Luis Bárcenas ha empleado 16 horas, en tres jornadas, para defender la legalidad de su fortuna en Suiza y para salvar al PP de la vinculación con la trama de corrupción que dirigía Francisco Correa. También ha lamentado que se hayan hecho «muchas bromas» sobre su capacidad de gestor y que los 48 millones de euros en Suiza «le hayan estigmatizado». Sin embargo, no parece que haya cumplido su objetivo como le ha hecho ver el presidente del tribunal, Ángel Hurtado, quien le ha explicado que corresponde al tribunal determinar si han prescrito algunos delitos como uno fiscal, cometido en el 2009, que el ex dirigente popular considera que ya ha caducado.

En la sesión de este miércoles, el ex tesorero ha contestado a las preguntas de su defensor, Joaquín Ruiz, que ha intentado rellenar algunos agujeros que su cliente abrió en sus explicaciones a la fiscalía. Por ello, ha intentado demostrar que en su casa era el que tenía en el mando, al igual que en sus negocios, pero no en su trabajo.

‘No pintaba nada’

Sus cargos políticos en el PP, de gerente, tesorero y senador, le hacían «pintar poco». Y desde luego, no le servían para que le cogieran el teléfono ni ministros ni políticos. «Presionar a alguien es imposible porque no conocía a nadie», aseguró. Y manifestó que «si un gerente llama a un político se ríen de él porque los políticos son muy especiales».

Por tanto, su escaso poder tampoco le permitió pedir a las administraciones que concedieran adjudicaciones públicas a los empresarios que eran donantes del partido. Incluso ha explicado que en su etapa de senador no se interesó por las comisiones de Medio Ambiente o Fomento.

El ex dirigente del PP echó el resto en demostrar que si algo ha sido en la vida es un magnífico gestor de inversiones. Y explicó que sus cuentas en Suiza arrojaban un saldo de 8,4 millones de euros en el 2000, que aumentaron hasta los 10,2 en el 2007 y el resto, 30 millones de euros, responden a la gestión de su cartera y inversiones tan variopintas como el negocio del limón y la soja en Argentina, el aserradero en Costa Rica y el girasol en Ucrania.

Los nombres de los inversores de Ginebra

Por ello, «jamás» ha comprado «lingotes de oro», apostilló. También desveló la identidad de los inversores latinoamericanos con los que se reunía en cafeterías de Ginebra y que le reportaron a sus cuentas tres millones de euros. Y se ha quejado de que haya sido «estigmatizado como el hombre de los 48 millones de euros».

Además, el ex tesorero del PP ha dejado claro que cuenta con un especial ojo para adquirir cuadros, algunos de ellos acabaron en el Prado, y que está dotado de un especial olfato para comprar acciones como las de Endesa, que le reportaron unos ingresos de siete millones de euros porque él sabía que era «una sociedad opable».

Además, a lo largo de su declaración ha defendido la honorabilidad de su antiguo partido. A pesar de contar con una Caja B, «contabilidad extracontable» como la definió, esta estaba bajo control por el también ex tesorero del PP Álvaro Lapuerta, que la gestionaba con un «celo excesivo para que la aplicación de estos fondos fuera correctísima». Y aseguró que Lapuerta, «un hombre honrado» era «especialmente delicado» con esta Caja B y que ambos llevaban el control para que «los saldos coincidieran».

Una caja muy controlada

Por ello, ha señalado que no podía «manejar ningún fondo del PP y mucho menos de los extraoficiales». Y ha negado que nutriera sus cuentas suizas con sisas al partido conservador. También ha subrayado que sus negocios no estaban vinculados con el Gobierno de turno. Y ha negado que en su antiguo partido se le conociese, aunque fuera en tono cariñoso, como «Luis el Cabrón».

En la jornada del miércoles, Bárcenas se ha negado a contestar al Abogado del Estado y a las acusaciones populares tras el «intenso» interrogatorio al que le ha sometido la fiscalía durante 11 horas en dos jornadas. El ex tesorero del PP ha empezado a contestar a las defensas y la primera en tomar la palabra ha sido la letrada de su mujer, Rosalía Iglesias.

El ex dirigente popular ha explicado que conoció a su mujer hace 33 años y que a petición suya tenían separación de bienes. También que con ella no hablada de «negocios y de actividades profesionales» y que Iglesias nunca le visitó en su despacho en la sede nacional del PP.

Firmar con un churro

Asimismo, ha asegurado que su mujer era la que se encargaba «de lo que se dice llevar un casa». Y que él «hacía un churro con la firma de su mujer en las declaraciones de Hacienda». Asimismo, ha contradicho a la fiscal y ha explicado que sacó, en el 2002, casi 20.000 euros de sus cuentas en España para pagar los gastos corrientes como «la peluquería y la leche», aunque luego sus cuentas no se movieron.

El juicio continúa este jueves con el interrogatorio del ex diputado Jesús Merino y luego le seguirá el que fuera tesorero de Alianza Popular Ángel Sanchis, al que Bárcenas quiere como un hermano, ya que le presto tres millones de euros «a precio de mercado» para los negocios del limón.