Los europeístas contienen este fin de semana la respiración. Las citas electorales en Austria y en Italia servirán de termómetro del populismo en la Vieja Europa. Es sólo un anticipo de lo que acontecerá en 2017, cuando, bajo la amenaza de un emergente antieuropeísmo, acudan a las urnas franceses, holandeses, alemanes, checos, probablemente daneses, y se confirmará cómo el Reino Unido comienza a ejecutar su salida de la Unión Europea. Europa, tal y como la soñaron sus fundadores, justo cuando se cumplen el 25 marzo los 60 años de los Tratados de Roma, germen de la actual UE, está en peligro.

“Las instituciones viven un momento de gran fragilidad, y la mayoría, salvo el Banco Central Europeo, están desacreditadas. A la vez las capitales se alejan cada vez más del proyecto europeo… No son los mejores mimbres para abordar la reinvención de Europa que se pretendía en el aniversario”, explica Álvaro Imbernón, profesor de Unión Europea en la Universidad Nebrija e investigador en el ECFR.

Según Jorge del Palacio, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III/ICADE, “el punto de no retorno para la UE son las elecciones en Francia, pues ahí sí que hablamos de la posibilidad real de que uno de los países más importantes pase a estar liderado por una fuerza populista y euroescéptica”. Del Palacio destaca que “una victoria populista puede llamar a la otra, haciendo real el sueño de alcanzar el poder, tan lejano hace un par de años, y no sólo debemos temer por Francia, sino por Austria, Holanda, Alemania…”

Elaboración propia.

Elaboración propia. L.S/R.O

Para este politólogo que presenta en breve una obra conjunta bajo el título de Geografía del populismo, “si el rumbo de la economía mejora, el espacio de los populismos se achica. Pero me temo que tenemos muy cerca las elecciones y la acción de la economía no se dejará ver tan pronto”.

En Austria, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial un ultraderechista puede ser jefe del Estado, donde el domingo los ciudadanos deciden entre Norbert Hofer, extremista anti inmigración del Partido de la Libertad, y el ex líder del Partido Verde, Alexander Van der Bellen. El presidente tiene una labor representativa en mi país, pero como destaca Josef Manola, corresponsal de la televisión pública, “nos estamos jugando nuestra imagen ante el mundo”. Prueba de ello es la extraordinaria cobertura mediática de estas elecciones presidenciales, con más de 600 periodistas de todo el mundo acreditados.

Con la elección del presidente en Austria nos estamos jugando nuestra imagen ante el mundo”

A su vez, en Italia el primer ministro, Matteo Renzi, se juega su credibilidad, y puede que su continuidad en un referéndum sobre la reforma constitucional que ha terminado convirtiéndose en un plebiscito sobre su gestión. Los populistas del Movimiento 5 Estrellas, abanderados por Beppe Grillo, y los de la Liga Norte, que lidera Matteo Salvini, han pedido a los italianos que voten no en la consulta. Tras conocer la victoria del candidato republicano en EEUU, Salvini clamó: “Después de Trump, ha llegado la  hora de nuestros aliados europeos”. Italia y Austria libran un pulso con el emergente populismo europeo.

Los sondeos han anticipado una victoria del no en Italia, aunque todos los expertos subrayan la importancia del margen de ese rechazo. Si es escaso, casi podría contarse como una victoria de Renzi, ya que ha abanderado prácticamente solo la defensa de sus reformas. La consulta tiene una lectura plebiscitaria sobre la gestión del primer ministro, que no se ha sometido aún al examen de las urnas.

Sólo uno de cada 10 italianos conoce los detalles de la reforma, según un sondeo que citaba el Financial Times. Renzi, con un índice de aprobación de un 32%, 20 puntos por debajo del presidente Sergio Mattarella, confía en que el más del millón de votos de los italianos residentes en el exterior le ayuden en caso extremo.

Todas las alarmas que se han encendido con el caso italiano tienen su origen en una lectura del referéndum como si fuese el Brexit”

“Todas las alarmas que se han encendido en el mundo con el caso italiano tienen su origen en una lectura del referéndum italiano como si fuese el Brexit. Sin embargo, aunque ganase el no, ha de tenerse en cuenta que, si quisiera, Renzi seguiría en su puesto y/o que podría sustituirle hasta agotar la legislatura, en 2018, otro miembro de su partido si se lo pide el presidente de la República”, afirma Del Palacio.

Según este politólogo, experto en Italia, sería un desastre, si ganase el Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo. “Para eso deben mediar unas elecciones y a día de hoy parece claro que el Gobierno y el presidente de la República van a hacer lo posible por evitar esa opción”, añade Del Palacio. “El gran peligro de una derrota clara de Renzi es que derive en que se reactive la crisis del euro debido a la situación de la banca italiana, que no se vería favorecida por un entorno de inestabilidad política”, señala Imbernón.

Estas citas electorales de fin de año son un preludio de lo que ocurrirá en 2017 en la Vieja Europa. Habrá elecciones presidenciales en primavera y la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, pasará a la segunda vuelta, según los sondeos. Le Pen se enfrentará al recién elegido como cabeza de Los Republicanos, François Fillon, cuya agenda europea es una marcha atrás y una vuelta al soberanismo de los Estados, o a quien gane las primarias socialistas, probablemente el primer ministro, Manuel Valls, de origen español. Es decir, a no ser que Valls logre revertir lo que preconizan las encuestas, el próximo presidente francés o será antieuropeísta declarado, o muy receloso del avance europeo por la senda de una política común.

Holanda, el Partido de la Libertad, que lidera Geert Wilders, roza el empate con el Partido Popular de la Libertad y la Democracia, del primer ministro Mark Rutte, y el antieuropeísta Wilders, defensor de la mano dura contra la inmigración, puede ser el próximo kingmaker (hacedor de reyes) en los Países Bajos. Dinamarca puede anticipar sus elecciones y el Partido del Pueblo Danés, liderado por Kristian Thulesen Dahl, cada vez cuenta con más seguidores.

En otoño será la canciller Merkel quien se someta al escrutinio de la población alemana. Si bien carece de competidores que le hagan sombra dentro y fuera de su partido, Alternativa por Alemania, el partido que nació como una crítica feroz al euro, ha cosechado importantes éxitos en las elecciones en cinco Länder en 2016 y es más que probable que entre con fuerza en el Bundestag. A su vez, el Reino Unido tendrá que definir cómo aplica el artículo 50 y dispone su salida de la UE, tal y como votó sorpresivamente su población el pasado 23 de junio. El Ukip, que nació con ese propósito, lograba su cometido, pese a contar con un solo diputado en Westminster.

Un cambio de equilibrio político

“Una derrota de Renzi puede acelerar el cambio en el equilibrio político del Consejo Europeo. Renzi y Hollande encarnan hoy el peso socialista. ¿Cómo puede influir la marcha simultánea de los dos a mediados de 2017? Más preocupante todavía sería que en 2017 Italia enviara al Consejo Europeo un primer ministro de corte populista y antieuropeo, como Grillo”, explica el investigador Didac Gutiérrez-Peris, director de Estudios Europeos en el instituto de opinión Viavoice de París.

Según este experto europeísta, Grillo, junto con el primer ministro húngaro, Viktor Orban, y la polaca, Beata Szydlo, confirmarían cómo “el populismo se infiltra en el Consejo Europeo y aprovecha el enfoque intergubernamental que ha tomado la Unión desde la crisis para cubrirse a título individual los unos a los otros”.

El riesgo es que los populistas están marcando la agenda, contra las esencias del europeísmo, y muchas veces sin necesidad de hacerse con el poder. “No hace falta que ganen para que un país se aleje de Europa”, señala Imbernón, ya que estos partidos claramente antieuropeístas acaban influyendo decisivamente siendo los segundos o los terceros más votados. “Si no hay otra reacción que simplemente lamentarlo y no plantarle cara, como hasta ahora, el auge del populismo proseguirá… Hay que explicar a los ciudadanos que no hay soluciones sencillas y rápidas, como las que pregonan los populistas, y que no hay nada gratis”, señala Juergen Donges, catedrático en el Instituto de Política Económica de Colonia.

Hay que explicar a los ciudadanos que no hay soluciones sencillas y rápidas y que no hay nada gratis”

Para afrontar este nuevo desafío el politólogo Javier Redondo, coautor de Geografía del populismo, destaca dos estrategias: la defensiva, que encarnan la canciller Angela Merkel o el jefe del gobierno español, Mariano Rajoy, que consiste “en salir de la crisis lo antes posible con los menores daños al Estado del bienestar”, y la ofensiva, que “juega en el terreno del populismo para neutralizarlo”, como haría Fillon, o el propio Renzi.

Sería la hora de quienes todavía creen en el proyecto europeo, como es el caso de España.”Los dos únicos países netamente europeístas son Italia y España. Es el momento de no ser pasivos y ponerse a la cabeza. España ha de superar su introspección”, afirma Imbernón.

Según Donges, habría que recordar a todos que “gracias al proyecto de integración europea disfrutamos del periodo de paz más largo de la Historia, por eso no debemos permitir una decadencia de la UE y la vuelta a un continente con fronteras. Ahora bien, tampoco los dirigentes europeos deberían empeñarse en el lema de ‘más Europa’, en avanzar más deprisa de lo que la gente es capaz de asumir y prometer una unión política de los Estados, que a la hora de la verdad nadie considera realizable”.

De alguna manera tendríamos que volver sobre las palabras de uno de los fundadores de la Unión Europea, Jean Monnet: “Nosotros no coligamos Estados, nosotros unimos a las personas”.