El 1 de noviembre de 2006 Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía irrumpía por primera vez en el Parlamento catalán con tres escaños y un total de 89.840 votos en toda Cataluña, convirtiéndose así en la sexta fuerza política en la región. Un resultado espectacular si se tiene en cuenta que el partido se había fundado oficialmente apenas tres meses antes, como heredero del movimiento creado por un grupo de intelectuales que reclamaban menos nacionalismo y más regeneración democrática en la Cataluña de la reforma estatutaria. En las últimas elecciones generales, ese partido, con el mismo liderazgo encabezado por Albert Rivera, obtuvo 3,1 millones de votos en toda España, convirtiéndose en cuarta fuerza en el Congreso de los Diputados.

El crecimiento exponencial del partido en una década lleva a sus dirigentes a reivindicarse como el mejor ejemplo de un historia de éxito, pero también a asumir que la formación afronta tres retos ineludibles en lo que su líder, Albert Rivera, llama “la segunda parte del partido”: la reforma del propio partido para adaptar los estatutos y estructuras a su crecimiento; la fijación de su imagen pública en el centro político español y la definición de su papel como primer partido de la oposición en Cataluña.

Cuando echa la vista atrás y hace balance de estos años, Rivera concluye con sorna: “Ya lo decíamos nosotros”. Recuerda que el partido nació fruto de dos preocupaciones: la deriva nacionalista y la corrupción –fruto de la falta de democracia interna de los partidos y la necesidad de regeneración democrática-. Dos cuestiones que han marcado la política española junto a la crisis económica; y C’s “ha crecido abanderando esos debates, el de la unión y la regeneración democrática”.

Rivera defiende el mérito de haber hecho algo ‘muy difícil’, crear un partido nacional de centro ‘después de más de 30 años’

En el plano personal, defiende el intensísimo aprendizaje y el mérito de haber hecho “algo muy difícil: crear un partido nacional que ocupa el centro político después de más de 30 años sin que existiera eso, y además liderar la oposición en Cataluña”. O como explica la líder de C’s en el Parlament, Inés Arrimadas: “La historia de C’s es la historia de las cosas que parecen imposibles y se hacen realidad”.

En una década, el partido que nació en 2006 a partir del manifiesto impulsado por un grupo de intelectuales catalanes críticos con el discurso único que el nacionalismo y la reforma del Estatuto había impuesto, a su entender, en esta comunidad, se ha convertido en la segunda fuerza en el Parlamento de Cataluña y la cuarta en el Congreso de los Diputados, además de los 1.527 concejales logrados en las elecciones municipales de 2015 en toda España, o el grupo propio alcanzado en 10 parlamentos autonómicos.

Recuerda Arrimadas que la primera vez que oyó a Rivera en un mitin, en 2010, poniendo en cuestión los aforamientos y los indultos políticos o reclamando televisión públicas realmente plurales “me pareció una utopía, de ciencia ficción, pero esos temas están hoy mucha más cerca de abordarse”. El cambio es igualmente significativo en Cataluña, donde “parecía que nadie pensaba como nosotros, y ahora cada vez somos más los que nos atrevemos a decir que nos sentimos catalanes y españoles”.

Liberales y demócratas, no de derechas

José María Espejo-Saavedra, uno de los originales, junto a Rivera, José Manuel Villegas o Matías Alonso, define la progresión como espectacular. “Empezamos con tres diputados en el Parlament y ahora somos un partido que tiene 1.700 cargos públicos”. Y repasa también la evolución ideológica de un partido que nació definiéndose como “transversal” para acoger en sus seno a todos los que se oponían al nacionalismo omnipresente durante el proceso de reforma y aprobación del Estatuto catalán y que un año después se definía ideológicamente como un partido que buscaba cubrir «el vacío de representación que existe en el espacio electoral de centroizquierda no nacionalista».

Lo cierto, sin embargo, es que tanto sus rivales nacionalistas en Cataluña como las fuerzas de izquierdas de ámbito nacional se han esforzado en situarlos siempre en el centro derecha, imagen reforzada tras encargar su programa electoral al economista Luis Garicano.

Espejo rechaza esa definición y asegura su posición ideológica es la que refleja su encuadre europeo en la Alianza de Demócratas y Liberales Europeos (ALDE). “Eso no se identifica como un centro derecha sino como liberales y demócratas, nos parece el espacio natural de un partido regenerador, que nació no sólo como respuesta al soberanismo sino también como una fuerza que buscaba las reformas que España necesitaba en un momento de estancamiento económico y social”.

Ampliar el centro político

“El gran reto ahora es la segunda fase del partido, después de la expansión nacional: convertirnos en un partido para gobernar España y ampliar ese centro político”, apunta Rivera. Para ello, confía en que el trabajo institucional afiance su crecimiento a nivel nacional como ha sucedido en Cataluña. “A diferencia de Podemos, a C’s le sienta bien el trabajo parlamentario, lo hemos demostrado en el Parlament y también ahora en Andalucía o Madrid, donde al ser decisivos estamos creciendo y consolidando nuestro proyecto”.

Un trabajo institucional que C’s centrará en un programa de regeneración democrática que debe conseguir “que los ciudadanos vean por qué es útil votar a C’s. Ese es nuestro reto, no es fácil porque somos cuatro en la parrilla, pero confío en el trabajo que hemos sabido hacer”.

En cuanto al papel de C’s en la difícil papeleta que tiene sobre la mesa el Gobierno de Rajoy con la confrontación con la Generalitat, Albert Rivera lo tiene claro: “No se puede confundir Cataluña con el nacionalismo catalán, la independencia es una opción para una parte de los catalanes a la que hay que escuchar, pero tampoco dejemos de escuchar a la mayoría”. A partir de ahí, apuesta por centrarse en los puntos que unen en su opinión a todos los catalanes: financiación, infraestrcutruas y reforma de la Constitución. Y ahí, cree el líder de C’s que “los independentistas recelan de C’s porque no vamos a ir a un debate identitario como Podemos, que sí ha comprado el discurso”.

Reformar el partido para seguir creciendo

Mención a parte merece la revisión de las estructuras del partido, que Rivera reconoce como imprescindible. En el congreso que C’s celebrará probablemente entre febrero y marzo de 2017 promete una revisión que permitirá liberar parte de las tensiones generadas en los dos últimos años, pero también defiende las decisiones tomadas. “Hemos crecido mucho y los estatutos del partido se nos han quedado pequeños” asegura, para anunciar que en primavera la nueva estructura debe estar en marcha y funcionando.

“Hemos sido criticados por controlar las finanzas de nuestras agrupaciones o por ser muy restrictivos en la selección de candidatos para las elecciones locales” señala, “pero no queríamos cometer los errores de otros partidos”. Recuerda que en las elecciones autonómicas y locales C’s no se presentó en los 9000 municipios de España sino “sólo” en 800 para evitar un crecimiento descontrolado y aún así su partido ha visto como dimitían agrupaciones en bloque hartas del férreo control al que las sometía la dirección nacional.

En esta segunda fase los comités territoriales van a tener más funciones y más trabajo, asegura el líder de C’s. “Con 14 grupos parlamentarios y 700 grupos municipales hay que dar autonomía por un lado y por otro lado coordinar políticas y controlar los aspectos de transparencia y funcionamiento del partido”. El equilibrio entre autonomía y control del mensaje del partido a nivel nacional y europeo es el reto, asegura, junto al control de la gestión de un partido que ha hecho de la honestidad y la lucha contra la corrupción una bandera. “Estamos en ese paso, siempre sin perder esa esencia de ser un proyecto para España con el mismo discurso en todos sus rincones”. Y Rivera pone el ejemplo contrario, la comparación con Podemos que empieza a ser recurrente en su discurso, para alertar contra la ensalada de siglas de las confluencias.

La nueva minoría catalana

Sin descuidar los orígenes, C’s reivindica también su defensa de los intereses catalanes, una bandera que Rivera hizo suya en el debate de investidura. “Con una diferencia –advierte- no lo hacemos desde el victimismo sino reivindicando temas que son necesarios para toda España. Tres pilares que Rivera fija en la financiación autonómica, las infraestructuras y la reforma de la Constitución.

El nacionalismo catalán ha perdido ese papel ordinario de que el presidente de la comunidad autónoma reivindique unos servicios públicos. Y ese es el papel que quieren hacer suyo ahora Rivera y Arrimadas, como segunda fuerza en el Parlament y primer grupo en el Congreso de origen catalán. Como explica Espejo, “no pretendemos sustituir a Convergencia porque CDC es independentista y nosotros combatimos firmemente el separatismo. Pero en cuanto a la capacidad de sentarse con el Gobierno para hablar de aquello que interesa a los catalanes, que no es la independencia, quien tiene ahora la influencia es C’s y eso es una evidencia. El PDC no tiene ni siquiera grupo propio, nosotros somos la cuarta fuerza en el Congreso y somos un partido de origen catalán”.

Aunque esa evolución tiene también su lado oscuro. Ya se han levantado voces en Cataluña que critican la labor de oposición de Arrimadas, por considerarla demasiado condescendiente con el Gobierno de Puigdemont. El liderazgo de Xavier García Albiol en el PP –con un discurso mucho más duro- ayuda a esa imagen, en la que juega un papel determinante la voluntad de C’s de convertirse en auténtica alternativa de gobierno en Cataluña.

Alternativa de gobierno también en Cataluña

Esa ambición, consecuencia del crecimiento del partido en detrimento tanto del PP como del PSC, explica que donde antes sólo destacaba un discurso de denuncia del nacionalismo o de las imposiciones en materia lingüística ahora sobresalgan gestos como la participación de Arrimadas en el frente por el Corredor Mediterraneo creado por los gobiernos de Barcelona y Valencia. “Somos el grupo que más propuestas ha presentado en el Parlament” destaca Arrimadas en este sentido para defender su gestión.

“Si queremos ser partido de gobierno tenemos que poder hablar de todo, y nosotros hablamos de modelo sanitario, de educación, economía, políticas de empleo…” Todo ello, aclara, sin olvidar la contundencia en la defensa del constitucionalismo, aunque las formas, reconoce, probablemente son menos broncas que en tiempos anteriores. “Nuestro papel es ser claros, pero también una alternativa completa”.

Los resultados se verán probablemente a lo largo del próximo curso político, si el desafío del referéndum se traduce finalmente en unas nuevas elecciones autonómicas. La última encuesta del CEO (CIS catalán) colocaba a CSQP por delante de C’s, pero el partido de Rivera asegura que con el cálculo asociado del recuerdo electoral siguen siendo la segunda fuerza en Cataluña y crecen respecto al sondeo anterior. Pero, aquí también, la batalla con Podemos será determinante.