Opinión

Lindsay Clancy, la empatía de Tania Llasera y la empatía de Salvador Sostres

Lindsay Clancy, este lunes, durante una sesión de su juicio por el asesinato de sus tres hijos.
Lindsay Clancy, este lunes, durante una sesión de su juicio por el asesinato de sus tres hijos. | Greg Derr / Pool

Andan las redes un tanto revueltas con el caso de Lindsay Clancy, la mujer que está siendo juzgada en Estados Unidos por haber asesinado a sus tres hijos cuando su marido estaba de compras y cuya defensa trata de demostrar que la mujer no era responsable de sus actos en el momento en que se produjo el crimen porque era víctima de un tipo de brote psicótico posparto.

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Como aquello de esperar a que la sentencia dictamine si Clancy estaba o no en sus cabales cuando cometió la monstruosidad se puede hacer un tanto pesado, muchos comentaristas han decidido dictar sus propias sentencias en redes. Y parece que un grupo relevante de activistas justicieros han querido hacer pública su empatía hacia Clancy. No es algo especialmente novedoso: ya en 2008 se produjo en Estados Unidos el proceso a Casey Anthony por la muerte de su pequeña Caylee Anthony, y ya hubo quien parecía empatizar más con la madre. Hasta Aaron Sorkin colaba en su serie The Newsroom una defensa de Casey a través de un personaje episódico ficticio al que llamaba Lisa Lambert y que sufría vandalismo de los 'ultras' después de haber empatizado públicamente más con la mujer acusada de provocar la muerte que con la niña muerta.

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Desconozco si la que fue presentadora de programas nocturnos en Mediaset, Tania Llasera, vio ese capítulo de The Newsroom y se sintió inspirada por Lisa Lambert cuando decidió compartir en dos publicaciones de vídeo en sus redes sociales su visión sobre el caso. Visión que muchos interpretaron como una forma de expresar mayor empatía con la estranguladora Clancy que con los estrangulados Cora, de 5 años, Dawson, de 3, y Callan, de apenas 8 meses. Llasera es sólo una más de los muchos activistas que llevaban unos cuantos días con la campaña de victimizar a Clancy y poner el foco en el marido. ¿Qué estaba haciendo el padre de los hijos cuando aquello pasó? Seguro que él la tenía abandonada. Tiene fotos en sus redes sonriendo, seguro que en el fondo él fue el culpable. A Lambert le pusieron pintadas en su casa, mientras que a Llasera le han mandado muchos "saludos" otras cuentas de Internet, obligándola a retirar su primer vídeo sobre el tema.

En realidad el antecedente más adecuado de lo que ha hecho Tania Llasera no sería tanto un personaje ficticio como Lisa Lambert, sino un personaje real como Salvador Sostres. Al igual que Tania, Sostres decidió empatizar con el criminal ante el asesinato de una mujer rumana llamada Viorela por un hombre llamado Dorel. Al enterarse de que el motivo del crimen era que Dorel pensaba que el hijo que esperaba ella era suyo y resultó que era de otro, Sostres escribió su célebre artículo de "Un chico normal". No era un artículo de justificación –Sostres dejaba claro que Dorel merecía la cárcel por su crimen–, pero sí era un artículo de empatía, de explicar que entendía cómo Dorel quedó "roto" y en "shock" ante lo ocurrido, dado que lo que le habían hecho, a su juicio, también era un tipo de violencia, aunque al hacerlo parecía dejar en segundo plano que la víctima real del caso era Viorela.

"Un chico normal" causó un escándalo monumental, en las tertulias de radio y de televisión se puso el grito en el cielo ante la empatía hacia el asesino, y el propio Pedro J. Ramírez, entonces director del periódico donde escribía Sostres, pidió disculpas, reconoció que habían fallado los controles y anunció que el texto sería borrado de su web. Hay que decir que, pese a la fuerte campaña externa e interna para despedir al columnista, Ramírez mantuvo a Sostres en sus páginas, y con parte de su propia tripulación pidiendo su cabeza, en coherencia con su defensa de la libertad de expresión. Presiones que, es de suponer, también aguantaría por motivos similares el primer sucesor de Ramírez como director de El Mundo y director de este periódico.

La parte menos conocida es que Sostres, un mes después de publicar "Un chico normal", publicó otro artículo titulado "Una mujer normal". En él, de modo similar a como había empatizado con Dorel, lo hacía con G. P., una mujer que había acuchillado a su marido. La diferencia era que en esta ocasión nadie se escandalizó con Sostres, y el artículo no tuvo la menor repercusión, quedando únicamente como una comparativa original de cara a las hemerotecas.

Así que a Llasera y las demás zurradas en redes por haber empatizado con la mujer a la que se juzga sobre si estaba cuerda o no cuando estranguló a sus hijos les queda la posibilidad de decir, a modo de excusa, "simplemente nos hemos marcado un Salvador Sostres", aunque quizá no sea la mejor defensa de cara a su nicho de público.

Para informar del artículo de Sostres empatizando con Dorel, el diario El País tituló "El machismo se crece ante la igualdad"; para analizar el fenómeno de las que empatizan con Clancy ha optado por "Cuando la asesina es también víctima". Más criticable que el doble rasero ante hechos con elementos similares, pero también con elementos diferentes, es confundir el sujeto a la hora de utilizar determinados adjetivos.

A los tribunales les corresponderá dictaminar si Clancy estaba en un momento de locura mental inevitable o no cuando cometió el crimen. Pero leyendo comentarios en redes sociales sobre el caso existe la tentación de pensar que algunos perfectamente sanos mentalmente realizan exposiciones argumentaciones delirantes. Partiendo de la base de que empatizar con los causantes de muertes nunca parece un buen negocio, lo más abyecto será siempre olvidar que las verdaderas víctimas de estos casos serán siempre, en primera instancia, los que han dejado de respirar en contra su voluntad: Caylee, Viorela, Cora, Dawson y Callan. Algo que aquellos que quieran presumir de estar siempre con las víctimas no deberían olvidar.

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