Donald Trump ha continuado alimentando este jueves las dudas generadas tras el último debate presidencial, en el que no se comprometió a admitir los resultados que emanen de las urnas el próximo 8 de noviembre. En un mítin celebrado en Ohio, el candidato republicano ha sido todavía más claro de lo que ya fue durante su cara a cara con Hillary Clinton. «Me gustaría prometer a todos mis votantes y seguidores, y a todo el pueblo de los Estados Unidos, que voy a aceptar absolutamente el resultado de esta histórica elección presidencial…», ha asegurado Trump, para apostillar después de una pausa «…si gano».

El reality show en el que ha convertido la campaña electoral el candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos continuará más allá de las votaciones del 8 de noviembre. En el tercer y último debate en la Universidad de Nebraska, en Las Vegas, Trump no se comprometió a aceptar el resultado electoral, si pierde frente a su rival demócrata, Hillary Clinton. «Lo veré llegado el momento», dijo Trump, cuando el presentador Chris Wallace, de la cadena Fox, le preguntó si reconocería a Hillary Clinton como ganadora el 8-N, en caso de que las urnas se decantaran por ella: «Los medios deshonestos envenenan las mentes de los votantes. Pero yo creo que los votantes ven más allá. Veremos qué ocurre. Lo dejo en suspenso”.

Wallace no daba crédito y la audiencia tampoco. Por primera vez en la Historia de la democracia de EEUU un candidato a la Presidencia rompe las reglas del juego y pone en duda la legalidad del resultado electoral. Como si fuera un concurso de televisión, en el que se puede acusar a los organizadores por haberlo amañado. El propio Wallace le recordó que el perdedor siempre reconocía al ganador y así es posible empezar al día siguiente con un país unido.

«Todo está amañado», es el grito de guerra de Trump tras las acusaciones de abuso

Ha sido la estrategia de los últimos días de Trump, al verse contra las cuerdas por las acusaciones de haber abusado de varias mujeres. «Todo está amañado», es su grito de guerra. Incluso el presidente Barack Obama intervino para decirle que eso de quejarse antes de la votación indica que no está a la altura de la Presidencia. Trump incluso añadió que Hillary Clinton «no tendría que ser candidata» porque, según sus acusaciones, cometió un delito al hacer desaparecer 33.000 correos electrónicos.

La candidata demócrata recordó que Trump recurre a teorías conspirativas y a las quejas sobre supuestos «amaños» siempre que se ve en dificultades, ya sea porque el FBI le da la razón a Clinton con los correos, o cuando ganó en las primarias, o bien si hay mujeres que denuncian sus abusos. Y hace partícipes a medios como The New York Times que se ha decantado claramente en favor de Hillary Clinton en su línea editorial. «Así es como funciona Donald, que incluso puede ser gracioso a veces, pero así no funciona la democracia», sentenció la ex jefa de la diplomacia de EEUU. Clinton recordó en un par de ocasiones que su rival republicano participaba en un reality de la televisión, Celebrity Apprentice, mientras ella supervisaba la captura de Osama bin Laden en 2011.

Sin darse la mano ni al principio ni al final del debate, arrancaron con dos cuestiones en las que Trump se defiende bien y tiene gran audiencia: la defensa de la Segunda Enmienda, con un Tribunal Supremo favorable, y su campaña provida. El derecho a tener armas ha sido una de sus apuestas y se ha ganado el apoyo de la Asociación Nacional del Rifle. Hillary Clinton aseguró que también era partidaria de la Segunda Enmienda, pero que había que evitar que tuvieran armas quienes pueden causar daños a sus convecinos. «Han muerto este año 33.000 personas por violencia armada. Hay que impulsar reformas sensatas», señaló. En el caso del aborto, Clinton se mostró partidaria de que sea la mujer quien tenga la última palabra, mientras Trump es radicalmente opuesto. Clinton llevó la cuestión al derecho individual frente a la acción del Estado, en un intento de contrarrestar el eco que tiene en gran parte del electorado el argumento provida del magnate.

Hasta ahí Trump recurría a sus razones y se ajustaba a las normas del debate y del juego democrático. Incluso podría haber ganado el debate si hubiera seguido por esa línea. Pero dejar en suspenso si aceptará o no la derrota le convierte en inaceptable como candidato a ojos de cada vez más republicanos. Supone un grave riesgo para la democracia que pueda llegar tan lejos y si hay algo sagrado para los americanos es el sistema que funciona desde hace 240 años.

Dejar en suspenso si aceptará o no la derrota le convierte en inaceptable como candidato a ojos de cada vez más republicanos

En política internacional volvieron a chocar como dos trenes de mercancías. La ex primera dama señaló que es «la primera vez que una potencia extranjera intenta intervenir en las elecciones de EEUU», en relación a las acusaciones contra Rusia sobre el hackeo de cuentas del Partido Demócrata. La ex secretaria de Estado argumentó que hasta 17 agencias de inteligencia habían demostrado que efectivamente Rusia estaba detrás de estas artimañas. «Putin prefiere tener una marioneta en el Gobierno de EEUU. Ha fomentado el espionaje en EEUU. Eres el favorito de Putin», clamó Clinton. Trump negó una vez más conocer a Putin, y aseguró que era una invención que estuvieran detrás del hackeo, y pasó al ataque. «No te gusta Putin porque es más inteligente que tú. Por ejemplo, con Rusia», señaló Trump, que interrumpía constantemente a Clinton diciendo «falso, falso» a sus intervenciones, e incluso con insultos como «qué mujer más desagradable».

Hillary Clinton escenificó con una imagen muy potente lo que supone que Trump sea presidente. «Sobre armas nucleares diré que cuando se toma la decisión y el presidente da la orden en sólo cuatro minutos se pone en marcha el operativo», señaló Clinton, que quiso presentarse como la abanderada de «un EEUU que defiende la paz» frente a un Trump, empeñado en renegociar acuerdos con potencias extranjeras, «que han de pagar a EEUU porque son más listos y no nos pagan». Sobre Irak y Siria de nuevo Trump acusó a Clinton y a Obama de haber creado el caldo de cultivo para que creciera el autoproclamado Estado Islámico, y llegó a elogiar a Asad, «mucho más listo que Obama y que Hillary, a su juicio, aunque reconoció que era «malvado». Elogios a Putin, a Asad, y unos modos a la hora de poner en cuestión el resultado electoral que recuerdan la Venezuela de Chávez y Maduro. Es él, Donald Trump en su show sin fin.

Trump se refirió a los inmigrantes ilegales que cruzan la frontera como «badhombres» a los que «vamos a echar de aquí»

Por primera vez en los tres debates se abordó el tema de la inmigración más a fondo. Trump se refirió a los ilegales como «los que traen las drogas y se llevan el dinero», y remarcó la injusticia de legalizar ahora a los que entren cuando hay quienes llevan años esperando. Insistió en reforzar las fronteras con un muro con México, con quien renegociará a su vez el Nafta. Además, utilizó la expresión «badhombres» para referirse a los que cruzan ilegalmente la frontera. «Quiero construir un muro. Hay hombres malos y los vamos a echar de aquí».

Su rival puso como ejemplo a una joven americana de padres ilegales para asegurar que son muchos los indocumentados que trabajan y pagan impuestos en EEUU, y recordó que Trump ni ha hecho públicas sus declaraciones de la renta, y además hace gala de no pagar impuestos federales. Clinton remarcó que también quería una frontera segura, con controles, pero que era partidaria de acoger «a mujeres y niños de lugares como Siria».

En economía, los dos intentaron convencer al electorado de que su fórmula son lo mejor para que América siga siendo grande (Clinton) o recupere su grandeza (Trump). En ambos casos el moderador recordó que los expertos ven difícil poner en práctica esos planes.

El último debate, al que los candidatos han llegado con una diferencia promedio de unos siete puntos en favor de la candidata demócrata, ha sido el de más contenido político y también el que más claro quiénes son los dos aspirantes a la Casa Blanca y cuál es su idea de América. Trump cree que EEUU ha perdido poder en el exterior porque sus líderes son «menos inteligentes» que Putin o Asad, por ejemplo, llegan a acuerdos comerciales y de seguridad desfavorables, y que la afluencia masiva de ilegales, muchos de ellos delincuentes, pone en peligro la seguridad. «No podemos permitirnos otros cuatro años de Obama», concluyó su alocución final. Hillary, que recordó sus 30 años de servicio público, hizo un llamamiento a «todos los americanos, republicanos y demócratas, para que este país sea lo que tiene que ser». Era la última cita de Clinton y Trump antes del 8-N. Como dijo Wallace al despedirse: «Ahora ustedes tienen la palabra».