Opinión

El ministro de Exteriores saharaui abre la puerta a la farsa de la "autonomía marroquí" contra el sentir de su pueblo

El ministro de Exteriores saharaui abre la puerta a la farsa de la "autonomía marroquí" contra el sentir de su pueblo
Saharauis protestan en una manifestación para exigir el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui | Europa Press
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Durante las festividades en conmemoración del medio siglo de lucha y resistencia de la RASD, celebradas en la wilaya de Auserd (campamentos de refugiados saharauis de Tinduf) el 8 y 9 de abril, el titular de Exteriores saharaui, Mohamed Islem Beisat, concedió diversas entrevistas a medios nacionales e internacionales. Aunque sus intervenciones fueron mayoritariamente acertadas, erró por completo en las desafortunadas declaraciones recogidas por El Independiente el pasado 10 de abril.

En el artículo publicado por este diario, el ministro manifestaba: "La autonomía como una opción presentada al pueblo saharaui lo podemos discutir y lo podemos aceptar, pero nunca aceptaremos la autonomía como una solución dictada única y obligatoria (...). "Nosotros siempre hemos optado a la independencia del Sáhara Occidental, pero no podemos hacer de la independencia la única opción".

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Por si alguien pensara que las ofensivas palabras del canciller se han sacado de contexto, es precisamente el marco en el que se producen –una efeméride sublime y solemne– lo que obliga a someterlas a un análisis riguroso. Mientras el pueblo saharaui exhibe la fortaleza de su República en su quinta década de existencia, mediante una demostración de soberanía que combina un imponente despliegue militar con una vibrante programación civil, el señor Beisat saca a colación la patética maniobra expansionista de la "autonomía marroquí"; una farsa que el pueblo repudia por irracional e insultante. Resulta inaudito que el ministro, obviando la ocupación ilegal del territorio, insinúe que la autonomía es una opción.

Su "nosotros" es absolutamente excluyente: los saharauis, ya sea en el exilio, en la diáspora o en las zonas ocupadas, no renunciarán jamás a la independencia total del Estado que hoy lo nombra –a él– al frente de una cartera clave y decisiva. Es innegable que en la esfera pública, y sobre todo de cara a los medios, el discurso político debe articularse bajo los principios de la moderación y la templanza estratégica. Sin embargo, el ministro saharaui se ha decantado por una diplomacia blanda y defensiva, tan receptiva que bordea la capitulación. Es un craso error: el trato con el Majzen requiere solidez y firmeza, pues la claridad directa y sin cortapisas es el único lenguaje que entiende el régimen alauí.

Para nadie es un secreto que el talón de Aquiles del Polisario son las llamadas “negociaciones”. Los saharauis ganan todas las batallas en todos los frentes, pero en cuanto se sientan a negociar, las pierden todas. Evidentemente, al transitar por ese terreno pantanoso en sus comparecencias, Beisat adoptó una postura errática, emitiendo declaraciones impropias de un diplomático de su trayectoria.

Y es que la "negociación" –término anómalo, improcedente y viciado en su origen– es un agujero negro en el que el Polisario nunca debió adentrarse. La soberanía es innegociable; lo que está en juego es un territorio anexionado unilateralmente por la fuerza. En este escenario no cabe negociación alguna. Solo tendría sentido sentarse a una mesa de diálogo una vez que la potencia ocupante haya desalojado el territorio, únicamente para acordar asuntos de vecindad, reparaciones y cuestiones inherentes a la posocupación.

Es fundamental promover una diplomacia audaz y efectiva que aúne mesura y tenacidad, y no admita injerencias

Como veremos a continuación, en la cuestión del Sáhara Occidental no se procedió así, y lo que de facto era una renuncia, acabó disfrazándose de "negociación".

El 14 de noviembre de 1975, seis días antes de la muerte de Franco, se firmó el acuerdo tripartito de Madrid que dio luz verde a los ejércitos marroquí y mauritano para ocupar –a sangre y fuego– el territorio saharaui por el norte y el sur respectivamente. El Frente Polisario se enfrentó a los ejércitos de Hasan II y Moktar uld Daddah en una guerra abierta. El 5 de agosto de 1979 Mauritania claudicó y se retiró de la franja meridional del Sahara que había ocupado. Hasan II se quedó solo en la aventura expansionista que había vaticinado concluir en una semana.

A finales de los años ochenta, la situación se torno insostenible y Hasan II dio por perdida una guerra cuyo coste era ya inasumible. Apeló a la ONU en busca de un alto el fuego que le permitiera eludir el escenario bélico y escurrirse por los vericuetos del laberinto diplomático. Se accedió a su petición y el Consejo de Seguridad aprobó por unanimidad (el 27 de junio de 1990) un “Plan de Arreglo”, encaminado a alcanzar dos objetivos principales:

  1. Lograr un alto el fuego entre las dos partes en guerra (el Reino de Marruecos y el Frente Polisario), que sería declarado sin exigir la retirada previa del ejército marroquí del territorio y sin la transferencia de su administración a la ONU.
  2. Llevar a cabo un referéndum a través del cual el pueblo del Sahara Occidental ejerciera su derecho a la libre determinación. Es la consulta que Kurt Waldheim (Secretario General de la ONU) intentó materializar en 1975 para asegurar la correcta descolonización del territorio antes de la salida de España, frustrada por la invasión de Marruecos y Mauritania.

Y aquí hemos de incidir en un detalle, ¡de suma relevancia! que se pasó por alto interesada e intencionadamente: mientras que la propuesta de Waldheim permitía optar por la independencia o la integración en "otro país" (incluida España), el "Plan de Arreglo" limitó la elección a la independencia o la "integración en Marruecos" (lo cual, por razones elocuentes, es un auténtico despropósito). Es como preguntarle a alguien si quiere ser dueño de su propio hogar o si prefiere cederlo al asesino que lo allanó). Marruecos, abruptamente, pasó a ser "parte" en un proceso de referéndum de un Territorio No Autónomo que había ocupado militarmente, al que jurídicamente no le une ningún lazo y cuyo pueblo es titular del derecho a la libre determinación.

En consecuencia, el Polisario, que ganó la guerra, lo perdió todo con el "Plan de Arreglo"; el invasor no se retira del Sahara, y ahora, además, es “parte” de un referéndum cuyo sujeto de derecho es el pueblo saharaui. Por el contrario, Marruecos, que perdió la contienda, ganó con el "novedoso plan" lo que no logró en la guerra.

Para cumplir los dos propósitos del "Plan de Arreglo" –supervisar el alto el fuego y organizar el referéndum– el  Consejo de Seguridad estableció la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sahara Occidental) el 29 de abril de 1991, en virtud de la Resolución 690.

El 6 de septiembre de 1991 entró en vigor el alto el fuego, iniciándose la cuenta atrás del plan de paz. El cronograma otorgaba a la MINURSO un máximo de 26 semanas para ejecutar el referéndum y repatriar a los refugiados, dando por concluida su labor en el territorio en abril de 1992. Es importante destacar que el acuerdo vinculante del “Plan de Arreglo” (firmado por Marruecos y el Frente Polisario y aprobado por el Consejo de Seguridad) estipula que la lista de votantes para la consulta debe basarse exclusivamente en la actualización del censo español de 1974.

Los trabajos de la MINURSO avanzaban a buen ritmo. En noviembre de 1991 logró completar, en plazo, la tarea asignada para esa etapa: actualización y revisión del censo español de 1974. Tras identificar 1.498 fallecidos y 484 duplicados, la lista revisada quedó integrada por 72.361 nombres que, de acuerdo con lo convenido, conformarían el cuerpo electoral en el referéndum, o lo que es lo mismo, la lista definitiva de las personas con derecho a voto en la consulta. El siguiente paso sería, por fin, la concurrencia a las urnas; en un par de semanas, el proceso habría concluido.

La independencia del Sáhara era inminente. Para impedir este justo y feliz desenlace, Hasan II (con la aquiescencia del Consejo de Seguridad) ejerció una influencia determinante sobre Javier Pérez de Cuéllar. El entonces secretario general de la ONU, cuyo mandato expiraba en apenas dos semanas y, contraviniendo lo acordado e invalidando la labor de la MINURSO, dispuso que la lista de votantes, en lugar de limitarse a la población autóctona inscrita en el censo español, debía ampliarse para incluir los cientos de miles de colonos que Marruecos había aglutinado en el territorio.

Johannes Manz, al ver que el propio secretario general que lo había designado al frente de la MINURSO ahora se encargaba de sabotearla impúdicamente (cuando estaba a punto de alcanzar la meta marcada), presentó su dimisión; un acto que lo honra y dignifica como diplomático y como persona.

En resumen, los saharauis no supeditaron el alto el fuego a la retirada previa de Marruecos, ni a la gestión del territorio por la ONU. Incluso consintieron que Marruecos fuera "parte interesada" en un referéndum que solo les incumbía a ellos. Asimismo, en vez de oponerse tajantemente a la pretensión de Pérez de Cuéllar de alterar el censo electoral a última hora, la aceptaron sin objetar. Pese a contar con argumentos legales para impugnarla –dado que no se ajustaba a lo pactado y que la dimisión del Sr. Manz reforzaba su posición–, no lo hicieron. De este modo, se despojaron del único instrumento que garantizaba la transparencia de la consulta, constituía la razón de ser de la MINURSO y justificaba la presencia del Frente Polisario en el "Plan de Arreglo". Después de una tregua estéril de 29 años, el Polisario retomó finalmente la lucha armada el 13 de noviembre de 2020.

En conclusión, los saharauis deben reorientar su estrategia capitalizando los errores del pasado. Ante cualquier alto el fuego futuro, será imperativo exigir las garantías que se omitieron en 1991.

Por otro lado, la voluntad del pueblo saharaui de ser libre e independiente es incuestionable; su destino está trazado desde hace décadas. Así lo atestiguó la Comisión de la ONU que recorrió el territorio, de norte a sur, en mayo de 1975, y lo reafirman cincuenta años de resistencia. Por ende, el referéndum no es sino una mera formalidad para oficializar ante la comunidad internacional un sentimiento soberano ya consolidado. Esta consulta es patrimonio exclusivo de los saharauis, dada la condición del Sahara Occidental como Territorio No Autónomo; y debe desvincularse definitivamente de Marruecos, cuya consideración en toda esta historia es la de una fuerza ocupante que debe ser condenada y expulsada del Sahara.

Por último, es fundamental promover una diplomacia audaz y efectiva que aúne mesura y tenacidad, y no admita injerencias. Una acción exterior, en suma, a la altura de la dignidad de la RASD y de su pueblo.

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