El 22 de septiembre de 2016 apareció en la red un periódico nuevo, El Independiente. Abrió su portada con una entrevista de Victoria Prego a Alberto Núñez Feijóo, entonces candidato del PP a la presidencia de la Xunta. Faltaban tres días para las elecciones gallegas y España llevaba nueve meses con un Gobierno en funciones. Prego había contado la Transición en televisión; no tenía nada que demostrar. Entre sus primeras preguntas estuvo la de si los casos de corrupción de su partido que se juzgaban en los tribunales no iban a perjudicarlo. Feijóo contestó: «Todo influye». Después distinguió entre el PP de España y su Gobierno gallego. El 25 de septiembre obtuvo su tercera mayoría absoluta. Diez años después todavía recuerda la incomodidad de aquella entrevista.
Victoria Prego murió en Madrid en 2024. En el documental que le dedicó el periódico, María Rey resumió su escuela en cuatro verbos: «Ver, preguntar, escuchar, comprobar».
Feijóo ha vuelto hoy a aquellas páginas para felicitar al diario. En el aniversario firma también Félix Bolaños, ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, que celebra una cabecera cuyos principios dice no compartir del todo. El periódico se definió al nacer como liberal progresista y de centro. Prego había intervenido de manera especial en la redacción de esos principios. Feijóo elogia el derecho a preguntar y reprocha al Gobierno que desacredite a los periodistas incómodos. Bolaños advierte contra los intereses que interfieren en el debate público y dedica buena parte de su artículo a los logros de su Gobierno. Los dos felicitan con cortesía.
Hace dos semanas se supo que la Oficina de Comunicación del Ministerio del Interior había preparado en febrero de 2024 un documento titulado Tertulianos. Radio y Televisión. Son 54 folios y 281 fichas para 280 personas: una periodista aparece dos veces. Hay fotografías, trayectorias y, en muchos casos, apreciaciones sobre las ideas políticas de los fichados. Uno es un «reconocido anti-sanchista». Figuran el director de El Independiente, Casimiro García-Abadillo, y dos redactores. Al periodista que cubre el PSOE, la oficina le atribuyó ideas de izquierdas y apoyo a las tesis del Gobierno central.
Interior pidió disculpas a quienes se hubieran sentido ofendidos. Explicó que se trataba de un documento interno, de finalidad consultiva, y aseguró que no condicionó su trato con los periodistas. Esa respuesta debe recogerse completa. También hay que mirar qué había en las fichas. El Reglamento europeo de protección de datos somete las opiniones políticas a una protección especial y establece excepciones concretas. La calificación jurídica de este documento requiere un examen que un artículo de aniversario no puede sustituir. ¿Para qué necesitaba una oficina de prensa decidir qué pensaban las personas que podían llamarla para pedir información?
En el informe oficial de publicidad institucional de 2025, El Independiente no figura como destinatario de la inversión de ningún ministerio. El diario afirma que recibió cero euros; Interior, por su parte, invirtió 4,29 millones aquel año. Que una cosa decidiera la otra no está demostrado. Para saberlo habría que conocer los criterios de los planes de medios y si el documento llegó a quienes tomaron esas decisiones. Y las etiquetas las puso la oficina encargada de atender las preguntas de los periodistas fichados.
En el Reino Unido sería difícil imaginar que el Home Office elaborase 281 fichas sobre periodistas y anotara sus supuestas simpatías políticas. Al día siguiente, el ministro tendría que responder ante los Comunes: quién lo ordenó, quién tuvo acceso, para qué se guardaron. Aquí esas preguntas siguen sin respuesta.
Algún día, quizá uno de esos tres periodistas llamará al Ministerio del Interior para pedir un dato. Al otro lado responderá, con toda corrección, la oficina que preparó su ficha
Un periódico puede tener una posición, y al lector le conviene conocerla. La información exige otra disciplina. El Tribunal Constitucional estableció en 1988 que veracidad no significa exactitud absoluta: exige comprobar los hechos con diligencia. Un documento debe poder leerse, una cifra debe tener procedencia y la persona señalada debe disponer de ocasión para responder. Quien haya instruido una causa conoce el riesgo de enamorarse de una hipótesis y empezar a escoger los indicios que la favorecen.
Ese trabajo lleva tiempo. Hoy una noticia falsa puede difundirse en miles de copias antes de que el medio publique una corrección. Los vídeos recortados y las respuestas automáticas compiten por la atención con una ventaja: pueden parecer concluyentes sin haber tenido que llamar a nadie. Tampoco basta con vigilar al Gobierno: están los propietarios, los anunciantes, las fuentes que regalan una exclusiva a cambio de benevolencia y, al final, los lectores. El 33 % de los españoles confía en las noticias en general; el porcentaje sube al 42 % cuando se les pregunta por las que consumen. Detrás de esos nueve puntos puede haber fidelidad a un medio fiable. También la comodidad de quien siempre te da la razón.
Los políticos tienen derecho a discutir una investigación, señalar un error y criticar una columna. Feijóo sabe lo que vale una pregunta sobre la corrupción de su partido: la ha recordado diez años después. Bolaños forma parte del Gobierno cuyo Ministerio del Interior elaboró las fichas de tres periodistas del diario que hoy felicita. A ninguno de los dos se les pide que celebre cada noticia que le concierna. Se les pide que acepten el derecho del periódico a publicarla.
Pasarán las felicitaciones. Algún día, quizá uno de esos tres periodistas llamará al Ministerio del Interior para pedir un dato. Al otro lado responderá, con toda corrección, la oficina que preparó su ficha.
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