, socio energético clave durante décadas, y dejó la política exterior española prácticamente intervenida.
Pedro Sánchez lleva cuatro largos años sumido en una espiral de cesiones a cual más humillante, impropias de un Estado soberano, ante un monarca –virtual– que lo es únicamente por compromiso dinástico, pese a no haber deseado nunca ser rey; y ahora pretende que creamos en su singular metamorfosis. Puede que, esmerándose en el uso de la propaganda y desempolvando el “NO A LA GUERRA”, su ilusoria conversión le haya sido de utilidad como gancho electoral para arañar algún que otro voto en las elecciones autonómicas de Castilla y León celebradas el 15 de marzo. Pero de ahí a erigirse en el “superlíder europeo” que se encara al “ogro americano”, hay un trecho que solo cabe en su distorsionada mente, la cual ha acabado por normalizar sus frecuentes incoherencias, contradicciones y paradojas.
Hasta ahora, el “misil balístico” con el que Marruecos ha logrado someter a Sánchez sigue siendo un enigma. Sin embargo, se infiere que es tan letal como el misil persa en el que se estampó su rostro. Solo así se explica que el presidente rinda total pleitesía a Mohamed VI mientras exhibe una firmeza impostada frente a Trump.
Abderrahman Buhaia es intérprete y educador saharaui
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