El colectivo de presos y ex presos de ETA culminará el próximo domingo la mayor campaña de movilización llevada a cabo en su historia fuera de las cárceles. Lo hará sin haber logrado situar sus reivindicaciones en el centro del debate político vasco, donde han pasado más bien desapercibidas, y tras avivar las profundas fracturas que acumula este colectivo. Los presos de ETA han sido incapaces de lograr la unanimidad no sólo en sus peticiones para acelerar la excarcelación de los cerca de 350 etarras aún presos sino tampoco en su apuesta por las vías políticas y pacíficas, que pese a ser mayoritaria no es total. La movilización llevada a cabo estos días en Usurbil (Guipúzcoa) bajo la campaña ‘Kalera, Kalera’ (A la calle, a la calle) por los etarras ‘moderados’ y dispuestos a acogerse a la legalidad penitenciaria –agrupados bajo el colectivo de presos EPPK- ha visto cómo de forma paralela asomaba otra movilización por parte de otros compañeros de armas, menos numerosa y estructurada, que en sentido contrario considera una “traición” los pasos dados por el denominado EPPK. Desde los sectores más duros de la banda y de su entorno se escuchan posiciones muy críticas con lo que hoy representa Arnaldo Otegi en Sortu y EH Bildu y abogan por una defensa férrea de las esencias de lo que simbolizó “la lucha” con tintes “revolucionarios” de ETA.

Los episodios vividos la semana pasada, con ataques a sedes de los principales partidos políticos vascos, entre ellos el PNV, el PSE y el PP, así como las amenazas que el preso de la banda protagonizó contra el juez Jaime Andreu -asegurando que “si le pillo le voy a matar”-, o las misivas de otros miembros o colectivos afines a ETA y de familiares de militantes de la organización han permitido aflorar otro tipo de exigencias paralelas a las mayoritarias en ETA. Se trata del sector más ortodoxo que considera una “deslealtad” por parte del mundo de la izquierda abertzale y el grueso de los presos y ex presos de ETA los pasos dados para acelerar la salida de prisión de los cientos de etarras encarcelados.

Para el 14 de enero próximo la izquierda abertzale ha convocado su marcha anual en favor de los presos de ETA y con la que espera acallar las voces más discrepantes dentro de su propio mundo y recuperar el pulso social perdido en los últimos meses. La movilización del denominado ‘Colectivo de Presos Políticos Vascos’, el EPPK, mayoritario en la banda, que desde el pasado 10 de diciembre y hasta este domingo mantiene un encierro en favor del final de la dispersión y de un cambio de la política penitenciaria, se ha topado con una corriente crítica dentro de sus propias filas. Casi al mismo tiempo, otro grupo de militantes de ETA y su entorno también ha optado por alzar estos días su voz pero para mostrar sus discrepancias y expresar su añoranza de tiempos pasados.

Los ‘duros’, fractura controlada con varios frentes

Una fractura de las posiciones más duras por ahora de dimensiones muy limitadas pero que se hace visible en diferentes ámbitos que van desde los propios presos de ETA aún en prisión, hasta ex etarras en libertad, familiares de los reclusos o movimientos autoproclamados revolucionarios y en sintonía a los que representó ETA y que se muestran dispuestos a “volver a enseñar los dientes”.

En algunos casos las posiciones críticas con la línea oficial de ETA y la izquierda abertzale se limita a reclamar una amnistía general para los presos de la organización y reprobar la apuesta por la institucionalización y la “normalización” defendida por Sortu. En otros, los menos, se ha llegado a dar un paso más y se reivindica una vuelta a las armas como la mejor manera de continuar con “la lucha”. Desde hace meses estas dos posiciones avanzan de modo paralelo entre los dos sectores de presos de ETA. Los ‘duros’, poco representativos, y los mayoritarios -que aglutinan a la práctica totalidad de los 350 etarras encarcelados en prisiones españolas y francesas-, partidarios de avanzar hacia una salida de los reclusos mediante beneficios penitenciarios con el límite de la “delación” y el arrepentimiento.

Hasta el 8 de enero en Usurbil (Guipuzcoa) cerca de 300 ex presos de ETA, encabezados por personajes como José Antonio López Ruiz, alias ‘Kubati’, -condenado a penas que suman 1.210 años de cárcel, condenado por 13 asesinatos consumados y 16 frustrados- han aplaudido que se den pasos individualizados para acogerse y beneficiarse de la legislación penitenciaria para acelerar su salida de prisión. Aceptan que los beneficios se traduzcan sólo en acercamientos parciales al País Vasco o reducciones limitadas de pena. Unos beneficios que el Ministerio del Interior ya ha asegurado que será casi imposible otorgarlos si ETA mantiene los límites de la delación y el arrepentimiento como líneas rojas.  El ministro Juan Ignacio Zoido ya ha asegurado que no se dan las circunstancias para decretar el final de la dispersión y que no se darán hasta que no se disuelva ETA, entregue las armas, manifieste su arrepentimiento, pida perdón y resarza el daño causado.

En diferentes ámbitos de ETA la posición ha ido en sentido contrario. En algunos casos se ha escenificado en forma de cartas y en otros de pintadas a las sedes de los partidos políticos en apoyo a la excarcelación de los presos de ETA enfermos. El último episodio se vivió el pasado viernes en la sede del PP de Barakaldo, atacada con una pintada con la palabra “Asesinos” en rojo en la puerta de la sede y documentos con referencias a los presos de ETA gravemente enfermos. El mismo mensaje se había reclamado sólo dos días antes en dos Casas del Pueblo del PSE en Bilbao y en una sede social o ‘Batzoki’ del PNV en la capital vizcaína.

Familiares de presos acusan a sus «compañeros de lucha» de haberles convertido en «rehenes»

Junto a ello, varios familiares de presos de ETA se desmarcaron del colectivo que los agrupa, Etxerat, para denunciar lo que consideran que son las “mentiras y humillaciones” de Sortu y Etxerat. En una carta publicada en las redes sociales tildan de “ignominia” la posición de la izquierda abertzale en relación al papel de los presos de ETA y a la que acusan de haberles utilizado “como rehenes”. Desprecio que consideran aún más doloroso tras haber sufrido lo que definen como “la marginación, el vacío y la difamación de los que hasta hace poco eran compañeros de lucha”.

La corriente crítica de los familiares de los etarras con la línea oficial de los presos de ETA cuenta con el respaldo del Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión (ATA). Nació a comienzos de 2014, poco después de que en diciembre de 2013 el EPPK anunciará que rompía con la resistencia histórica de ETA a solicitar beneficios penitenciarios y abrir la puerta a reclamarlos de modo oficial. El movimiento ATA, que no defiende la vuelta a las armas pero sí la aplicación de una amnistía generalizada para los presos de ETA, está detrás del último ataque a una sede del PP. A través de la redes sociales afirma que realizar una pintada con la palabra “asesinos” en la puerta de la sede del PP no les puede obligar a pedir perdón “por teñir de verdad la puerta de unos asesinos”. El movimiento ATA, englobado dentro del sector más duro, considera que se trata de un mero “acto reivindicativo” contra quienes “condenan a los presos políticos vascos a elegir entre la vida y la dignidad”.

Llamada a “volver a enseñar los dientes”

No es el único frente crítico con la línea mayoritaria del colectivo de militantes de ETA. Además de ATA, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado han identificado otro movimiento, aún sin denominación conocida, que propugna a través de las redes recabar apoyos en contra de la línea iniciada. Llaman a “romper la normalización política” y continuar luchando para “sacudirse la ocupación” de los estados español y francés. Este foco, detectado desde hace más de un año, entiende que hay que prepararse para  “volver a enseñar los dientes”. Tiene elaborado un manifiesto ideológico en el que no sólo se defiende una vuelta a métodos del pasado sino que se instruye a quienes aspiren a secundarlo en el modo de llevar a cabo este tipo de lucha sin ser identificado.

El sector más crítico defiende los ataques a las sedes de PNV, PSE y PP, «son actos reivindicativos»

A todos ellos se suma el ramillete de miembros de ETA presos que en los últimos meses han mostrado públicamente su rechazo al camino emprendido por el grueso de presos de la banda para “vaciar las cárceles” y que aún consideran vigente la lucha armada. El caso más reciente es el del miembro de ETA, Iñaki Bilbao, condenado por el asesinato del concejal del PSE, Juan Priede y quien en una carta intervenida por Instituciones Penitenciarias defiende la utilización de las armas. Otro militante de ETA, Jon Kepa Preciado, ‘Oier’, arremetió en marzo de 2016 contra Sortu por “diluir” la lucha de ETA y pasar “de la revolución al pragmatismo”. Defensor de la disciplina “pero no de la sumisión”, Preciado reclama que no se censuren ahora “otras formas de lucha” como en su opinión hace el EPPK. Otro ‘duro’ de ETA, Daniel Pastor Alonso, ‘Txirula’, se ha mostrado crítico con los movimientos para “cuestionar, criticar y vilipendiar un movimiento popular”, en referencia a la lucha de ETA.

Una corriente crítica con la posición de la mayoría de sus compañeros en ETA que se vincula con el movimiento IBIL, Iraultzaleen Bilguneak (Juntas revolucionarias) y al frente del cual se situó a Fermín Sánchez Agurruza, un maestro navarro partidario de seguir defendiendo “los ideales y objetivos de siempre” y muy crítico con la izquierda abertzale que ahora representa Otegi por pretender “liquidar la estrategia revolucionaria político-militar”.

La ‘nueva HB’ apela a reconstruir el MLNV

A este entorno contrario a la línea oficial del EPPK y Sortu se ha sumado recientemente Herritar Batasuna (HB), un movimiento político que recupera las siglas de la antigua Herri Batasuna y que integra a un buen número de expresos de la banda. Constituido como partido, dice estar avergonzado con la política seguida por Sortu, tanto por sus planteamientos y como por su alineamiento con el sistema institucional y alejamiento del espíritu “revolucionario” que le caracterizó tiempo atrás. Ahora, aquellos nostálgicos de la banda, ex militantes y ex presos de ETA, han decidido dar un paso más en su aspiración por “reconstruir” el Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV). Constituidos en un nuevo partido, Herritar Batasuna (HB), integran grupos y organizaciones sociopolíticas y movimientos populares de izquierda y militantes independentistas. Harán frente a lo que consideran “un cambio de dirección reformista y desmovilizador” iniciado por la izquierda abertzale para recuperar “planteamientos del abertzalismo revolucionario”.