Obtener dinero en los mercados financieros sin asumir riesgos es una opción que solo cabe en el mundo de la fantasía. Hasta las inversiones consideradas más seguras conllevan su dosis correspondiente de riesgos que justifica la rentabilidad que ofrecen. Como se suele decir, nadie da duros a pesetas.

Es cierto que un análisis detallado del mercado puede conllevar a encontrar de cuando en cuando lo que se pueden denominar gangas; activos cuyas valoraciones de mercado parecen, a toda lógica, infravaloradas, generalmente por sobrerreacciones del mercado a noticias de corto alcance.

En los últimos días son muchos los que pueden haber pensado que el Grupo Dia protagoniza uno de esos casos. El grupo de supermercados se encuentra inmerso en un proceso de OPA presentado por su máximo accionista, LetterOne, que ofrece 0,67 euros por acción. En este tiempo, sin embargo, son pocas las ocasiones en que su cotización se ha acercado a esos precios y el pasado jueves cerró a más de un 15% de distancia de los mismos. ¿No tendría lógica acaparar un buen número de títulos de Dia y simplemente esperar a que se culmine el proceso y embolsarse una rentabilidad como pocos otros activos pueden ofrecer hoy en día?

En la última semana, Dia ha llegado a cotizar hasta un 15% por debajo del precio de la OPA de Fridman

Para el que no resultara ya evidente, el riesgo de un movimiento de ese tipo quedó patente a última hora de la tarde del viernes. Las maniobras de LetterOne, el fondo del magnate ruso Mikhail Fridman, evidencian que cada vez son más sus dudas de que su oferta pueda salir triunfante. El objetivo de que su propuesta sea aprobada por al menos la mitad del capital al que va dirigida parece cada vez más lejana, por lo que Fridman ha pedido a la CNMV que le permita reducir ese requisito -en lugar de que le dé el visto bueno el 34,5% del capital, requeriría la aprobación de un 21%, una cifra más asequible- sin necesidad de elevar el precio.

Si el organismo supervisor que preside Sebastián Albella le concede su petición, el éxito de la OPA, cuyo plazo finaliza el próximo 6 de mayo, estaría mucho más a mano. Pero el movimiento no parece tan sencillo. Las maniobras de LetterOne desde su entrada en el capital de Dia, en el verano de 2017, no han estado exentas de polémica, con muchos inversores denunciando una supuesta responsabilidad del mismo en el hundimiento de la compañía para, a posteriori, quedarse el grupo a precio de saldo. No es la primera vez que el empresario ruso se ve envuelto en acusaciones de este tipo.

La actual configuración de la oferta evita a LetterOne tener que pagar lo que, según la ley, sería el precio equitativo, los 3,73 euros que representaban el pago más elevado que había hecho por acciones del grupo de supermercados en los 12 meses previos a la oferta. El cambio de las condiciones pondría en tela de juicio la exención de pagar esa cantidad -un 456% superior a la ofrecida-, aunque la normativa también permite hacer una excepción si la situación objeto de la OPA está en una situación financiera delicada, que es a lo que se agarra Fridman.

Con todo, “la CNMV pondría en riesgo su credibilidad y podría enfrentar demandas de los accionistas, por lo que no esperamos que la CNMV haga una excepción”, advierten los analistas de Alantra.

Sin este permiso, las posibilidades de que la OPA de Fridman se trunque parecen cada vez más elevadas. Llegado ese caso, los propietarios de acciones de Dia se encontrarían con unos títulos de un grupo con un futuro claramente comprometido. La propia dirección de Dia ha advertido de que, si fracasa la oferta de LetterOne, el grupo podría verse abocado a una recapitalización, el concurso de acreedores o directamente la quiebra. Cualquiera de estos escenarios ofrece unas perspectivas poco alentadores para los accionistas de la compañía.

Aún hay accionistas que confían en una solución de última hora o un futuro prometedor que justificaría rechazar la propuesta de Fridman

Es por eso por lo que firmas como Sabadell o Bankinter se han posicionado en los últimos días a favor de deshacerse ya de las acciones de la compañía, sin ni siquiera esperar al término del proceso. “Seguimos pensando que aunque la cotización es un -12% inferior al precio de la OPA, el potencial no compensa el riesgo que asumiría el accionista en caso de que ésta no salga adelante (posible concurso de acreedores), por lo que aprovecharíamos cualquier rebote para vender”, indicaban en Sabadell antes de la apertura de la jornada de este lunes.

En cualquier caso, son varios los accionistas minoritarios que siguen confiando en una solución de última hora que les permita una salida más airosa o, incluso, poder permanecer en el capital de un grupo que, con los debidos ajustes estratégicos y financieros, podría tener aún un futuro brillante -no en vano, sigue siendo el tercer mayor grupo de supermercados de España-, que justificaría el conservar ahora las acciones.

Y también parece que hay inversores que consideran que, como mínimo, la promesa de ganancias que se encierra entre la cotización actual de Dia y el precio de la OPA de Fridman bien merecen los riesgos. Por eso, la compañía acumula ya dos jornadas consecutivas de ganancias, ignorando el viernes las débiles cuentas anticipadas por la compañía y este lunes el movimiento ya referido de LetterOne en la tarde del viernes.

A un precio actual de 0,61 euros por título, Dia aún ofrece un margen de ganancias del 9,5% respecto al precio de la OPA, una cifra nada desdeñable que algunos podrán aún considerar suficientemente atractiva para asumir los riesgos asociados. En los mercados, al fin y al cabo, el riesgo adecuado es muy relativo. Lo que conviene es tener presente que haberlo lo hay. Siempre.