Continuamos con nuestra serie ¿Crisis de invierno o crisis sistémica? Examinando el papel y características de la ONU con el trasfondo de la invasión de Ucrania. Con ese fin nos acompaña Inocencio Arias, embajador de España ante las Naciones Unidas entre julio de 1997 y diciembre de 2004, secretario de Estado de Cooperación, subsecretario de Asuntos Exteriores, y portavoz del Ministerio de Exteriores con tres gobiernos diferentes de la democracia (UCD, PSOE y PP). También está con nosotros Paulina Astroza, integrante del Comité Asesor del gobierno de Chile ante la Corte Internacional de Justicia, profesora de Derecho Internacional en la Universidad de Concepción (Chile) y titular de la Cátedra Jean Monnet de la Unión Europea en la misma institución. 

El pasado 2 de marzo la Asamblea General de la Naciones Unidas, el órgano de esa institución en el que se reúnen todos los Estados miembro, condenó la invasión rusa de Ucrania y el 12 de octubre la anexión rusa de los territorios ucranianos invadidos. No obstante, ninguna de esas dos resoluciones es vinculante o tienen fuerza legal. Por otro lado, el Consejo de Seguridad, se ha limitado a expresar «profunda preocupación» por la situación en Ucrania el 6 de mayo. Ya saben, otra vez, el famoso «deeply concerned» tan queridos por los diplomáticos. 

Lógico, dado que, como todo el mundo sabe, en el Consejo de Seguridad se sientan 10 Estados de forma rotatoria y, más al caso, cinco miembros permanentes (a saber, Rusia, Reino Unido, Francia, Estados Unidos y China) con derecho de veto sobre cualquier resolución. Rusia, claro está, se aprestará a vetar cualquier resolución de condena sobre sus propias acciones. 

En estas circunstancias se han renovado las críticas a una organización cuya estructura se creó tras la II Guerra Mundial y, salvo por ajustes menores como la sustitución de Taiwán por la República Popular China en 1971, refleja los valores y los equilibrios de poder de una era en la que, por ejemplo, buena parte de los actuales Estados miembro eran todavía colonias occidentales. A fuer de los críticos, la situación en Ucrania demuestra otra vez que Naciones Unidas es una organización obsoleta e inoperante. 

Por otro lado, a fuer de otros, la parálisis de la ONU en este caso, lejos de ser un síntoma de inoperancia, es una característica deliberadamente introducida en la Organización y que simplemente refleja la realidad del concierto internacional. Desde esa óptica, cínica o realista según unos u otros, Naciones Unidas debe operar en el mundo de la Realpolitik y al garantizar poderes especiales a las grandes potencias se facilita que éstas participen de un sistema imperfecto, pero relativamente eficaz – en el sentido de haber contribuido a evitar conflictos directos entre, precisamente, las grandes potencias. Mejor eso que una Naciones Unidas con aspiraciones angelicales pero inaceptables para, por ejemplo, Rusia. Mejor un mundo bajo unas Naciones Unidas imperfectas, que un mundo dominado exclusivamente por la fuerza. 

En esta misma línea, desde su origen, Naciones Unidas se ha presentado a sí misma como una garante de la «paz» en el sentido abstracto del término, aun cuando su sentido real era mantener la estabilidad internacional evitando conflictos armados entre las grandes potencias y previniendo la expansión de conflictos «menores» – a saber, «paz» en un sentido bastante concreto y limitado. Asimismo, a fecha de hoy, la iniciativa más popular de Naciones Unidas es la Agenda 2030 un programa de enorme envergadura, que refleja muy bien la expansión de funciones que eran originalmente secundarias o directamente inexistentes y que han sido usadas tanto para atacar a la Organización como para tratar de legitimarla, como aquellas relativas a la «sostenibilidad» o la «participación colectiva» o la «igualdad». 

Junto a Inocencio Arias y Paulina Astroza nuestro equipo habitual con Álvaro Petit, consultor y poeta, y David Sarias, profesor de pensamiento político en la Universidad Rey Juan Carlos y director del podcast examinan las siguientes preguntas para la reflexión:

  • ¿Para que fue diseñadas Naciones Unidas? ¿Cuál es su misión principal?
  • La realidad global ha cambiado radicalmente y lo cierto es que Naciones Unidas también. ¿Cómo?
  • ¿Cuáles son sus principales deficiencias hoy en día?
  • Una, que es clamorosa, es la composición del Consejo de Seguridad y sus miembros permanentes. ¿Es posible modificar esa composición? ¿Cómo?
  • ¿Han contribuido las aspiraciones más maximalista y alejadas del ámbito geopolítico a ocultar los éxitos reales de la Organización y a deslegitimarla?

David Sarias Rodríguez es profesor de Historia del Pensamiento Político y los Movimientos Sociales,  Universidad Rey Juan Carlos

*Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno en la II Convocatoria de Proyectos Docentes y Culturales sobre Liderazgo y Humanismo Cívico.