Además de los agujeros siderales que ayer se le abrieron al Partido Socialista tras este sábado negro, esta formación deberá enfrentarse más pronto que tarde a examinar un principio de descomposición y deterioro que tiene incrustado en su base: la radicalización de su militancia. El espectáculo de ayer en la calle Ferraz con un centenar de enfervorizados partidarios del «no es no» que con tanto éxito ha sembrado entre su gente Pedro Sánchez El destructor, abroncando y acosando a los dirigentes que habían vencido en el dramático Congreso Federal, exige un estudio sereno por parte de quienes de aquí en adelante se vayan a hacer cargo del partido.

En primer lugar, por lo que significa que se haya extendido entre parte de la militancia la tesis de que permitir que gobierne el partido ganador de las elecciones es algo intolerable desde el punto de vista de la ética del partido. Y, en segundo lugar, porque el hecho constatado de que se insultara a los dirigentes llamados críticos al grito de «¡fascistas!», además del de golpistas -aunque éste último podría explicarse por el modo en que se dirimió finalmente el enfrentamiento-, evidencia que se han instalado, al menos en una parte de las bases socialistas, unos planteamientos de radicalidad desconocidos hace algunos años entre la militancia.

Los esfuerzos de Zapatero por abrir una brecha insalvable entre derecha e izquierda ha tenido estos resultados

Es evidente, y no sólo por lo sucedido ayer, que los esfuerzos de José Luis Rodríguez Zapatero por abrir, por primera vez desde el comienzo de la reciente democracia, una brecha insalvable entre la derecha y la izquierda, que se definía y se identificaba así por contraposición a su adversario, convertido a partir de entonces en enemigo, ha tenido estos resultados. Una parte de las bases del PSOE está hoy mucho más cerca de los planteamientos políticos de Podemos que de lo que son los principios de un partido socialdemócrata europeo, que es lo que ha sido hasta no hace tanto su propio partido.

En consecuencia, no descubrimos nada nuevo si auguramos que, a partir de los sucedido este sábado, un buen número de militantes del PSOE se den de baja y se acerquen a la formación de Pablo Iglesias. Claro que de esto último no se puede responsabilizar a Zapatero sino directamente a su ya ex secretario general y a su cúpula dirigente.Tanta ha sido su inseguridad ante la aparición de la formación morada, tanto ha sido su miedo a ser debilitados por su empuje, que casi se han mimetizado con ella. Y eso ha sido muy evidente en muchas de las autonomías después de las elecciones de mayo de 2015 y de manera más inmediata en Galicia en los comicios del día 25 de este mes. No así en Andalucía, donde el PSOE sigue conservando una identidad propia y muy definida.

Pedro Sánchez ha dejado un Partido Socialista sentado sobre varios barriles de pólvora

Con lo cual tenemos a un Partido Socialista sentado sobre varios barriles de pólvora, el menos peligroso de los cuales no es el que pueden plantear las bases cuando se convoquen las ahora obligadas primarias. Porque, además, Pedro Sánchez ha intentado. y en parte conseguido, enfrentar a los militantes con sus representantes orgánicos: ése era el fondo de la cuestión que estaba detrás de su anunciada determinación de consultar a la militancia dentro de un par de semanas para dejar cerrada la elección del secretario general. Él sabía que los actuales dirigentes socialistas con poder territorial y las antiguas figuras de autoridad en el partido querían desbancarle de su puesto, pero optó por recurrir a las bases para que desautorizaran a sus representantes intermedios y, saltando por encima de ellos, le respaldaran a él.
Pero estos movimientos nunca son inocuos, dejan un poso que puede crecer sin control. La siguiente es sólo una anécdota, pero es significativa: Zaida Cantero, recién incorporada al Partido Socialista, es decir, un soldado raso en la formación, declaraba el 12 de septiembre a propósito de la opinión de Felipe González de que sería conveniente la abstención de su partido para permitir la formación de gobierno: «Respeto [su] opinión, pero para mí es un militante más». Y ésta es la versión más cortés de lo que quiero decir. A ver cómo meten de nuevo el ganado en los corrales, que se dice en el campo. Traducido a la política: a ver cómo los nuevos responsables del partido apaciguan y reconducen políticamente a la militancia levantisca. Tienen tarea.