No cabe duda de que Mariano Rajoy ha apostado por la práctica continuidad del organigrama de Génova al no llevarse al Gobierno más que a la secretaria general, María Dolores de Cospedal. La gran incógnita, no menor, parece «limitarse» a si la nueva ministra de Defensa seguirá de «número dos» del PP tras el XXV congreso nacional del partido que se celebrará a principios del año que viene, o cederá su poderoso despacho en la planta séptima de la sede nacional, al lado del de Rajoy. En puridad, son perfectamente compatibles ambos cargos, más habida cuenta de que la castellanomanchega ha delegado en el vicesecretario de Organización, Fernando Martínez-Maillo, y en el de Comunicación Pablo Casado, buena parte de sus tareas de intendencia interna –como lo fue la dura negociación con la ex alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, hoy fuera del PP por el «caso Taula»– y portavocía del partido.

El vicesecretario de Acción Sectorial del PP, Javier Moroto, que parecía el nombre con más posibilidades para asumir una cartera de corte social, se ha visto «sustituido» por la catalana Dolors Montserrat, nueva ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, una auténtica sorpresa. Los jóvenes cachorros del PP, que desembarcaron en Génova en junio de 2015 tras el fiasco de las locales y autonómicas, a falta de Casado, que lo hizo a finales de 2014, han sido los grandes olvidados de este nuevo gobierno. Tampoco la vicesecretaria de Estudios y Programas, Andrea Levy, ha sido tocada por el dedo presidencial. Esto significa que el grueso del organigrama de la sede nacional no se ha visto afectado por la formación de gobierno, lo que vaticina un congreso de continuidad con nulos o escasos cambios internos.

Los vicesecretarios han sido el azote contra la corrupción dentro del PP

Quizá haya pesado sobre los jóvenes vicesecretarios, losa llamados «millennials», el estigma de haber sacado los pies del plato más de una vez ante los casos de corrupción. Maroto y Casado estallaron en público ante el «caso Barberá». También fueron combatientes todos ante la propuesta de enviar al dimisionario  José Manuel Soria al Banco Mundial y llegaron a calificar de «cagada total» la estrategia del PP en el juicio de la Gürtel al pedir la nulidad del proceso, en la misma línea que Luis Bárcenas. Esta contestación interna no ha sido siempre bien encajada por miembros del Gobierno y pude haber pesado en el ánimo de Rajoy. Sin embargo, fuentes del PP señalan que el presidente del Gobierno «no es mucho de desvestir a un santo para vestir a otro con lo que le cuesta hacer nombramientos».

Otro «ministrable» que no ha llegado a meta es el director de gabinete de Mariano Rajoy, Jorge Moragas. Había coincidencia en que a este diplomático le «tocaba» ser ministro tras años de permanencia al lado de su jefe de filas, incluso en los momentos más duros. Con mucho poder en Moncloa y bastante en Génova, donde ha creado grupos de trabajo internos desde que fue elegido coordinador de las dos últimas campañas generales, no es descartable que afiance su presencia en la dirección del PP. Siempre ha defendido que el «mejor sitio posible» para él es el gabinete presidencial, aunque quizá, se curaba en salud para evitar quedar defraudado.

De no seguir Cospedal, surgen los nombres de Alonso y Martíez-Maillo

Se avizora así un congreso nacional del PP de continuidad, con un organigrama con pocos cambios salvo el de la secretaría general, si es que se produce. Para esta responsabilidad ha surgido también el nombre del ex ministro Alfonso Alonso, que tiene por delante la difícil tarea de recomponer el maltrecho partido en el País Vasco. La secretaría le daría un altavoz en su territorio en una estrategia similar a la de Cospedal en Castilla-La Mancha, pero todavía quedan unos meses por delante para abrir ese frente. También la figura de Martínez-Maillo va sumando enteros internamente. Ha superado el test de no pocas crisis solventadas con criterio. A ello hay que añadir que el control del partido en los próximos tres años permite mantener unos resortes muy valiosos para el proceso de sucesión de Rajoy en caso de que este tan solo dos legislaturas al frente del Gobierno, aunque eso dependerá de cuánto dure la actual.