Óscar Puente embiste también contra la Corona, que se le ha puesto delante como una vitrinita frágil, vistosa y volcable, como la cacharrería de esos elefantes de cacharrería. Óscar Puente, que es elefantiásico, proboscidio y pleistocénico, no es un ministro y tampoco es un macarra, o al menos no es un macarra por sí mismo. Es más bien una especie de apéndice velludo y verrugoso de Sánchez, ese depiladísimo puto amo que intenta no parecer terrenal quitándose los pies en las fotos y dejando el trabajo sucio a los esbirros de cornadura, testarazo o ventosa. Óscar Puente no es Óscar Puente en realidad, sino Sánchez con joroba de quita y pon, entrecejo de quita y pon, bruxismo de quita y pon, cuerno de quita y pon, pellejo de quita y pon. Óscar Puente no entra en una cacharrería, un fangal o una carpa de circo sin que sea voluntad de Sánchez, así que Óscar Puente no tiene nada con la monarquía, como no tiene nada con los trenes. Es Sánchez el que quiere la guerra simbólica o no tan simbólica contra la monarquía, y por eso pone, contra sus leones rampantes y flores de lis, a sus plantígrados fondones y sus flores de fango. Se viene plebiscito entre monarquía y república, que Sánchez ya no tiene más bestiario del que tirar ni más ideología que emputecer.

PUBLICIDAD

Óscar Puente ya sabemos que no atiende a los trenes, varados por los campos como toros de Osborne en llamas, como ventas del fino La Ina desguazadas, pero tampoco es que atienda ahora a la monarquía. Óscar Puente está muy activo últimamente, pero eso es porque se mueve, desbocado, como con tábano en el culo, todo lo que no se quiere mover Sánchez, ahí en su cubitera de la Mareta, pegado al hielo de su escritorio y de su ordenador como una gamba congelada, por un bigote finísimo como una baba y un par de patitas a punto de desprendérsele. Óscar Puente es toda la brutal antiinstitucionalidad, toda la brutal antipolítica que ni siquiera Sánchez, ya brutalmente antiinstitucional y antipolítico, se atreve a defender abiertamente, pero que es lo que más desea y necesita. Sí, desde dedicarle a Ayuso los gritos que ETA dedicaba a los que había matado o a los que les gustaría matar (“vosotros, fascistas, sois los terroristas”) a este señalamiento al rey Felipe por coincidir en un evento con Javier Negre y dejarse hacer una foto (el rey siempre está en una foto, como el sello que es, y siempre va a salir en todas las fotos, esté con quien esté y donde esté). 

Lo de Negre, un particular al fin y al cabo, un activista más o menos igual de activista pero diría que menos alineado que muchos otros que salen cada día en Tele Pedro con espada flamígera para fachas; todo esto, en fin, es sólo una excusa interpuesta a través de un esbirro interpuesto, pero eso es justo lo que le da magnitud, importancia. En realidad no es cierto que Puente esté ahí para distraernos de lo que importa. Al contrario, está ahí indicándonos siempre lo que de verdad le importa a Sánchez. Óscar Puente, cabeza de puente o de carnero de Sánchez, avanzadilla de la Moncloa con elefante percherón o con kraken viscoso, nos está diciendo lo que ya muchos sospechaban, que Sánchez se está preparando para el plebiscito definitivo. Lo han avisado muchos ya, y no soy capaz de decir qué columnista con flequillo de bardo o qué político con candil lo ha avanzado el primero, pero va teniendo pinta de que tenía razón. Sí, el plebiscito constituyente o más bien disolvente, el plebiscito entre monarquía y república, pero además el plebiscito sólo fetichista.

No será la república contra la monarquía, ni siquiera Sánchez contra la monarquía, sino el caos contra la democracia. O sea, Sánchez contra la democracia

Para este último truco, para esta última pingaleta desesperada, a Sánchez ya no le servirá su propia iconografía, ni siquiera la del dóberman de la derechona, ni siquiera la del franquismo como fascismo monjil, ni siquiera la de la Guerra Civil con Lorca con sus flores de duelo en el chaleco, ni siquiera la de nuestros borbones alfonsinos, vestidos de húsar como de torero, ni siquiera la de los otros borbones luisinos, con la peluca de seda enredada en la guillotina como un velo. No será un plebiscito contra la monarquía en abstracto ni en concreto, ni en lo que se refiere a su teoría política o teológica ni en lo que se refiere a las acciones o actitudes del rey Felipe VI, que en realidad es más republicano con su toisón de oro que nuestros republicanos con su puñito de arena. Será todo eso a la vez, será todo el fetichismo de eso a la vez, porque nuestros republicanos no son republicanos verdaderos, sino sólo fetichistas, y siguen sin distinguir la monarquía constitucional de la monarquía medieval, la forma de gobierno de la ideología y, lo que es peor, la res pública del botín dogmático o partidista. Será un plebiscito entre monarquía y república que ni siquiera nos dará la esperanza de una república a la francesa, sino sólo una república a la caribeña, con gorra de plato descomunal encima del arrugado chándal de guacamayo. 

Se viene el plebiscito, pero no será político, como nada es política en Sánchez, sino sólo interés y fetichismo, todo el interés propio y todo el fetichismo robado. El fetichismo de la sangre azul y de la sangre roja, de los jacobinos y de los puritanos, de las isabelonas y de los obreros, del fascismo africanista y de la república cursi y hasta falsa como la de Pericles, de Lorca con bastón de Antonio Gala y de Millán-Astray con ojo sacado por sus águilas, del franquismo de peseta y del juancarlismo también de peseta, todo a la vez y todo para nada, salvo para Sánchez. Óscar Puente viene ya al trote, si es que se puede trotar con los nudillos, embistiendo no contra el rey como jefe del Estado o como muñecote de cojín, no contra la monarquía como vitrinita más o menos simbólica, decorativa o pedagógica, sino contra la monarquía como mera expresión del orden democrático. No será la república contra la monarquía, ni siquiera Sánchez contra la monarquía, sino el caos contra la democracia. O sea, Sánchez contra la democracia, de nuevo. Su último intento, su última esperanza, con toda la iconografía negra y todo el bestiario atroz de los que disponen aún no sólo él sino España.