Pablo Iglesias lo ha vuelto a hacer: si no gana su proyecto en Vistalegre II, dejará de liderar Podemos. Al igual que en el congreso fundacional de 2014, el líder del partido morado vuelve a convertir Vistalegre en un plebiscito, confirmando así los temores de los afines a Iñigo Errejón, que defienden una consulta que separe debates de caras. La novedad en este caso ha sido la postura del número dos del partido, que ha dejado caer que sólo continuará en Podemos «mientras siga siendo un instrumento útil», es decir, mientras no se consiga lo que definió como una «refundación de izquierdas» o la reedición de IU.

Iglesias ha revelado sus planes en una entrevista este martes en La Cafetera de Radiocable, donde ha sido preguntado por la propuesta de votación que defiende para Vistalegre II. «Es muy importante que voten los proyectos asociados a las personas que los defienden para que no nos voten por nuestra cara bonita», ha argumentado, como en otras ocasiones, el secretario general de Podemos. Sin embargo esta vez ha ido más lejos en su afirmación y ha asegurado no querer continuar en su cargo «a toda costa»: «Yo sólo [seguiré] si los compañeros están de acuerdo con mi equipo y con el proyecto que presenta mi equipo. Si no, yo creo que cualquiera de nosotros somos prescindibles», ha explicado.

Estas dos posturas anticipan lo que puede ser una ruptura de filas tras la Asamblea Ciudadana del 10, 11 y 12 de febrero

Estas dos posturas -la del líder de Podemos y la de su número dos- anticipan lo que puede ser una ruptura de filas tras la Asamblea Ciudadana del 10, 11 y 12 de febrero, en la que se plantea de alguna forma la elección entre dos corrientes, pablistas y errejonistas, y entre los propios líderes de la formación. Errejón ya ha expresado en múltiples ocasiones su lealtad a Iglesias como secretario general, pero también ha mostrado su malestar con la deriva a la izquierda que ha tomado el partido, planteando que en Vistalegre II se decidirá entre volver al Podemos «original» o ir hacia una «refundación de izquierdas».

En una entrevista concedida este lunes a El País, el secretario político hacía un llamamiento a la reflexión en Podemos sobre la atracción de voto de otros partidos. Así, lamentaba su incapacidad para atraer el voto del PSOE cuando está «en el momento más álgido de la crisis». «Que no hayamos sido capaces de atraer una muy buena parte de un caudal de voto que ha votado tradicionalmente por los derechos sociales y que ahora considera que el partido al que había votado no lo está haciendo; (…) que apenas un 5% de ese caudal de voto nos esté mirando a nosotros debe ser un motivo de autocrítica», reseñaba Errejón.

El número dos del partido es partidario de abrirse al votante de todo el tablero político en su defensa por la transversalidad; una tesis que se ha visto mermada tras la coalición de Izquierda Unida y las amenazas de que esa alianza se establezca definitivamente, pese a la oposición de la corriente crítica del partido. La conversión de Podemos en un partido tradicional de izquierdas como ha sido el PCE o IU le convertiría a Podemos en una reedición de fuerzas ya existentes, o una «refundación de izquierdas», como él mismo lo definió. Sería llegado este punto cuando Errejón dejaría sus filas, según adelantó: «Militaremos en el partido mientras siga siendo un instrumento útil».

El giro dado por Iglesias obliga a los errejonistas a elegir entre su proyecto o Iglesias

Así, los inscritos de Podemos tendrán que elegir. Iglesias ha lanzado un desafío y abandonará la dirección en caso de no ganar su documento político y su equipo. Un giro en el curso de los acontecimientos que obliga a apostar por la tesis tranversal de Errejón, acuñada en su documento político, o por renovar el liderazgo de Iglesias, que apuesta por una mayor integración de IU. Los errejonistas proponían hasta ahora un debate político separado, aunque en ningún caso cuestionaban la figura del secretario general. Ahora, con este nuevo lance, se ven obligados a dividirse entre su proyecto o la continuidad del líder. Una batalla en la que, dada la afinidad política entre Anticapitalistas y pablistas, tienen más que perder que ganar.