Nada más italiano que el espíritu que refleja la novela Il Gattopardo de Giuseppe Tomasi de Lampedusa: «Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi (Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie)». Es lo que ha vuelto a pasar con la dimisión de Matteo Renzi, tras la victoria abrumadora del «No» en el referéndum constitucional el domingo 4 de diciembre. El presidente Sergio Mattarella ha encargado la formación de un nuevo gobierno a Paolo Gentiloni, un Renzi bis que estaba al frente de la diplomacia italiana desde que Federica Mogherini fue designada Alta Representante de la UE para Política Exterior.

A los tres días de hacerse efectiva su renuncia, tras aprobarse los presupuestos, Renzi ha resucitado y se reencarna en un gentilhombre, Paolo Gentiloni (Roma, 1954). «Gentiloni agrada a Mattarella y agrada a Renzi. Asegura a Renzi que se queda al frente del Gobierno una persona leal que no va a hacerle una jugada y le da tiempo para preparar su vuelta», señala Jorge del Palacio, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Carlos III/ICADE, especialista en política italiana.

La misión de Gentiloni será sacar adelante la ley electoral, una ley proporcional, y para ello ha de contar con el apoyo de Silvio Berlusconi. «Con el entorno de Berlusconi Gentiloni se desenvuelve bien y será clave para conseguir su apoyo para reformar la ley. Un sistema proporcional favorece a Berlusconi y por eso terminará apoyándolo», agrega Del Palacio.

Berlusconi fue precisamente el último primer ministro que ganó en las urnas en 2008. En 2011 fue el presidente Giorgio Napolitano quien designó primero a Mario Monti, y tras las elecciones de 2013 y el bloqueo político posterior a Enrico Letta, y tras su caída, fue ya Mattarella quien designó a Matteo Renzi, entonces alcalde de Florencia, del mayoritario Partido Democrático.

Tras el rechazo de la propuesta de reforma constitucional planteada en referéndum, Renzi se atribuyó la responsabilidad de la derrota y anunció su dimisión el domingo 4. A Mattarella le urgía encontrar un recambio porque acecha la crisis bancaria, la negociación con Bruselas del presupuesto de 2017 y además Italia asume la presidencia del G-7 en enero.

El jefe de la diplomacia italiana, Paolo Gentiloni, que también fue ministro de Comunicación en el  segundo gobierno de Romano Prodi, ha sido el elegido tras mantener 26 reuniones durante tres días maratonianos. Gentiloni, periodista y politólogo, pertenece a una familia aristocrática. Tiene el título de Nobile de Filottrano, Nobile de Cingoli y Nobile de Macerata. Fue portavoz de Francesco Rutelli en el ayuntamiento de Roma y dio sus primeros pasos en política en el movimiento ecologista. A cargo de Exteriores se ha distinguido por su estrecha relación con EEUU, incluso ha desarrollado una cercana amistad con el secretario de Estado, John Kerry, y las duras críticas a la Rusia de Putin.

Asegura a Renzi que se queda al frente del Gobierno una persona leal y le da tiempo para preparar su vuelta»

La renuncia tardó unos días en hacerse efectiva porque estaba pendiente que se aprobaran los presupuestos. El presidente Mattarella habría pedido a Renzi continuar hasta dar luz verde una nueva ley electoral, a lo que Renzi se negó porque habría dilapidado su futuro político, y luego hasta sacar adelante las cuentas del Estado. El recambio está bajo control de Renzi pues Gentiloni es un renzista mil por cien,  que tendrá que hacer frente a tareas urgentes de calado como el rescate del Monte dei Paschi di Siena, el banco más antiguo de Italia.

«Es casi exactamente lo que Renzi quería. Un hombre que no es fuerte en el Partido Democrático, no tiene carisma, ni tampoco popularidad y que garantiza la continuidad. Es la misma coalición, un gobierno débil y un futuro incierto», explica el politólogo italiano Gianfranco Pasquino, profesor emérito en la Universidad de Bolonia.

Para Álvaro Imbernón, profesor de Unión Europea en la Universidad Nebrija e investigador en el ECFR, el riesgo es que le consideren «una marioneta de Renzi» si bien «no asusta a nadie». Aunque será un primer ministro de tránsito, «tiene que tomar decisiones duras en un momento en el que puede haber zozobra en el sistema financiero», según Imbernón.

Efectivamente, la oposición, encabezada por Matteo Salvini, líder de la Liga Norte, puso el grito en el cielo con la designación de Gentiloni. En un tuit, Salvini clamaba por la celebración de elecciones anticipadas de inmediato con el hashtag #votosubito y recordaba que Gentiloni había defendido las sanciones contra Rusia, y había clamado que Trump no ganaría jamás frente a Hillary Clinton.

Mientras tanto, el primer ministro saliente, Matteo Renzi lanzaba desde su cuenta de Facebook un mensaje que sonaba demasiado a despedida. «Vuelvo a casa de verdad.. Han sido mil días de gobierno fantásticos… Pero cuando el pueblo habla, punto. Se escucha y se actúa. Los italianos han decidido. ¡Viva Italia!… He sufrido al bajar las escaleras ayer por la noche, no me avergüenzo: no soy un robot. Pero se que no se llega si no se sabe partir…».

Según Antonello Guerra, periodista de La Repubblica, nada es lo que parece. «Por supuesto que no se va. Renzi quiere dejar claro que ha cumplido su promesa de irse tras el referéndum. Pero está preparando su vuelta», afirma Guerra en su cuenta de Twitter.

Renzi perdió el referéndum, pero es quien puede capitalizar casi en exclusiva ese 40% del voto del . El no ganó, pero tiene muchos padres, desde el Movimiento 5 Estrellas a la Liga Norte, incluso los críticos a Renzi de su propio partido. De cara a unas nuevas elecciones, «Renzi cuenta con ese 40%, o aunque fuera algo menos sería mucho más que cualquiera de las otras opciones», señala Del Palacio. Primero ha de lograr que confirmen su liderazgo en el Partido Democrático y luego presentarse en las elecciones que se convocarán una vez reformada la ley electoral.

De modo que todo puede haber dado un giro para que todo siga igual. Renzi podría declamar uno de los pasajes más conocidos de Il Gattopardo: «Nosotros fuimos los leopardos, los leones: los que nos sustituirán serán los chacales, las hienas; y todos leopardos, chacales y ovejas, continuaremos creyéndonos la sal de la tierra».