El Tribunal Supremo ha condenado al Banco Santander a pagar las pérdidas que sufrieron siete clientes que adquirieron acciones de Meinl a través de Banif en el 2007 porque no facilitaron una información adecuada al no advertirles de «la bajada continua» de los valores lo que les produjo pérdidas al retrasar «las decisiones de desinversión».

Los hechos se remontan al 2006 y al primer trimestre del 2007 cuando Banif firmó con los perjudicados contratos «de gestión asesorada para la inversión en acciones Meinl». En este momento, se les informó de que estos valores tenían un alta rentabilidad y una volatilidad menor que la renta variable. Asimismo, se les comentó que Banif mantenía un contacto directo con la sociedad Meinl de origen austriaco por lo que se les comunicaría periódicamente todas las circunstancias de su inversión.

Caída de 20 euros a cuatro

Sin embargo, las acciones de la empresa austriaca bajaron su cotización en la bolsa de Viena de 20,01 euros a 15,75 en julio del 2007 hasta que en el 2009 su valor descendió hasta los cuatro euros. Sin embargo, desde Banif se indicó a los clientes que esta minusvaloración «sería pasajera, que la empresa era sólida y que la cotización se recuperaría». Incluso en el 2008 se les siguió aconsejando que siguieran comprando acciones. Sin embargo, ante la caída de su inversión, los clientes decidieron venderlas entre finales del 2010 y principios del 2011.

Este retraso provocó pérdidas en las inversiones iniciales de estos clientes. Por ejemplo, dos de ellos compraron acciones por un importe de 112.144 euros y la inversión del resto rondó los 30.000 euros. El Tribunal ha acordado que a los primeros se les devuelva 67.000 euros y al resto entre 18.000 y 22.000 euros. Y es que el alto tribunal sostiene que los perjudicados sufrieron un «perjuicio patrimonial que era previsible por la propia dinámica de los acontecimientos». Por estos motivos, condena al banco a indemnizar a estas personas «la diferencia del valor de las acciones por la bajada de su cotización» porque los clientes «no tuvieron la oportunidad de deshacerse a tiempo de las mismas y por lo menos, atenuar el descalabro económico».