La sonrisa aflora ahora con facilidad. Durante años no pudo hacerlo. El dolor no dejaba ningún resquicio. Hoy, Rosa Rodero ha aprendido a sobreponerse y vivir una nueva vida. La que ETA le arrebató el 22 de noviembre de 1993, cuando asesinó a tiros a su marido, el sargento mayor de la Ertzaintza, Joseba Goikoetxea. Sabe que no volverá, que sólo es un recuerdo al que aferrarse. La medicación le acompaña desde hace tres lustros. Los mismos que la depresión, la ansiedad y las noches de angustia. Pero el tiempo lo ha atenuado todo. En especial el transcurrido desde 2011, cuando ETA anunció su renuncia a la violencia.

Apenas cuatro meses después de aquel 20 de octubre nació Alejandro, su nieto mayor. Luego llegaron Iraitz y Laia, el otro gran pilar sobre el que resurge, “ahora la mesa de casa ha vuelto a llenarse, la familia estaba encogida y ha vuelto a hacerse grande”. Rosa está empeñada en contribuir a que la Euskadi en paz avance en la construcción de una nueva convivencia, la que siempre había soñado para sus nietos. Pero no a cualquier precio, “esto no se puede cerrar en falso”, advierte, “en el relato de lo sucedido no nos podemos dejar ni una letra, no se puede pasar página sin más”. Y a las víctimas de ETA como ella, a las viudas como ella, les invita a abrirse y a escuchar: “A todas les tengo un gran respeto, todas tenemos razón, cada una tiene su razón, pero siempre debemos saber entender la razón de las demás”.

Pregunta.-  Veintitrés años después del asesinato  de su marido a manos de ETA, ¿qué sentimiento diría que prevalece en usted?

Respuesta.­­- Quizá su recuerdo. Lo tengo muy presente. Es como si fuera ayer, conservo todos los recuerdos, los tengo muy vivos: cómo disfrutábamos, los proyectos y planes que habíamos hecho, etcétera. Todo eso se perdió y se quedó ahí, pero yo lo conservo, son recuerdos muy bonitos. Ahora, al nacer mis nietos, ha sido como volver a empezar.

P.- ¿Cuál es la pregunta a la que en todos estos años aún no ha encontrado respuesta?

R.- No sé. ‘¿Por qué a mi?’, no. Dado su historial, quién era y los momentos que vivíamos, Joseba y yo teníamos asumido que podía ocurrir. No lo esperas, no quieres pensar en ello, pero sabías que estaba entre las posibilidades.

P.- Más de dos décadas después, ¿ha llegado a perdonar?

No sé si he perdonado o no. Sí sé lo que habría deseado mi marido y es con lo que me quedo. Siempre decía que lo más importante era no odiar”

R.- A mí la palabra perdón no me dice nada. Es muy fácil pedir y dar perdón sin sentirlo. No sé si he perdonado o no. Sí sé lo que habría deseado mi marido y es con lo que me quedo. Él tenía un pasado de persecución y cárcel en tiempos del franquismo por sus vínculos con el PNV. Siempre decía que lo más importante era no odiar, no tanto el perdonar sino no odiar, que es más importante. Por eso no me he planteado nunca si debo perdonar o no. Prefiero pensar en lo que yo deseo, que es la paz para mi pueblo.

P.- Pero, ¿no desearía un gesto, una explicación, de los autores del asesinato de su marido?

R.- No me importaría, aunque no pienso en ello. Si se da, bien. No quiero pensar ni qué voy a preguntarles ni qué me pueden decir ni nada de nada. Si sucede prefiero que sea una cosa natural, ver qué me surge cuando esté ante él. Nunca he querido pensar qué voy a hacer. Preparar estas cosas no es natural. Psicológicamente sí hay que estar preparado, pero más allá de eso… Tengo claro que no voy a ser amiga de ellos, ¡me han quitado parte de mi vida! Pero prefiero no montarme una película sobre un encuentro y que luego puede ser de un modo muy diferente a lo imaginado.

P.- ¿Alguno de los autores se ha puesto en contacto con usted?

R.- En la legislatura anterior el Gobierno Vasco hizo contactos entre víctimas y victimarios y me dijeron si queríamos hablar con ellos. Dije que sí. Sin embargo, tras las elecciones generales de 2011, con Rajoy, se quitó la posibilidad de esos encuentros. Por eso no he llegado a tener ninguno.

Arrepentimiento

P.- Ha habido etarras, los menos, que sí han pedido perdón, que se han reunido con víctimas. Colectivamente, hay grupos de presos de ETA que dicen estar arrepentidos. ¿Les cree?

R.- He tratado con bastantes etarras que ya están fuera. Hay una prueba evidente que es que todos los presos de ETA que han salido, de no ser miembros de la cúpula, ninguno ha vuelto con ETA. Eso te dice algo. Muchos dicen que no pueden renegar de su pasado porque estuvieron ahí, hicieron lo que hicieron, pero que hoy lo pueden hacer de otro modo. Me quedo con eso.

P.- ¿La sociedad vasca y la española en su conjunto están preparadas para un perdón, una reconciliación o aún es demasiado pronto?

De las víctimas no se sabe nada hasta 1996, cuando empiezan a asesinar políticos y no sólo guardias civiles y policías»

R.- Antes de plantearnos un perdón hay que plantearse una convivencia y que nuestros hijos estén unos con otros. La sociedad vasca sí la veo preparada. Fuera del Euskadi esta cuestión se ve de otra manera y no terminan de ver el camino de la convivencia que aquí se ha empezado a andar. Aún hay muchos que dicen que ETA sigue existiendo y que puede atacar en cualquier momento. Yo no lo creo. ETA está convencida de lo que ha hecho, todos los que han pertenecido a ese mundo me lo dicen, ETA no volverá a actuar. Yo tengo esa tranquilidad.

P.- Cientos de viudas como usted que viven en Andalucía, en Extremadura o en Madrid no entienden que se apele a la convivencia y a la reconciliación con quienes respaldaron o incluso ejercieron tantos años el terrorismo que les arrebató a su ser querido. ¿Qué les diría?

R.- Entiendo que no todas las víctimas somos iguales, cada una tiene su manera de ser, de pensar. Hay que respetar a todas. Yo hablo por mí. Respeto y comprendo a las que son diferentes. Yo, por vivir en Euskadi quizá esté más preparada para dar ese paso hacia la convivencia. Pero hay que tener en cuenta que las víctimas, poco a poco, y con el paso de los años hemos pasado por lo mismo. No sólo la perdida de nuestro ser querido sino la angustia de estar años pensando qué pasará hoy, contra quién irán, a quién le tocará, etc. Ahora todo eso ha cambiado y estos últimos años nos levantamos con otra tranquilidad, ETA ya no mata.

P.- ¿Se ha utilizado políticamente a las víctimas?

R.- Totalmente. Durante muchos años las víctimas hemos estado olvidadas, apartadas. De las víctimas no se sabe nada hasta 1996, cuando empiezan a asesinar políticos y no sólo guardias civiles y policías. Es a partir de ahí cuando hay una utilización, de muy mala manera, de las víctimas. Los primeros años después de que te maten a tu familiar te sientes menguada, ausente y se han aprovechado de eso. Pero también diría que ha habido víctimas que se han aprovechado para poder ser protagonistas posteriormente.  Las víctimas hemos dado muchos pasos, pese a ser muy diferentes entre nosotras. Al hablar de víctimas siempre se alude a la AVT, cuando no es ni la mayoritaria, ni mucho menos. Hay una federación de asociaciones en la que la AVT no está incluida.

Iniciativas

P.- En el contexto social y político actual de Euskadi, ¿qué gesto o paso echa de menos de la izquierda abertzale que durante décadas justificó a ETA?

R.- El problema es que llevamos cuatro años en los que nadie da pasos; ni ellos ni el Gobierno central. Las iniciativas que pone en marcha el Gobierno vasco no se llevan a cabo porque no nos dejan.

P.- Otegi salió de la cárcel hace apenas siete meses. ¿Le ha inquietado, le ha sorprendido o le ha esperanzado?

ETA tiene un frente que son sus presos a los que no dejará en la estacada”

R.- No le conozco. Es cierto que le he escuchado declaraciones que no me han gustado mucho, aunque últimamente sí he percibido algo diferente. La edad te va relajando los ideales. En estos años habrá dado sus pasos y habrá cambiado, aunque no le he seguido mucho.

P.- ¿Pondrá ETA precio a su disolución y entrega de armas?

R.- ETA tiene un frente que son sus presos a los que no dejará en la estacada. Sigue ahí para forzar gestos sobre los presos.

P.- ¿La reconciliación de la sociedad vasca es una imagen que sólo verán nuestros nietos?

R.­- Hace años ya decía que ni yo ni mis hijos viviríamos en una sociedad en paz y reconciliada. Sí tengo la esperanza de que lo vean mis nietos. Casualmente mi nieto mayor nació hace cinco años, en 2011, ocho meses antes de que ETA anunciara el cese de su actividad. Ha sido un presagio, los hijos de mis hijos han nacido en una Euskadi en paz y dentro de la normalidad.

P.- ¿Cómo les contará lo sucedido en Euskadi?

R.- Desde lo vivido con mi marido. Así se lo conté a mi hija pequeña, que tenía 18  meses cuando murió su aita. Lo que siempre le conté fue lo maravillosos que fue su aita.

P.- A quien no comparte ni entiende que se trate de igual modo a las víctimas de ETA y a las de los abusos policiales o el GAL, ¿cómo se lo defendería?

R.- Diciéndole que todas somos víctimas de la violencia.

El relato justo

P.- ¿Cómo hacemos para que el relato de lo ocurrido sea el adecuado, el justo y el que todos se sientan identificados?

R.- Contando todas las historias, todas. Pasará mucho tiempo, quizá hasta dentro de varias generaciones no se pueda hacer un análisis real. Son muchas historias y mucho dolor. La reconciliación no se puede cerrar en falso porque dentro de cuatro días estaríamos igual. En el relato no podemos dejarnos ni una letra, no podemos pasar página sin más. Todo debe quedar, todas las historias, hay que escucharlas todas y luego hacer la valoración de todas, no sólo de una parte. Creo que es lo más conveniente para todos y que con el paso de los años cada vez más víctimas lo van entendiendo. Las víctimas tienen mucho mérito, les tengo un respeto tremendo. Cada una tenemos nuestra forma de ser, pero diría que todas tenemos razón. Cada una tiene su razón, la suya pero debemos saber entender también las de las demás.

P.- Afirma que ve a la sociedad vasca preparada para un nuevo tiempo de convivencia. ¿Cree que la española está en el mismo punto?

R.- Lo estará sólo si escucha todas las historias, no una sola voz.

P.- Está habiendo intentos por olvidar demasiado rápido 50 años de terrorismo?

Mi nieto mayor nació meses después de que ETA anunciara su cese. Ellos han nacido en una Euskadi en paz”

R.- No lo sé, pero esto tiene que ser muy lento, muy pausado y con mucho tiempo. No se puede pasar de página de forma precipitada. No creo que estemos olvidando, simplemente intentamos vivir. Debemos ir poco a poco. Ni yo ni nadie está dispuesto a cerrar esta historia en falso, ya hemos tenido mucha historia cerrada en falso.

P.- Desde aquel 22 de noviembre de 1993 ni su familia ni su vida ha vuelto a ser las mismas. También su salud se ha resentido. ¿Cómo se encuentra?

R.- Sí, diría que al 98% de las víctimas le ha repercutido en su salud. Yo llevó 16 años en tratamiento. Los primeros años me costó mucho salir adelante con mi hijo. Cuando ya fueron más mayores caí yo. Estuve tres años que no era persona. Ahora sigo con mi tratamiento y será de por vida. Yo siempre he sido optimista y he querido que eso no me cambie.

P.- ¿Qué pensó cuando en 2004, con ETA activa, su hijo mayor le dijo que quería ser ertzaina, como Joseba?

R.- Me lo dijo antes (del atentado). El siempre le decía, aita quiero ser como tú. Cuando murió Joseba él tenía 16 años, hablaban mucho, iban de camping etc. Quería vivir ese mundo. Algo sí me inquietó, pero era lo que él deseaba.

P.- Sitúese en la mañana del 20 de octubre de 2011, cuando ETA anunció que dejaba las armas. ¿Cómo la recuerda?

R.- Lo primero que pensé fue, «por favor que esta vez sea verdad». Mi hija y mi nuera estaban embarazadas y pensé, «lo he conseguido, mis nietos nacerán en una Euskadi sin ETA». Alejandro, el mayor (a punto de cumplir 5 años), Iraitz (4 años) y Laia (2 años). Tenerlos ha sido volver a ilusionarte, volver a llenar la mesa, que empezó a vaciarse. (Se emociona) Ahora ha empezado a aumentar. Esa familia que se quedó encogida se ha vuelto a hacer grande y estoy encantada.