La discusión en el Pleno del Congreso entre Pablo Iglesias e Iñigo Errejón fue el síntoma de ruptura en Podemos. Una discusión que fue rebajada de puertas para afuera pero que conmocionó a los integrantes de la formación, que reconocían la tristeza de este enfrentamiento directo en un día en que se cumplían dos años de la Marcha del Cambio, una concentración que reunió a 100.000 personas en Madrid para celebrar que 2015 sería el año del cambio.

Frente a la movilización de entonces, cuando ni siquiera tenían representación en el Parlamento, este segundo aniversario estuvo copado por la discusión acalorada que mantuvieron en su escaño las dos caras visibles del partido, en una escena que impactó a los diputados de Podemos que asistían a la sesión. «No sé si es el peor día, pero sí el que ha sido visiblemente más duro», destacaba un dirigente. Otro representante morado reconocía su tristeza por los últimos acontecimientos. «Creo que hay que acabar con esta dinámica, pero parece imposible. Estoy triste». «Estoy francamente asombrado, triste e incómodo en mi propio partido estos días», reconocía el diputado Eduardo Maura, considerado afín a Errejón, en su canal público de Telegram.

La sensación de tristeza, unida a la vergüenza, fue compartida por un sector amplio de Podemos

Este sensación, unida a la vergüenza, según reconocían en privado poco después, fue compartida por un sector amplio de la formación. Tanto Errejón como Iglesias hicieron declaraciones poco después rebajando el tono de la disputa. Errejón lanzó un mensaje pacificador, asegurando que se trató de una «discusión apasionada» pero asegurando que seguirán «juntos». En este sentido fue también Iglesias: «No somos holandeses, somos españoles y cuando hablamos, gesticulamos», determinó a última hora del martes el secretario general. «En el futuro procuraremos no mover las manos», ha destacado, poco antes de asegurar que se había producido una «conversación normal y natural».

La escenificación del martes en el Congreso fue un síntoma de la falta de entendimiento entre las dos principales corrientes -pablistas y errejonistas-, que reconocen la práctica imposibilidad del acuerdo para la Asamblea Ciudadana de Vistalegre II a pocas horas de que termine el plazo a medianoche de este miércoles. «No hay donde rascar», aseguraban miembros de la candidatura afín al secretario político, que se ha visto especialmente molesto por los últimos movimientos del sector pablista respecto a la Comisión de Garantías, el tribunal interno de Podemos. «Es muy grave, es un asunto transversal, que va más allá de una sola candidatura», reconocían, después de que Echenique se saltara el Equipo Técnico, encargado de llegar a consensos, y recurriera a la actual Comisión de Garantías para determinar las condiciones de su propia renovación en Vistalegre II.

Sin embargo, varios diputados reconocían que este miércoles habría un «último intento» a última hora del día para intentar acercar posturas, aunque reconocían la dificultad del acuerdo. Los dos principales proyectos tienen más la vista puesta en la campaña de primarias que en un posible acuerdo precongresual, y los esfuerzos se centran estas últimas horas más en los proyectos de parte que en la búsqueda de unidad.

Un acuerdo técnico y de mínimos

La polémica sobre la organización de Vistalegre II -con el revuelo sobre la gestión de renovación de la Comisión de Garantías y la relación con la empresa electoral Ágora Voting- fue el tema de discusión de Iglesias y Errejón en su escaño, según fuentes conocedoras de la conversación, y es uno de los puntos que llevó al partido a una «situación de máxima tensión», señalan estas mismas fuentes. Este asunto, que abrió en canal las relaciones en Podemos, quedó parcialmente mitigado horas después del encontronazo. A última hora del martes, Clara Serra, miembro del equipo técnico organizador de Vistalegre, anunciaba a través de Twitter un acuerdo de mínimos en el aspecto técnico.

En un comienzo, la Comisión de Garantías emitió el lunes una resolución en la que marcaba las condiciones de su propia renovación, remitiéndose a los estatutos aprobados en el primer Vistalegre, en octubre de 2014, unas condiciones que anticapitalistas y errejonistas consideraron insuficientes. El acuerdo de mínimos alcanzado este martes recoge que las candidaturas a este órgano sean «individuales e independientes», es decir, que no vayan ligadas a ningún equipo, una de las peticiones que pedían tanto la corriente de Miguel Urbán como la de Errejón.

Respecto a las incompatibilidades con cargos públicos, el acuerdo contempla que los miembros que aspiren a formar este órgano no tengan otro cargo interno, aunque no contempla que haya ningún tipo de incompatibilidad de cargo público, tal como reclamaban los errejonistas, para que el sueldo de los miembros del tribunal interno no dependa directamente del partido. No obstante, el acuerdo sí establece que si el documento organizativo que gana aumenta estas incompatibilidades, se tendrían que aplicar.