El estado de shock en que los populares viven desde el fallecimiento de la ex alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, “marca un punto de inflexión” un “antes y después” en el PP, según señalan distintas fuentes consultadas por El Independiente. La sensación generalizada es que “hemos dejado de defender a nuestra gente y las cosas van a cambiar a partir de ahora”. Porque al margen de si ha habido o dejado de haber “cacería” mediática contra su persona, no fueron muchos los que salieron en defensa de la ex regidora en sus momentos más duros.

Es verdad que los vicesecretarios populares se mostraron muy críticos tras conocerse que había sido imputada toda la corporación municipal valenciana, pero, salvo excepciones, como la de Celia Villalobos o la propia María Dolores de Cospedal, que fue a la postre la que tramitó su salida del partido por perjudicar políticamente a las siglas, las apelaciones a su presunción de inocencia y al significado político que tenía en el PP, se contaron con los dedos de una mano. Todo ello sin olvidar que el PP valenciano se sumó junto a Compromís, PSPV y Podemos en una moción en el Parlamento Autonómico en la que se le reclamó el acta de senadora por designación autonómica cuestionando su dignidad.

Hay quien señala a los «modernitos» del PP, pero Aznar y Aguirre apuntan  a Rajoy

Así, si bien hay quien ha buscado un chivo expiatorio en “los modernitos”, esto es, los nuevos vicesecretarios del PP, -que han intentado ocultarse en esta polémica-, es evidente que, a fin de cuentas, no fueron éstos los que la situaron en el Grupo Mixto del Senado, que nada de eso se hubiera podido hacer sin la aquiescencia de Mariano Rajoy. Ahí es donde apuntan realmente José María Aznar y Esperanza Aguirre en la entrevista que ha concedido a este medio. Por ello, la presencia de Rajoy y de Cospedal en el funeral de esta tarde en Valencia, -amén de la de otros representantes populares como Ana Pastor, Alicia Sánchez-Camacho, Celia Villalobos o Luisa Fernanda Rudi- “es un mensaje de que se han acabado los circos mediáticos y que los partidos deben defender a los suyos”, como apeló la propia Barberá en su defensa antes de abandonar el PP.

“La decisión de echarla del partido no la secundó mucha gente, era muy querida”, dicen ahora fuentes parlamentarias aunque no fue precisamente recibida con alborozo por sus antiguos camaradas el día de la apertura solemne de las Cámaras. Tras la arremetida contra la prensa, viene una especie de “mea culpa” que puede tener su reflejo en otros casos de supuesta corrupción.

El PP acusa a Ciudadanos de haber formado parte del «linchamiento»

Esta misma mañana, el ministro de Educación y portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, ha comentado en el programa Espejo Público que «la reflexión que tenemos que hacer todos en casos como estos es que debemos estar más cerca de las personas, acompañarlas más. Ese es el reproche que algunos nos podemos hacer, que teníamos que haberla llamado más, que hubiera sentido el calor de no sentirse sola».

El PP viene obligado por su pacto con Ciudadanos a apartar a sus dirigentes imputados. El punto 93 del acuerdo señala que ambos partidos “se comprometen a la separación inmediata de los cargos públicos que hayan sido imputados formalmente por delitos de corrupción, hasta la resolución definitiva del procedimiento judicial”. Asimismo, éstos no podrán engrosar las candidaturas electorales ni ser nombrados para desempeñar cargos públicos.

No se escapa Ciudadanos de las iras de los populares. Creen que ellos formaron parte del “linchamiento” al que, aseguran, se sometió a Barberá. En este sentido, piden a los dirigentes del partido naranja que “reflexionan sobre los linchamientos, salvo que todo valga con tal de llegar”.