Un Rey ceremonioso, visiblemente adornado por las medallas del Congreso y el Senado, y acompañado por el grueso de la Familia Real, ha arrancado el primer discurso de apertura legislativa de su reinado con un expreso «respeto y reconocimiento a las Cortes Generales». Y lo ha hecho en presencia de una Cámara engalanada, pero claramente dividida en la recepción del Monarca. «La presencia del Rey es la expresión constitucional del vínculo entre los representantes de la soberanía nacional y la jefatura del Estado», ha afirmado Felipe VI, ante un hemiciclo del que se han ausentado ERC y Bildu; en el que Podemos, PNV y la antigua Convergencia le han negado el aplauso; y en cuyo extremo superior se ha colado una bandera republicana.

«Deseo también manifestar mi profunda satisfacción personal por dirigirme a esta institución que es y debe ser, en todo momento, la casa común y el lugar de encuentro de todos los españoles», ha insistido el monarca, quien además de dar la enhorabuena a los diputados, les ha retado a «dignificar la vida pública y prestigiar las instituciones», como máxima expresión del «el mandato» del pueblo español.

«Corresponde a sus Señorías dar cumplimiento al mandato que han recibido de los ciudadanos. Y es mucho lo que nuestros ciudadanos esperan hoy de las fuerzas políticas y de todas las instituciones», ha afirmado Felipe VI después de tomar nota expresa del «desencanto» y «malestar» de los españoles hacia la clase política en este último año de interinidad. Un reto que ha subrayado, además, al término de su discurso: «Ustedes, señoras y señores diputados, son la voz de nuestro pueblo. Y de su tarea diaria depende en gran medida el futuro de millones de españoles».

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La «regeneración» moral y política ha sido en este mismo contexto una reclamación explícita del jefe del Estado. Y no sólo como «cuestión de principios», sino también «de orden», para «recuperar la confianza de los ciudadanos». Una regeneración que ha incluido en el discurso del Rey la también literal llamada contra «la corrupción». Felipe VI ha emplazado a los diputados a «seguir combatiéndola con firmeza» pero sólo ha dedicado a la Justicia y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado su reconocimiento por esta labor.

Sin abandonar el tono optimista del discurso, acorde con el Gobierno, el monarca ha venido a saldar la recuperación económica, pero ha hecho un nuevo emplazamiento a sus Señorías, a «impulsar nuestra cohesión social». «Los ciudadanos más afectados por la crisis deben sentir la solidaridad de la Nación de la que forman parte. Y deben sentir la presencia y el apoyo de un Estado que ofrezca a sus ciudadanos credibilidad, confianza y esperanza», han sido las palabras con las que mejor ha conectado con la izquierda parlamentaria.

El monarca, que ha renovado el «compromiso» de la Corona con «los ciudadanos», la «democracia», y el «Estado de Derecho» -declarado la última vez que pisó el palacio de San Jerónimo, en su proclamación de junio de 2014-, ha solemnizado especialmente su también compromiso «con «España», «una gran nación de cuya unidad y permanencia el Rey, como jefe de Estado, es símbolo». Felipe VI ha insistido en el mensaje de arranque de su reinado para subrayar la «diversidad» de España, reconocida por la Constitución.

Pero, sin abandonar las llamadas al «diálogo»,  también ha reivindicado «el respeto y la observancia de la ley y de las decisiones de los Tribunales» como «garantía» de la democracia y evitar el aislacionismo internacional. «El diálogo dentro del respeto a la Ley es consustancial a la Democracia. España no puede negarse a sí misma tal como es; no puede renunciar a su propio ser»: Unas palabras que no han impedido a los diputados de Convergencia ponerse en pie al término del discurso, en una señal de respeto institucional de la que no ha hecho uso Podemos.

Ninguno de los dos grupos han secundado la larga ovación -mayor que la de bienvenida- con que el grueso de la Cámara ha rubricado el discurso. Una intervención en la que, en todo caso, el jefe del Estado ha sacado pecho por la resolución de la «crisis de gobernabilidad» y, en presencia de quienes, desde la nueva izquierda, están poniendo en solfa la Transición, ha subrayado la necesidad de perseverar en el «diálogo» y el «entendimiento», llamando a «no dejar nunca de enaltecer y valorar el extraordinario legado, único en nuestra Historia, de convivencia en paz y libertad.

Podemos no ha aplaudido ni éstas ni aquellas palabras en las que el monarca, ha hecho mención a las víctimas del terrorismo. Pablo Iglesias y los suyos han estado tan silentes en sus escaños como las dos hijas de los Reyes quienes, por primera vez, han participado en el besamanos a los parlamentarios y autoridades. Un gesto, como el de su propia presencia en el acto, que da fe de la importancia que el titular de la monarquía parlamentaria española confiere a este acto.