Entre la mano abierta al diálogo y una cierta autocomplacencia para justificar que poco menos que se sacrifica por el interés de España, Mariano Rajoy ha desarrollado uno de los discursos más políticos que se le conocen en esta tercera sesión de investidura que vive España desde el mes de marzo del presente año.

El tono del discurso ha venido marcado por la asunción de su mayoría minoritaria, muy lejos de los 182 escaños de 2011, pero «que no existan pactos de legislatura no significa que nos conformemos». «El Gobierno -ha agregado en una intervención mucho mas corta que la de finales de agosto- debe servir para resolver los problemas de los españoles» y para ello «no nos podremos apañar con un gobierno efímero». Rajoy tendrá que «buscar colaboraciones», cada día «habrá que construir una mayoría para la gobernabilidad», lo que exige un gobierno «abierto al diálogo». «Haré cuanto esté en mi mano para trabajar de forma conjunta. No me faltará tiempo para escuchar y atender. Sabré interpretar lo que han dicho los ciudadanos» , esto es, que no dispone de una mayoría suficiente para gobernar sin acuerdos.

Tras defender que a España «no la benefician ni las sorpresas ni las incertidumbres y si no sabemos despejarlas estaremos perdiendo el tiempo», ha echado un capote al PSOE, que se abstendrá en segunda votación, para subrayar que contribuir a que no se vuelvan a repetir las elecciones «no supone que se fuerce la voluntad de nadie, ni que nadie tenga que renunciar a sus principios». En presencia de Pedro Sánchez, que ha ocupado su escaño en la tercera fila, al lado de Patxi López, ha defendido que la «excepcionalidad» de las circunstancias exige que «se dejen a un lado todas las confrontaciones ideológicas y se sumen los esfuerzos en esta situación inédita».

Defensa del acuerdo con Ciudadanos

También ha sido mucho más generoso que en su anterior discurso de agosto con el partido de Albert Rivera, Ciudadanos. Si entonces apenas hizo una referencia muy de pasada del grupo parlamentario que le presta 32 escaños, este miércoles ha defendido el acuerdo de 150 puntos por recoger las cuestiones que más importan a los españoles. «Soy consciente de la importancia de estos acuerdos y mi voluntad es mantenerlos y cumplirlos», ha dicho a la bancada «naranja».

El candidato popular se ha comprometido a reunir antes de fin de año al Pacto de Toledo

El presidente del gobierno aún en funciones ha desgranado a continuación un paquete de propuestas de acuerdo y pactos de Estado con los que tiene previsto arrancar su nuevo mandato. Ha hablado de la sostenibilidad del sistema de pensiones con el compromiso de reunir antes de fin de año el Pacto de Toledo. También se ha comprometido a impulsar el diálogo social, convocando en breve a los agentes sociales para hablar de creación de empleo y su calidad. Opina que se abre la oportunidad de llegar a un pacto nacional por la educación que garantice la igualdad de oportunidades y que ponga el acento en la eficacia y en la calidad, para lo propondrá en el primer mes de gobierno la creación de una subcomisión parlamentaria.

Pero si algo ha prevalecido por encima de todo ha sido la urgente necesidad de llegar a un acuerdo presupuestario para las cuentas de 2017. «No tenemos tiempo que perder», ha exhortado a la Cámara. El ministro de Hacienda que resulte designado tendrá que poner de inmediato a trabajar en ello.

Ha anunciado la apertura de la negociación de nuevo modelo de financiación autonómica

También ha anunciado la apertura de la negociación de nuevo modelo de financiación autonómica que garantice la sostenibilidad y estabilidad del sistema y que se negociará en el seno de una reunión en el Senado de la Conferencia de Presidentes. Sobre la lucha contra la corrupción ha admitido, desde la «humildad», los casos que han protagonizado miembros de su partido, aunque, «como en la vida, nadie puede presumir de infabilidad.»

Sin añadir nada especialmente noticioso respecto al reto independentista catalán, salvo que estará atento para buscar fórmulas que «acomoden mejor la necesaria solidaridad interterritorial», siempre  dentro del respeto a la legalidad, el resto de su intervención ha estado marcado por el mensaje soterrado de que si hubieran prevalecido los intereses del PP quizá lo más fácil habría sido ir a unas nuevas elecciones.

Tras afirmar que «debemos asumir la necesidad de diálogo no como un peaje incómodo sino para consolidar medidas» y que no se le ocultan «las dificultades y escollos», no ha subido a la tribuna para «buscar una ventaja partidaria sino para asumir mi responsabilidad». Ha admitido que «algunos», que no especificó, «pudieron pensar que las dificultades para gobernar y el horizonte de mejorar resultados nos llevaría a eludir nuestra responsabilidad, pero no lo vamos a hacer. Ninguna consideración sobre conveniencias de partido me parece lícita. No nos eligieron para hacer política pequeña». Mañana toman la palabra los grupos parlamentarios y se vota por la tarde. No conseguirá la mayoría absoluta por lo que habrá que ir a segunda sesión el próximo sábado con la incógnita de si acudirá Sánchez y volverá a repetir su «no» de este jueves.