Diez años de vida, cuarta fuerza política a nivel nacional y una nueva etapa por delante. Ciudadanos mira hacia el futuro, concretamente, al próximo ciclo electoral: 2019. Esta fecha está en todos sus mensajes más recientes y ha sido protagonista en la IV Asamblea General que ha celebrado este fin de semana el partido y que termina este domingo. Quieren tocar poder y con esa intención han establecido su nueva estrategia política pero, con la experiencia que han vivido los partidos de centro en España, ¿qué futuro le espera al de Albert Rivera?

Ciudadanos ha experimentado un crecimiento exponencial en sus diez años de trayectoria. Empezó siendo un partido de ámbito regional y ha conseguido expandirse a prácticamente todo el territorio nacional, con presencia en el parlamento y siendo determinantes en varias autonomías. Ahora se enfrentan a un futuro totalmente incierto en el que pueden seguir creciendo o caer en el olvido, según los expertos. Todo depende de cómo lleve a cabo su estrategia y de la evolución del resto de partidos.

Al pactar con Sánchez y luego con Rajoy, C’s ha dado una imagen de incertidumbre»

“Ciudadanos, después de haber sido uno de los nuevos partidos que ha surgido, ha pasado a un segundo plano”, señala el politólogo Álvaro Madrigal. En las elecciones de diciembre de 2015 obtuvo 40 escaños y 3,5 millones de votos, unas cifras que confirmaban la buena acogida de la formación. Pero su guiño al PSOE y el posible pacto con Pedro Sánchez no sentó nada bien a gran parte de su electorado y en los comicios de junio perdió casi medio millón de votos, reduciendo su representación a 32 diputados. Entonces, dejó a un lado las conversaciones con el PSOE para dirigirse al PP, con el que firmó un acuerdo de investidura de 150 puntos. “Al pactar con Pedro Sánchez y luego con Rajoy, a efectos del electorado ha perdido credibilidad”, apunta Madrigal, una opinión que secunda el consultor político Iván Redondo. Según éste, pactar con ambos partidos en las comunidades puede ser beneficioso -ha sido decisivo en Madrid, Andalucía, Murcia, La Rioja y Castilla y León- pero hacerlo a nivel nacional ha sido un error que ha pagado caro: “Se interpretó como una imagen de incertidumbre”, afirma Redondo.

Ya no hay vuelta atrás y la legislatura, con Rajoy al frente, sigue su curso con el apoyo de Ciudadanos en vigor. Pero para enmendar la pérdida de votos y tener mayor visibilidad, la formación de Rivera va a tener que definir su espacio y situarse “al lado de Rajoy o enfrente”, ya que, según Madrigal, “es bastante difícil en este país recuperar una figura de actor principal cuando se ha perdido”. Para conseguirlo, debe trabajar en dos cuestiones principales que señala Redondo: su ideología y la militancia.

Asignaturas pendientes

Si algo no ha sentado bien entre los afiliados y simpatizantes del grupo naranja ha sido el viraje ideológico. La eurodiputada Carolina Punset llegó a calificar a su propia formación como marca blanca del PP y los rivales de Rivera en primarias denunciaban el giro a la derecha que habían tomado. A pesar de ello, y a los intentos de Mejor Unidos con su enmienda a la totalidad para mantener el concepto socialdemocracia en su definición, las tres cuartas partes decidieron este sábado en la Asamblea ser “liberal, progresista, demócrata y constitucionalista”, un cambio acorde a su evolución y a sus políticas, según la cúpula del partido. Esta declaración de intenciones podría ser clave para recuperar al electorado perdido, en palabras de los expertos consultados.

El partido de Rivera debe aprovechar la crisis de la socialdemocracia y la del liberalismo»

Si no quiere desaparecer a largo plazo como los partidos de centro que ha tenido España -como UCD o UPyD, al borde de la extinción- Ciudadanos debe definir cuál es su espacio de actuación, ya que es difícil que perdure con dos partidos fuertes de centro derecha y centro izquierda como PP y PSOE, según Madrigal. Redondo, por su parte, cree que el partido de Rivera debe aprovechar la crisis de la socialdemocracia y del liberalismo: “Tiene que dominar el espacio que hay entre ellos”, señala. El consultor compara la joven formación con el CDS: “Ciudadanos es quien tiene mejores registros desde entonces, pero tienen los mismos males. El CDS no se definió en un espacio cuando podía”, avisa.

En cuanto a la militancia, la baja participación en las primarias -sólo un 34,3% de los afiliados votó- demuestra que «Ciudadanos no es un partido militante”, según Redondo. “Que solo hayan participado 7.000 personas es algo muy relevante. Son muy pocas para elegir al líder del cuarto partido”, apunta. En su opinión, los afiliados son “el alma del partido” y hay que atraerles porque actualmente no hay «compromiso con la marca y no sólo están para ir a los mítines sino que son el argumento de bar”. Es decir, son ellos los que pueden atraer a los potenciales votantes.

El fin del hiperliderazgo

La nueva etapa que inicia Ciudadanos comienza con un nueva nueva imagen de Rivera. Pese a seguir siendo presidente de la formación, éste delegará muchas de sus funciones, como anunció en la presentación de su nueva Ejecutiva. Rivera ha hecho una imagen muy fuerte de su liderazgo y este paso sólo le beneficia. En ello coinciden los expertos: “Hace bien en delegar e intentar que otras personas ocupen la primera plana. Otros partidos quizás han dado la imagen de un líder, pero también de otras personas para que no hubiese problemas de liderazgo”, explican.

En el caso de Ciudadanos, ha cobrado demasiado protagonismo. “En las autonómicas, incluso se veía la imagen de Rivera más grande que la del propio candidato, pero era su estrategia», argumenta el politólogo. Ambos coinciden en que este paso es muy oportuno y puede contribuir a lograr su objetivo de entrar en el Gobierno en 2019, y aunque no es tarea fácil: “Que gobierne Ciudadanos es complicado, pero no es imposible. En política, y más en nuestro país, en la situación en la que estamos puede pasar cualquier cosa», afirma Madrigal. El tiempo nos dará la respuesta.