La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, mantiene abierta la vía del diálogo con el PNV, formación que sería clave para posibilitar el desbloqueo de la situación política. La número dos del PP ha mantenido contactos con el presidente peneuvista, Andoni Ortuzar, que es a la postre el que tendría que decidir sobre si el grupo parlamentario vasco cambia el sentido de su voto y se abstiene en la investidura de Mariano Rajoy.

A nadie se le escapa que si los cinco diputados del PNV dieran un «sí» a Rajoy, pondrían mucho más fáciles las cosas al PSOE para pasar del «no» a la abstención. Con 175 votos -«todavía faltaría uno», señalan fuentes populares respecto a la mayoría absoluta de la Cámara Baja, que es de 176 escaños- el comité federal socialista tendría más argumentos para justificar ante sus bases la investidura del candidato que ha ganado las elecciones. En ese caso ya no serían necesarias un mínimo de 11 abstenciones, bastaría con una.

Con una discreción absoluta respecto al intercambio de pareceres entre ambos dirigentes, fuentes populares admiten que el problema de los nacionalistas vascos «es su indefinición». Ahora están más preocupados por despejar el panorama de la gobernabilidad en su territorio, que celebró elecciones autonómicas el pasado 25 de septiembre.

Fuentes populares admiten que el problema de los nacionalistas vascos «es su indefinición»

La pérdida de un diputado a favor de Bildu, pasando de 29 asientos en la cámara vasca a 28, no afecta a la investidura de Iñigo Urkullu, pero sí a la futura gobernabilidad de la Comunidad. Porque si antes de esa pérdida sumaba la mayoría absoluta con el PSE (que sacó nueve diputados, los mismos que el PP) ahora se quedan a un escaño. Eso puede convertir a los populares vascos en árbitros de la situación, salvo que el PNV vaya a una fórmula de «geometría variable» por la cual, en función de los temas que quiera sacar adelante, «busque la colaboración de Podemos o de Bildu», temen en Génova.

En todo caso la principal novedad es que la vía del PNV no está cegada, aunque no sean demasiado optimistas respecto a que salga de ella algo claro para la investidura. Sí pueden ayudar los nacionalistas vascos en otras cuestiones parlamentarias en que su concurso sea necesario, incluso a la hora de aprobar los Presupuestos Generales del Estado.

No obstante, el foco de Moncloa y de Génova sigue puesto en el PSOE y el reloj va agotando los plazos hacia la nueva repetición electoral si antes del 31 de octubre no hay presidente. Los populares quieren ya alguna señal clara, pero parecen condenados a esperar, otra vez, al próximo comité federal socialista, aún sin fecha.