El candidato del PP a la presidencia de la Xunta de Galicia, y seguro ganador de las elecciones del próximo domingo, lucha sin embargo en estos días de campaña para asegurarse la continuidad en el poder, algo que, en su precavida opinión, dice no tener asegurado. Comprometido ante sus electores con algo esencial en estas circunstancias, como es el no mentir nunca a los gallegos, aborda para El Independiente con tranquila sinceridad el paisaje político en su Comunidad y el panorama nacional dominado por los casos de corrupción que en las últimas semanas han acosado a su partido.

Pregunta.- En estas elecciones carga usted con varias mochilas llenas de piedras, que no son suyas y con las que tiene que hacer la carrera final. ¿Usted cree que va a poder con todas ellas?

Respuesta.- (se ríe) No sé a qué mochilas se refiere…

P.- Me refiero a la mochila Gürtel, a la mochila Barberá, a la mochila Soria, a la mochila investidura fallida…

R.- Sí, pero yo creo que los gallegos vamos a distinguir qué ocurre en la política nacional y qué ocurre en la gallega. Sabemos distinguir entre una realidad política y otra. Y el hecho del bloqueo a España ha impactado a todos los ciudadanos. Espero que los gallegos también tomen nota y puedan elegir un Gobierno que no esté en funciones nueve meses sino a un Gobierno que a las ocho de la mañana del lunes siguiente al domingo en que votamos empiece a trabajar.

P.- ¿Usted considera que los casos de corrupción que afectan a su partido y que están juzgándose ahora en los tribunales no van a dañar su candidatura?

R.- Todo influye y, como es lógico, a nadie le gusta que ocurran en su formación política cosas que han hecho mucho ruido. Después veremos su trascendencia real y el poso que dejan. Pero, claro, es que los gallegos tendrán que medir los casos de corrupción en Galicia. Y yo llevo ocho años de presidente y no he tenido ningún caso de corrupción en mi Gobierno. Sin embargo, fíjese, en ese tiempo he conocido a tres secretarios generales del Partido Socialista y a tres portavoces nacionales del Bloque. Y el candidato del PSdeG hoy lo es por los casos de corrupción del secretario general anterior. Yo creo que todas estas cosas los gallegos sabemos distinguirlas.

P.- Es decir, que usted cree que no tiene que convencer a los gallegos de que usted no tiene nada que ver con la mangancia generalizada de su partido que está saliendo ahora en los tribunales.

En la Transición, no se discutía que las campañas de Adolfo Suárez o Felipe González estaban financiadas por alguien

R.- Mire, yo no puedo ocultar que soy del Partido Popular, sería absurdo. Soy militante y miembro del Comité Ejecutivo del PP en España y las cosas que afectan en casa nos afectan a todos. Pero lo que sí tengo muy claro es que, mientras yo sea presidente, no voy a aceptar casos de corrupción en mi partido y no voy a nombrar en el Gobierno a nadie dudoso. Y, si lo nombro y observo algo, lo ceso. También es verdad que hay cosas que son legales y que no tienen ninguna tacha desde el punto de vista legal pero hay razones que aconsejan no hacerlo. Y tienes que tener la habilidad y el olfato para no hacer cosas que son justas pero que en ese momento son inoportunas. Yo he intentado guiarme con esa metodología y con esa forma de entender cómo se circula en este momento en España, que es un país inflamado y con un enorme incendio. Hay cosas que en la España normal no producirían los efectos que están produciendo ahora y, sin embargo, ahora los producen. Y hay que aceptar que éstas son ahora las reglas del juego. Ahora. Del mismo modo que no se discutía en la época de la Transición que las primeras campañas de Adolfo Suárez o de Felipe González estaban financiadas por alguien, ¡y ese alguien eran empresarios que querían pasar del régimen de Franco a una democracia y financiaban partidos políticos! Yo cuento una experiencia que la viví yo: en el año 90 Fraga gana las elecciones en Galicia. Yo era un letrado de la comunidad autónoma en la Consellería de Hacienda. Estábamos esperando que entrase Fraga en las dependencias del edificio donde estaban la mayor parte de las consellerías. Y Fraga aparece de pronto con un Volvo blindado gris. Y dijimos: «Oye, y ese Volvo, ¿quién se lo ha comprado?». Porque yo estaba en la dirección general de Patrimonio y allí no habíamos iniciado ningún expediente de compra. Entonces me aclararon que se lo había regalado -espero que no se moleste la familia- Emilio Botín. ¿Usted se imagina que en este momento a un presidente del Gobierno de España o a un presidente de la Xunta le regale un Volvo o un coche blindado un banquero? ¡Eso sería imposible! ¡Un escándalo! Bueno, pues Fraga estuvo un tiempo con ese Volvo y al final llegamos a una conclusión: «Oye, fíjate que trae un Volvo que le han regalado y por lo menos no le hace gasto a la comunidad autónoma». O sea, lo que pensamos entonces fue, primero, que era un hombre con mucho peso. Segundo, que le respetaban mucho porque le regalaban ese coche. Y, tercero, que a la Xunta no le cuesta nada el coche del presidente. En fin, que las cosas hay que interpretarlas en el momento en que se producen.

P.- ¿Quiere decir que el caso Soria y el caso Barberá hubieran tenido un tratamiento distintos hace 10 años?

R.- La respuesta es, sin duda, sí. Mire, ¿cuántos ministros de los Gobiernos de González y de Zapatero están en multinacionales? Pero, además, a los pocos meses de dejar el cargo. ¿Cuántos directores generales de Farmacia de los Gobiernos socialistas han ido a laboratorios? Yo he sido presidente del Insalud y a mí me han pedido entrevistas los presidentes de los laboratorios multinacionales más importantes de España y, cuando veía el currículum de la persona con la que me iba a entrevistar, resulta que había sido director general de Farmacia en el ministerio de Sanidad. Claro, las cosas se han ido perfeccionando, han ido mejorando, y en mi opinión en este momento conviene un poco de sosiego y un poco de debate porque al final, ¿cuáles son las alternativas de un político cuando finaliza su mandato? ¿De verdad queremos alejar a la gente con formación y que tenga otras posibilidades profesionales fuera de la política? En este momento hay gente que sí quiere hacer eso. El planteamiento populista es lo que pretende cuando dice: «No, es que un político no puede cobrar más de 1.500 euros». ¿Y los que están cobrando más porque son abogados del Estado, o abogados, o empresarios, o buenos médicos, o arquitectos, ya no pueden ser políticos? Ese tipo de cosas, honradamente, me parece que tienen una relación sutil, soterrada e intencionada con el populismo, que es lo que está de moda en este momento.

P.- ¿Usted defiende, entonces, la validez de las llamadas puertas giratorias en determinados casos?

R.- A mí lo que me parece bien es regular a qué empresa se puede ir un político al finalizar el mandato, pero me parece que eso de que ningún político pueda irse a ninguna empresa es un verdadero disparate.

P.- ¿Y viceversa, que un empresario no pueda pasar a la política?

¿De verdad que queremos un país con políticos que no tengan dónde ir?

R.- Otro disparate, una falta de riqueza de la política, que llevará a que en la política vaya a haber exclusivamente funcionarios de cuerpos medios o bajos. En la política deberían estar, no sé si los mejores, pero sí un extracto de gente que tenga capacidad de ganarse la vida fuera y que no dependa de la política para vivir, sino que la política sea para ellos un compromiso de unos años. ¿De verdad que queremos una España con políticos, ya no sólo mediocres, sino con políticos que no tengan a dónde ir? ¿Nuestro objetivo es tener una España en la que, por el hecho de dedicarse a la política, las personas sean sospechosas de corrupción? ¡No puede ser éste el modelo, lo tenemos que cambiar! Porque si no, iremos de fracaso en fracaso. ¿Por qué ha bajado tanto el nivel de la política en España? Pues porque ha bajado el nivel de los políticos. Oiga, esto es una mediocridad que empieza a producir efectos sociales, económicos y de convivencia en nuestro país.

P.- Por lo que se refiere a la corrupción en su partido, ¿está usted en condiciones de presentarse como antídoto de lo sucedido?

R.- Yo asumo para lo bueno y para lo malo lo que ha hecho mi partido. Me parece que al que diga «es que yo soy mucho mejor que la organización a la que pertenezco y mi organización es mala pero yo soy bueno»,  habría que preguntarle «¿y tú por qué estás aquí, por qué no te vas?”. Mi partido ha hecho cosas incorrectas, sin duda. Pero, de la misma forma que tenemos el asunto de la retribución de los políticos sin resolver desde el comienzo de la democracia, teníamos sin resolver el problema de la financiación de los partidos políticos. Siempre mirábamos para otro lado, siempre se aceptaba que un partido necesitaba hacer una campaña y, por lo tanto, necesitaba ayuda. Eso se veía como algo normal. Y como no queríamos cargarlo al presupuesto del Estado lo cargábamos a donativos, o a financiación de empresas. Claro, ocurre que cuando tú no regulas una cosa, siempre hay gente que se aprovecha de la falta de regularización. Y ahí nace la corrupción y nacen las personas que trincan y que se enriquecen a costa de un magma, de una zona opaca. Y ahí es donde nosotros hemos tenido un problema gravísimo. La financiación de los partidos está detrás de más del 80% de los problemas de corrupción que hemos tenido en España. Todos los partidos políticos se han financiado durante mucho tiempo mediante aportaciones de empresas. Y quien lo discuta y a quien se lo niegue, no le crea.

P.- ¿Cuando dice «nosotros», dice el PP o dice todos los españoles?

Yo asumo para lo bueno y para lo malo lo que ha hecho mi partido

R.- ¡Todos los españoles! Desde luego, es el caso del PP y, por supuesto, del Partido Socialista. Porque  lo de Filesa tiene ese mismo origen. Aunque lo de los ERE ya me parece un asunto más grave. Recibir un donativo de una empresa es un asunto muy complicado porque todo aquello que no se contabiliza siempre da lugar a sospechas. Pero, claro, utilizar dinero público para ganar y montar una estrategia y una estructura imbatibles y que, elección tras elección, haya miles de personas que me deben lo que cobran y, en consecuencia, me deben su voto…. ¡Es que estamos hablando de más de 740 millones de euros! Esa cantidad es probablemente mucho más de lo que se han gastado todos los partidos políticos en las campañas electorales desde el año 78. En fin, yo tengo las responsabilidades que me corresponden como miembro del Partido Popular y lo que sí puedo asegurar es que me quedé muy tranquilo cuando se aprobó la ley. Se lo comenté al presidente cuando tuvimos el lío de Bárcenas, la vergonzosa situación de una persona que va apuntando en una libreta para preconstituir pruebas y, en consecuencia, cubrir sus actividades delictivas e intentar manchar a una organización aprovechando su situación. Yo le dije: «Oye, di que ningún partido político en España puede recibir ni un euro de ninguna empresa». Él me contestó: «¡Eso es un disparate! ¿Cómo vamos a decir eso si en todos los países hay donativos a los partidos políticos?». «Sí, pero en el momento en el que estamos, en mi opinión, hemos de regular eso y, a lo mejor, dentro de una década, o de dos, se puede hacer de otra forma». Así que me quedé muy tranquilo cuando vi esa ley. Yo también regulé, incluso no sé si de una forma más estricta, pero desde luego más clara, que en Galicia un partido político no puede recibir un euro de ninguna empresa.

P.- Pero sí pueden recibirlo a través de sus fundaciones.

El partido con más experiencia de gobierno es el que de forma más irresponsable se está comportando con España

R.- Nosotros no gastamos de eso.  Es decir, ¡cero! Nosotros no podemos recibir ni un euro de ninguna empresa. Y a partir de ahí, cuando se promulgó esa ley en el Parlamento gallego, me dije: «Oye, yo creo que he contribuido, primero, a dormir en paz. Segundo, a que en Galicia, por lo menos hasta que cambie la situación porque lleguemos a otras conclusiones, tener las cosas claras. ¡Y estar tranquilo!». De modo que, aquí, si un compañero recibe dinero de una empresa, ¡le tengo que echar y le voy a echar porque no se puede recibir! Y ya está. ¡No se puede! Luego nos sentamos con los demás partidos y pusimos unos mínimos para poder hacer una campaña con visibilidad y que la gente al menos se entere de que estamos en campaña electoral.  Pero yo creo que eso lo hicimos tarde. Deberíamos haberlo hecho desde el principio, en cuanto surgieron las primeras cosas. Lo que pasa es que no es fácil en este momento conversar, no es fácil conversar con el Partido Socialista, 22 años en el Gobierno de España. ¡Y no podemos conversar de nada! ¡Es curioso que el partido con más experiencia de gobierno de España es el que de forma más irresponsable se está comportando con España!

Alberto Núñez Feijóo

Alberto Núñez Feijóo durante la entrevista | GIULIO M. PIANTADOSI

P.- Pero usted tiene ahí un capítulo difícil, que es el señor Baltar, que está investigado por presunto cohecho y tráfico de influencias por una oferta de empleo a cambio de servicios sexuales. La oposición pide que prescinda usted de él, pero usted no prescinde y el presidente Rajoy lo avala con sus gestos.

R.- No. Hay una denuncia de una mujer que dice que le pidió un puesto en la Diputación de Orense, que mantuvo algún tipo de relación con él, pero que no le dio ese puesto y le ha denunciado. Hombre, esto es así: si tú prevaricas y me das un puesto en la Diputación de Orense, yo te facilito esto. Y si no me lo das, te denunciaré. Hay que decir dos cosas: la primera, que el fiscal ha pedido dos veces el sobreseimiento. Y el  juez ha dicho que va a investigar pero, ¡ah!, a la persona que denuncia, o sea, a la denunciante. El juez la considera también denunciada porque estaba incitando a la comisión y ejecución de un delito. Y, segundo, el señor Baltar no le da ese puesto de trabajo. A mí me hubiese preocupado que le hubiese dado ese puesto y después le hubiese denunciado porque no era el que ella buscaba. Pero es que no se lo da. Y una investigación no es una sentencia. Ésta es la situación en la que estamos en este momento. Pero es que hay políticos en activo, aquí en Galicia -alcaldes de grandes ciudades-, que está imputado él y están imputados los concejales que conforman buena parte de su Gobierno por enchufes, por meter a cuñados o a cuñadas en empresas que trabajan para los ayuntamientos. Y, oye, ¡nos dan lecciones! Son gente del Partido Socialista, en Vigo, es el presidente de todos los alcaldes de España. ¡Y nos dan lecciones! Que a mí no me gusta obviamente el contexto y el contenido de esa denuncia contra Baltar, eso por supuesto. Ahora, que si en el curso de las investigaciones se ve otra cosa, entonces… Yo ya lo he dicho: estaré atento y actuaré en consecuencia, pero no le voy a cortar la cabeza política a Baltar con los datos que hay hoy disponibles.

P.-  ¿Le parece que la corrupción no cuesta votos en España?

R.- Sí, sí cuesta votos. Es verdad que los efectos que producen las cosas no son los mismos en Galicia que en Andalucía. Si en Galicia nos hubiesen demostrado que en el Gobierno de Fraga, por ejemplo, ¡o en el mío!, hubiésemos utilizado ese dinero para los ERE, el Partido Popular de Galicia hubiera tenido imposible ganar unas elecciones, por lo menos durante un tiempo. Sin embargo, en el sur se siguen ganando las elecciones y se sigue gobernando. Y además se nos sigue pidiendo a nosotros muestras de rigor y de ejemplaridad. Fíjese, durante la semana pasada el señor Rajoy era un político sospechoso porque no conseguía que Rita Barberá abandonase el escaño del Senado y, a las 48 horas, 6 años de cárcel para Griñán, 10 años de inhabilitación para Chaves y dicen: «Esto no se puede prejuzgar y nosotros les apoyamos». No hay un mínimo de coherencia en los planteamientos. Es que los dos han sido los números uno del Partido Socialista Obrero Español. Eso es como si Aznar y Rajoy estuvieran investigados por el Supremo y a Aznar se le pidieran seis años de cárcel y a Rajoy diez años de inhabilitación. Y nosotros siguiéramos dando lecciones al Partido Socialista y a su secretario general. ¡Bueno, pues esto es lo que está ocurriendo con el señor Sánchez! Oiga, sus mayores, sus líderes, los presidentes de su partido desde Felipe González, los dos, están en esta situación. ¡Y usted dice que no puede pactar con Rajoy porque en nuestro partido ha habido corrupción! Este lenguaje y esta falta de la más mínima coherencia es un insulto a los ciudadanos. Esto sí que rompe las convivencias democráticas mínimas. Mire, hemos cometido errores. Bien, saldemos nuestras deudas. Pero insisto, España no puede verse afectada por ello.

P.- Para concretar. ¿Usted apoya lo que ha hecho el Gobierno con el caso Soria? ¿Y lo que ha hecho su partido con Rita Barberá?

R.- Yo me expresé inmediatamente porque estaba en Madrid y era inevitable. Cuando me enteré de que Soria había sido designado para el Banco Mundial yo me manifesté en contra. Dije que ese nombramiento era muy difícil de entender y mucho más difícil de explicar. Hablé con José Manuel Soria porque él me llamó después de esas declaraciones mías. Le dije lo mismo. Estoy convencido de que Soria, desde el punto de vista técnico, de formación, de currículum, es perfectamente merecedor de esa plaza. Pero desde el punto de vista de la oportunidad era un grave error. Y en el asunto de Barberá, hubiese sido mejor que hubiese entregado el acta de senadora, sí. No lo hizo y entramos ya en el ámbito de su responsabilidad. Pero, fíjese, si revisamos la hemeroteca, ¿cuántos diputados y cuántos senadores han estado investigados en el Tribunal Supremo y han mantenido su acta? Decenas. ¿Cuántos ministros del Gobierno de España han estado en el Tribunal Supremo y han mantenido su ministerio? No tengo nada en contra del ex ministro de Fomento socialista [José Blanco] pero…

P.- Le sobreseyeron la causa.

R.- ¡Sí, sí, por supuesto! Pero se mantuvo de ministro y luego fue eurodiputado.

P.- Entonces, ¿por qué cree que su partido le pide a Rita Barberá que abandone sus filas y ella no renuncia a su acta de senadora?

R.- Porque la situación política ha cambiado. Claramente, no por otra cosa. Porque insisto, que haya un ministro del Gobierno de España hace cuatro o cinco años que haya estado investigado por el Supremo (aunque felizmente el Supremo haya archivado la causa) y que no se discutía, al menos con esta virulencia, que podía seguir siendo ministro y diputado y después candidato y eurodiputado, ¡pues ya me dirá usted!. Ministro ¿eh?, no diputado, no. Ministro. Y no estamos hablando de mil euros, que es el asunto de Barberá. Estamos hablando de una persona con la que come, con la que se ve, con la que para en una gasolinera y que le dice que le da 200.000 euros para la campaña. Así que yo vuelvo a reiterar: soseguemos el debate. Proporcionemos la queja, proporcionemos la crítica. No digo que no estemos encima, no digo que no haya personas a las que hay que echar de la vida política. Lo que digo es que ordenemos el debate, prioricemos lo importante de lo que no lo es, seamos inflexibles con lo importante y esperemos con lo demás a ver cómo discurren las cosas. Hay que establecer un protocolo de actuación. Si no, esto no es posible.

P.- La presencia de Rajoy, en estas circunstancias, ¿le ayuda o le perjudica?

R.- Rajoy, en los sitios a los que va, me ayuda. Siempre. Es más, él me dijo: «Tú vete a las ciudades y yo voy a los pueblos». Va a los pueblos y a la gente le gusta que el presidente del Gobierno, un gallego, vaya con ellos y les escuche. Rajoy sí me ayuda en todos los lugares a los que va.

P.- Los últimos sondeos le dibujan a usted cerca de la mayoría absoluta. ¿Tiene usted miedo?

¡Sí! Tengo miedo a no sacar la mayoría. Pero siempre ha sido así

R.- ¡Sí! (se ríe a carcajadas). Miedo a no sacar la mayoría. Pero mi vida política siempre ha sido así. Confío en el pueblo gallego (sonríe), confío en mi pueblo. Sé que en este momento no hay mayorías absolutas y que lo que yo les pido a los gallegos es una excepción, una especie de referéndum en el que «si usted no tiene el 46% del voto, usted pierde». Caray, escuchar a los candidatos alternativos decir: «Sabemos que el PP va a ganar pero yo quiero ser el presidente de la Xunta»… Yo sería incapaz de presentarme en un mitin o una rueda de prensa o un debate diciendo: «Le vamos a echar a usted del poder y yo voy a asumir el cambio». ¡Pero si usted va a perder las elecciones y acaba de aceptarlo! Más del 98% de los gallegos en cualquier encuesta que observemos dice que va a ganar el PP. Y, sin embargo, siendo esto así, oye, pues no, «le vamos a echar». Estas cosas debemos regularlas. No estoy cuestionando el régimen parlamentario, lo que estoy diciendo es que en un régimen parlamentario hay que utilizar el parlamento para completar a aquellos que ganan las elecciones. Pero lo que no se puede hacer es utilizar el parlamento de forma sistemática para impedir que el que gane gobierne, para impedir que el resultado de las urnas se convierta en gobierno. Entonces el régimen parlamentario pierde su espíritu y su inspiración. Porque si llegamos a la conclusión de que da igual lo que votes, porque los políticos van a hacer lo que quieran, la participación será cada vez inferior.

P.- Está usted pidiendo directamente su voto a los votantes de Ciudadanos.

R.- Sí.

P.- ¿Por qué?

R.- ¡Porque lo necesito! Necesito su voto para que no gobiernen las Mareas de Podemos, los nacionalistas y los socialistas. Y porque si la mitad de sus votos confían en mí, yo voy a tener mayoría estable, mayoría absoluta y, por lo tanto, vamos a conseguir lo que los votantes de Ciudadanos y yo queremos: que a Galicia no venga el populismo. Por lo tanto, los votantes de C’s , en este caso, van a tener la llave.

P.- Pero Ciudadanos puede pactar con usted.

R.- Ciudadanos no va a tener representación parlamentaria.

P.- ¿Está usted seguro?

R.- ¡Absolutamente! Si estuviese seguro de lo contrario estaría mucho más tranquilo. Si yo supiese que Ciudadanos puede sacar dos escaños, me vería usted de otro modo y a la pregunta: «¿Usted tiene miedo?», le habría dicho: «No». Pero le he respondido «sííií». ¿Por qué? Porque en las últimas elecciones generales [junio de 2016]  Ciudadanos sacó 133.000 votos. Escaños, cero. En las de diciembre, C’s sacó 147.000, es decir, 14.000 más. Y sacó un diputado. Sin embargo, el hecho de que desde diciembre, generales, a junio, siguientes generales, le explicásemos a la gente que el voto a Ciudadanos no es un voto que cae a favor de Ciudadanos sino que es un voto que cae a favor de un diputado de Podemos, hizo que la gente lo entendiera. Y sólo con 14.000  votos de diferencia, el PP recuperó dos diputados a Cortes. ¡Sólo con 14.000 votos! Por lo tanto, con la mitad de los votos de Ciudadanos yo aseguro a todos sus votantes que no vamos a tener un gobierno con las Mareas de Podemos. Se lo aseguro. ¡No puedo ser más explícito! Si los votantes de C’s me dan su confianza, habrá una mayoría estable en Galicia y tendremos un gobierno hasta el año 2020.

P.- ¿Y si no se la dan?

R.- Si no me la dan lo vamos a pasar mal. Vamos a estar en el entorno de la mayoría menos uno, más uno, mayoría exacta… En fin, será un sorteo en el que los restos, por la ley electoral, las décimas, 100 votos en un sitio le pueden dar un diputado al PP y la mayoría absoluta, o le pueden dar un diputado a Mareas o a los nacionalistas. Pero fíjese lo que pasa aquí. La expresión más clara del problema que tenemos con la socialdemocracia en España es que ha dejado de existir. Ibarra [Juan Carlos Rodríguez  Ibarra] lo ha dicho claramente: «Si mi partido pacta con Podemos, yo me iré del partido». Pues si viene a Galicia el ex presidente de la Junta de Extremadura se encontrará con que su candidato lo que ha dicho es que él va a pactar con las Mareas de Podemos y va a constituir un gobierno alternativo al PP. Y su candidato va de tercero en las encuestas. Primero va el PP, segundo las Mareas y tercero, él. Es decir, que la máxima aspiración en este momento del Partido Socialista en Galicia es ser vicepresidente de un gobierno de Mareas.

P.- ¿Qué ofrece usted a los gallegos que no ofrezcan los demás?

R.- Bueno, para bien o para mal, los gallegos me conocen (se ríe). Soy Alberto Nuñez Feijóo, con mis problemas, con mis defectos y mis imperfecciones. Pero yo les ofrezco, primero, algo que conocen y que pueden valorar. En segundo lugar, les digo que mi discurso es mi trabajo. He intentado que Galicia se mantuviese en pie durante la tormenta económica perfecta. Hoy Galicia es una comunidad solvente, viable; tenemos viabilidad económica para mantener la sanidad, la educación y los servicios sociales; Galicia está creciendo; llevamos 33 meses bajando el paro, que ha caído un 10% este año. Yo les ofrezco una cosa fundamental: que no les voy a mentir. No lo he hecho y no lo voy a hacer. Y les ofrezco algo que creo que no es menor: durante estos ocho años conozco Galicia mucho mejor que antes y, por lo tanto, les ofrezco un presidente que es presidente. Lo que no les ofrezco es un lío de tres o cuatro que se van a pelear por las consellerías y por otras cosas. Unos a favor del referéndum de autodeterminación, otros diciendo: «Oye, pero no al principio de la legislatura»; otros: «No, lo hacemos en la siguiente legislatura cuando volvamos a ganar». No, lo que yo ofrezco es una Galicia segura, una Galicia que funcione y una Galicia cordial.

P.- ¿Y qué hará usted si pierde?

R.- Pues es una pregunta que todavía no me he hecho porque mi objetivo es ganar. Pero claro que tendríamos que entrar en un proceso de reflexión. Los ex presidentes no suelen ser los líderes de la oposición. No suelen. En consecuencia, mi partido tendría que tomar una decisión. En el tiempo que quieran y con la tranquilidad que se quiera. Pero yo creo que para mi partido no es bueno que yo sea el jefe de la oposición. He sido presidente ocho años y me parece que no es muy compatible una cosa con otra.

P.- ¿Dañaría esa hipotética derrota su perfil de delfín, de posible futuro líder nacional  del PP?

R.- Vamos a ver: ese acuario no está abierto (se ríe). Mi experiencia es la contraria: el que más suena es el que menos posibilidades tiene. En segundo lugar, si uno es gallego, y usted lo es, entiende lo que es para alguien ser presidente de la Comunidad. Y si lo es, además, tres veces consecutivamente y en un momento en el que no hay mayorías absolutas en España, eso es un sueño de una enorme intensidad. Por lo tanto, a mí no me quita el sueño ninguna otra posibilidad.

P.- Pues si gana, va a tener usted un problema. ¿Cómo va a conciliar su trabajo de presidente de la Comunidad autónoma con el trabajo de padre, que es grandísimo?

R.- (Se ríe). Bueno, eso tiene una ventaja, que es que mi oficio lo conozco y que todo lo que he aprendido en estos años de presidente me va a valer para ser otra vez presidente. Ese tiempo lo tengo que dedicar lógicamente a algo que puede ser lo más importante de mi vida. Digo puede ser porque todavía no tengo posibilidad de confirmarlo.

P.- O sea, que está usted dispuesto a dedicarse al niño…

R.- Hombre, no sé, nunca he sentido esa sensación..

P.- No sabe a lo que se enfrenta.

R.- No sé a lo que me enfrento. Pero es una decisión muy meditada. Siempre he dicho que quería tener un hijo. Tengo mi propia opinión sobre los temas matrimoniales, pero, en fin, ésa es una cuestión muy personal. Creo que la paternidad y la maternidad es algo que, si uno puede, y al final podemos casi todos, debemos hacerlo.

P.- Está usted encantado.

R- Sí. La respuesta es que sí.

P.- Por último, la pregunta del millón. ¿Va a haber terceras elecciones?

No sé a lo que me enfrento. Pero es una decisión muy meditada. Siempre he dicho que quería tener un hijo

R.- (Se ríe) Eso se lo contesto del 26 de septiembre porque, en mi opinión, si el Partido Socialista en Euskadi y en Galicia tiene el resultado que apuntan las encuestas, queda sin capacidad, sobre todo su secretario general, para seguir por este camino que lo lleva al absurdo. El PSOE tiene mucha gente, ¿eh? No sólo el secretario general. Yo tengo amigos en el Comité Federal del PSOE que tienen que asumir su responsabilidad.

P.- ¿Y cree usted que la van a asumir?

R.- Después de las vascas y las gallegas, el Partido Socialista se tiene que sentar y habrá gente que hable con la claridad con la que acaba de hacerlo Ibarra, que no admita un pacto con Podemos porque eso supone una ruptura del PSOE.