EEUU evitó una nueva Gran Depresión en 2008, aunque los estragos de la crisis han dejado una clase media blanca maltrecha y dolorida. Ahora esa América vota inmersa en una Gran Decepción. Ni el candidato republicano, Donald Trump, ni la demócrata, Hillary Clinton, despiertan la ilusión de los votantes. Ocho de cada diez estadounidenses, de las dos tendencias, creen que son deshonestos y la mayoría acude a depositar su voto para evitar que triunfe lo que considera el mal menor, según una encuesta de principios de noviembre de CBS y The New York Times. Hillary Clinton, que sería la primera mujer presidenta de EEUU, no sólo ha de romper el techo de cristal, sino que ha de socavar el subsuelo de la abstención, donde muchos votantes se refugian disgustados por una campaña electoral que sólo ha contribuido a aumentar sus temores sobre los dos candidatos.

La mayoría de los estadounidenses creen que será imposible que el país vuelva a estar unido después de esta encrespada campaña, de acuerdo con este sondeo. El lema de Hillary Clinton, Stronger together (juntos, más fuertes) suena a utopía. Una de las incógnitas de la noche electoral será saber si Donald Trump aceptará la derrota, en caso de que pierda frente a Clinton. En el tercer debate sorprendió hasta a su candidato a vicepresidente Mike Pence cuando insinúo que cuestionaría los resultados, en caso de que le pareciera que su rival ganaba de forma «amañada». Más tarde bromeó en un mitin asegurando que aceptaría el resultado, «si gano».

Estas denuncias de supuestos «amaños» ha sido uno de sus gritos de guerra durante la campaña hasta el punto de que el presidente Obama salió al paso instándole a que dejara de «quejarse» antes de saber el resultado. Sería insólito, histórico y generaría una incertidumbre excepcional que Trump se negase a reconocer a Hillary Clinton como presidenta. Ni siquiera el aspirante demócrata Al Gore, que obtuvo medio millón de votos a nivel nacional más que George W. Bush, en 2000, y perdió la elección tras un rocambolesco recuento en Florida, llegó tan lejos.

Y lo peor es que muchos seguidores de Trump coinciden con el magnate. Uno de cada cuatro votantes de Trump admite que no aceptarán que gane la ex senadora demócrata y el 40% asegura que no tiene ninguna confianza en que el recuento sea limpio. En el último sondeo que ayer publicó Wall Street Journal y NBC, un 54% de los votantes señalan que no apoyarán a Trump como presidente si resulta vencedor. En el caso de Hillary Clinton, un 46% tampoco se sentirían cómodos con su presidencia. Es el nivel más alto de desaprobación de los candidatos registrado desde aquella enconada batalla entre Al Gore y George W. Bush.

El índice Standard and Poor’s registró caídas similares a las que se vivieron con la crisis financiera de 2008″

Esa amenaza del populismo emergente, que también crece con fuerza en Europa, hace que se tambalee uno de los sacrosantos pilares del sistema democrático en EEUU: la pureza de las votaciones. Es la razón por la que Wall Street lleva nueve días al rojo vivo. No se recuerdan jornadas electorales tan inquietantes en los mercados desde 1980. El índice global bursátil ha caído un 3% en una semana. Unos 36.000 millones de dólares se refugiaron en el mercado de bonos. Y el índice Standard and Poor’s registró caídas sucesivas similares a las que se vivieron con la crisis financiera de 2008. Los lobos de Wall Street rugen ante la posibilidad de que arribe en la Casa Blanca un insurgente como Donald Trump.

Cuando faltan apenas dos días para que acaben las elecciones, porque en muchos estados ya se ha votado y el 8 de noviembre es la jornada final, es una incógnita saber quién será el próximo inquilino de la Casa Blanca. Las últimas encuestas publicadas el domingo 6 dan una ventaja de cuatro puntos, en el caso del WSJ/NBC, y de cinco puntos en Washington Post/ABC. En el sondeo de WSJ/NBC, el 44% se inclina por la candidata demócrata, un 40% por su rival republicano, un 6% apoya al libertario Gary Johnson y el 2% votará por la aspirante ecologista Jill Stein.  Es significativo que Hillary Clinton aventaja a Trump por 12 puntos entre aquellos que ya han depositado su voto. Un 51% de estos «votantes tempranos» apoyan a la candidata demócrata frente al 39% de su contrincante.

A mediados de octubre Hillary Clinton llevaba la delantera por 11 puntos. Al millonario neoyorquino entonces le pasaba factura la divulgación de una charla en la que hacía comentarios obscenos sobre las mujeres. Sin embargo, el anuncio del FBI del 28 de octubre de que había nuevos correos electrónicos relacionados con Hillary Clinton, que la agencia consideraba pertinente investigar, hundió a la ex jefa de la diplomacia en los sondeos, hasta el punto de que la semana pasada hubo varios en los que el magnate sacaba uno o dos puntos. Sin embargo, anoche dio un nuevo giro el culebrón de los correos porque el director del FBI, James Comey, informó a los congresistas de que los últimos e-mails analizados no cambiaban las conclusiones sobre Hillary Clinton que ya emitió la agencia en julio. Es decir, que Hillary fue descuidada en el uso de este material sensible, pero no incurrió en conducta delictiva. Queda así exonerada y el peso mexicano empezó a dar señales de alivio, que el lunes seguro que tendrán eco en los mercados y en los ultimísimos sondeos. Trump arremetió contra el FBI porque «no se pueden revisar 650.000 correos en ocho días». Y añadió: «Hillary Clinton es culpable, ella lo sabe, el FBI lo sabe».

El director del FBI reconoce ahora que los últimos correos investigados no añaden datos comprometedores sobre Clinton

Antes de conocerse este nuevo anuncio del FBI, en la media de las encuestas de RealClearPolitics Clinton superaba el domingo a Trump por apenas 1,8 puntos, lo que entra dentro del margen de error. Hay que tener en cuenta que es posible que quien logre más votos no sea el presidente, que ha de conseguir la cifra mágica de 270 votos electorales, repartidos según datos demográficos entre los 51 estados de la Unión. El estado que cuenta con más votos electorales es California, con 55, y es demócrata (azul). El más pequeño es Wyoming con tres votos electorales.

Dado que la carrera se dilucidará en el sprint final, los candidatos saben que serán decisivos media docena de los llamados swing states (cuyo voto oscila en cada elección). En este caso las miradas están puestas en Florida (29), Pensilvania (20), Ohio (18) Carolina del Norte (15), Colorado (nueve) y New Hampshire (cuatro). La movilización de los propios simpatizantes será fundamental para determinar quién es el ganador en esos estados, que serán clave en la victoria final. Según RealClearPolitics, Clinton va ligeramente por delante en Florida, Pensilvania y Colorado, mientras que Trump está por delante en Ohio, Carolina del Norte y New Hampshire.

Sin embargo, estas elecciones son tan excepcionales, y en eso coinciden todos los analistas, que también podría suceder que estados considerados leales a una u otra opción voten finalmente por la alternativa. Trump, por ejemplo, anunció el fin de semana que intensificaría sus esfuerzos en Minesota, un estado que no vota por los republicanos desde 1972. El millonario neoyorquino reconoció que iban a apostar también «por bastiones demócratas donde las fuerzas están muy igualadas o donde la ventaja es escasa». Es el caso de Florida o Pensilvania, que se inclinaron por Barack Obama en las dos últimas elecciones presidenciales. Especialmente Florida será clave en la noche electoral. Si Trump logra esos codiciados 29 votos electorales, tendrá posibilidades de ganar. Si los consigue Hillary Clinton, y para ello serán vitales los millenials puertorriqueños y cubanos, rozará con los dedos la Casa Blanca.

«Son 51 elecciones, un sistema indirecto y mayoritario. Desde el punto de vista demoscópico resulta muy difícil medirlo. Pero pase lo que pase los próximos cuatro años van a ser una pesadilla», señala Pedro Rodríguez, quien ha trabajado un par de décadas como corresponsal en Washington. Coincide con Rodríguez el experto Mariano Aguirre, senior adviser en el NOREF, quien afirma que «si gana Clinton, tendrá una muy difícil presidencia, porque habrá de contentar a la élite económico-financiera, y a la vez al centro izquierda de su partido, que le pide medidas sociales. Y tendrá probablemente el Congreso en contra». A juicio del analista Robert Matthews, será vital para Clinton la batalla del Senado. «Si no, tendrá las manos más que atadas». Sería la primera mujer presidenta de EEUU y la primera demócrata en suceder a otro demócrata vivo desde 1857.

Quien sí parece seguro del resultado es el profesor Allan J. Lichtman, un historiador que ha acertado los resultados los últimos 30 años, autor de Predicting the Next President: The Keys to the White House 2016. Lichtman apuesta por la victoria de Donald Trump. También un mono chino del parque turístico de Shiyanhu profetiza que el millonario neoyorquino será el 45º presidente de EEUU. Siempre hay una primera vez para el acierto y para el error.