Ahora sí, la agenda exterior de los Reyes se desatasca, tras un año de parálisis, con un viaje de Estado de muy alto significado, tanto para el interés de la economía española como para la propia proyección de La Corona. Será el próximo mes de abril -del 4 al 7, según las últimas fechas manejadas en fuentes diplomáticas-, cuando el monarca más joven de Europa visite Japón y sea recibido por el representante de la dinastía real más antigua del mundo. Pasadas unas semanas del viaje exprés emprendido por Felipe VI a Arabia Saudí, del que empiezan a recogerse algunos frutos empresariales, las diplomacias española y nipona trabajan en la confección de un programa que se vio abruptamente interrumpido hace justamente un año a causa del bloqueo político. 

La reanudación de estos trabajos viene a enterrar, de hecho, el discreto malestar generado en círculos asiáticos por las dudas de España, primero, y la suspensión del viaje, después, a lo largo del primer trimestre de 2016. Las fuentes consultadas en aquel momento en dichos círculos se quejaban de que el Estado no debía estar en funciones aunque el Gobierno sí lo estuviera. Prueba de esta tesis es que el milenario trono del crisantemo se dispone ahora a cumplimentar a sus reales huéspedes sin que el país haya resuelto abiertamente su propia crisis. 

Y es que, si bien la agenda del emperador Akihito para 2017 está repleta  -incluido un viaje a Vietnam en marzo, una plantación de árboles en mayo y diversos actos en otoño-, todavía resuenan en la calle sus palabras televisadas de agosto pasado, sugiriendo la conveniencia de su propia abdicación. Con 83 años y un rosario de dolencias, el primer emperador que no nació ‘divino’ para la población nipona creyó en verano llegado el momento de forzar una renuncia, inédita desde hace dos siglos y no prevista por la Constitución de la posguerra. 

Pero de aquel deseo y de los planes del gobierno de Shinzo Abe por atenderlos poco se ha sabido después. En octubre, Akihito y su esposa Michiko estaban recibiendo en  Tokio a los nuevos Reyes de Bélgica, Felipe y Matilde; igual que hicieron, justo dos años antes, con los actuales Reyes de Holanda, Guillermo y Máxima. En ambas ocasiones, los anfitriones estuvieron acompañados, tanto del príncipe heredero Naruhito como de su esposa Masako, conocida como ‘la princesa triste’, por la larga depresión que le ha causado la falta de un hijo varón y que le ha mantenido regularmente apartada de los actos oficiales y de los numerosos viajes de su esposo por el exterior. 

Los lazos de los Reyes con la familia imperial

Los Reyes de España, que también se espera sean cumplimentados por Masako, conocen muy bien a la familia imperial y, en particular, al heredero. Nahurito asistió a la boda de los Príncipes de Asturias en 2004 y éstos le devolvieron la visita en 2005 -Don Felipe había asistido a la ceremonia de entronización del actual emperador en 1990 y regresó a Tokio en 1998-, para volver, de nuevo juntos, en 2008; el mismo año en que los entonces Reyes Juan Carlos y Sofía visitaron oficialmente Japón y el heredero del trono imperial viajó hasta la Exposición Universal de Sevilla. En 2013 los dos herederos volvieron a unir agendas en Madrid.

Aún sin abdicación de por medio, el acceso de Naruhito al trono del imperio del Sol Naciente puede estar próximo, pero su sucesión sigue siendo mucho más complicada que la del actual Rey de España. Y es que el nacimiento de su sobrino Hisahito parece haber dado al traste con la reforma de la ley sálica que impide reinar a su única hija, Aiko; una princesa adolescente de 15 años a la que, en todo caso, y al igual que a las demás mujeres de la Casa Imperial, se le otorga un espacio creciente y una previsible presencia en el viaje de los Reyes de España.

A la espera de conocer la dimensión empresarial de la visita al país tecnológico por excelencia, La Corona española podrá revestirse por unos días del boato, la pompa y el protocolo al que ella misma ha venido renunciando en los últimos años; y cuyo contraste resulta especialmente llamativo para Occidente por la función meramente simbólica que la ‘Constitución de La Paz’ -inspirada por Norteamérica tras la Segunda Guerra Mundial- otorga al vitalicio emperador. La acogida imperial japonesa representa en todo caso para los nuevos Reyes un espaldarazo tan importante como el de la Casa Real británica. Pero ésta -suspendida también el viaje de Estado del año pasado, y ocupada por la próxima visita a Londres de Trump- parece que se hará esperar.